Los Hermanos Láser se presentan como un grupo de rock pop con intenciones de sonar en las radios sin caer en facilismos, con un disco homónimo de altos niveles de calidad instrumental y emotiva, que editaron la semana pasada y que puede descargarse a partir de U$S 1 en su página web (hermanoslaser.com). Surgidos de las cenizas de Vieja Historia, profundizan su sonido con elementos folk y country que marcan una diferencia con muchos de los grupos clásicos del país.
El Observador conversó con dos de sus miembros –el guitarrista y cantante Martín Cáceres y el multiinstrumentalista Esteban Lussich– sobre el trabajo con Rodrigo Gómez, ex cantante de Sórdromo, que produjo el disco. También se habló del regreso al ruedo luego del fin de Vieja Historia y el porqué de editar el disco al precio que cada uno quiera pagar por él.
¿Cómo surgió la relación con Rodrigo Gómez?
Martín. En un principio, él se acercó para hacer un disco que iba a ser de Vieja Historia, como productor. Y cuando todo terminó Rodrigo tenía ganas de que esas canciones fueran registradas. Después nos reformulamos, él pasó a ser más parte del proyecto, cuando pasamos a formar los Hermanos Láser. Desde otro lugar, como uno más. Se dedicó a la parte de producción, pero obviamente al ser uno más tenía más decisión y participó también en la composición.
¿Cómo fue arrancar de nuevo de cero?
M. Nosotros lo vemos como que estás en una cosa que se te cayó y tenés dos opciones: ponerte a llorar o aprovechar esa situación y llevarla a un lugar positivo.
Esteban. Hay que transformar los problemas en oportunidades, identificarlos como una oportunidad para mejorar o probar algo nuevo. Entonces, por ese lado la crisis es más que nada a nivel institucional, no tanto a nivel musical, la música siempre está. Perdimos el nombre y capaz que cuesta posicionarse de vuelta como Hermanos Láser, sin embargo conocemos el ambiente. Por ese lado, no habría una dificultad. Luego está la conformación del proyecto, la banda, los instrumentos, los roles… Eso cuesta, pero está bueno. A Martín yo lo veo que antes cantaba mucho más de lo que tocaba y ahora se hizo mucho cargo de la viola.
M. Hubo un aprendizaje. Esteban y Gastón Solari tocaban en Dsus 4, a quienes desde Vieja Historia los veíamos como referentes. Entonces, cuando nos metimos en la sala, yo todo el tiempo consumía eso. Llegué inevitablemente a tener que ponerme a tiro con esta gente, que son tremendos músicos (risas). Nunca había estado en otra situación de banda que no fuera Vieja Historia.
E. Me acuerdo que entre que terminamos el disco y preparamos el primer show estaba Rodrigo en los ensayos, supervisando, y había etapas de discusión. Te dabas cuenta de que estabas subiendo el nivel. Estás con Rodrigo, un tipo que ganó premios como productor, y decís “no puedo tocar cualquier cosa”.
M. Hay una autoexigencia linda.
¿Notaron algo diferente desde su vuelta?
E. Yo sí. Yo había dejado los escenarios hace tiempo, con intermitencias, pero sin un proyecto fuerte. Y ahora lo veo muy distinto. Cambió la escena artística en sí, cambió el consumo –los lugares para tocar se han acotado muchísimo, y eso cambió la dinámica de las bandas. Por un lado eso está bueno porque se investigan lugares para tocar y eso hace que tu propuesta en vivo cambie. También pasa que no hay una movida de rock uruguayo como la había antes. Lo que hay son nuevas propuestas que agarran la posta.
M. Yo siento que están pasando cosas muy buenas, como el sonido. Las bandas se preocupan por el canto. La escena está divina, falta que el público se acerque un poco más. Está claro que no es lo mismo, que ya no se sustenta solo y que hay que buscarle la vuelta, pero eso hace que las bandas tengan que moverse. No hay nada que diga que esto no pueda reventar en cualquier momento.
¿Piensan editar el disco en físico?
M. Nuestro lanzamiento no está basado en la edición física por cuestiones filosóficas, pero también por cuestiones prácticas. El precio que la gente está pagando en un disco, solo 15% tiene que ver con la música, el resto tiene que ver con la edición física. El precio de la música es menor. Eso es lo primero que queríamos hacer. Es muy difícil porque obviamente no hay una plataforma desarrollada para eso acá; vamos un poco a contracorriente, pero creo que la respuesta es superpositiva. Pero como sabemos que existe –y nos parece buenísimo– gente interesada en tener una relación física con la música, quisimos generar algo que fuera un poco más que ponerlo en la computadora y que el disco no sirva.
E. Quisimos algo más lúdico.
M. Claro, y decidimos hacerlo en primera instancia con unas remeras. La remera trae un código, vos lo ponés y descargás el disco de la página. Las podés conseguir en los toques, y es lo que en este momento equivale a la edición física.
E. La gente ya no escucha discos objeto, y ya no escucha discos completos, se lo pasa a la computadora y se escucha lo que uno quiere. No buscamos luchar contra eso, sino, justamente, facilitarlo. Al que quiera acceder a nuestra música la tiene ahí, abre la página y escucha la canción, y si lo quiere descargar para tenerlo en un soporte determinado, va y decide lo que tiene que pagar.
M. Aparte queremos generar una cuestión que es estar más cerca del público. A veces nos dicen “uh, no me lo puedo bajar”, y lo resolvemos por mail. Nuestro primer disco con Vieja Historia lo pusimos gratis, pero ese disco nos salió US$ 400. Fue una decisión del momento. Ahora hubo una inversión, y lo que sentimos es que la música no tiene que ser gratis, porque ningún trabajo es gratis. Apelamos a la conciencia. Porque si te gustó y lo compraste, yo voy a poder hacer otro.
¿Y cómo ha sido la respuesta?
M. Muy buena. Gente que nunca había comprado y decidió embarcarse en esta cuestión. Le tenemos mucho miedo nosotros al tarjetazo. Queremos avisarle a la gente que no pasa nada, que pueden poner los números de la tarjeta tranquilamente (risas).
¿Cuál fue el máximo que pagaron?
M. Hubo una equivocación y devolvimos el dinero (risas). No se había entendido que era en dólares, nos habían puesto 200 y le dijimos “mirá, pusiste US$ 200 y te vamos a hacer una devolución”. Al final el tipo terminó poniendo un poco más de lo que iba a poner porque le gustó la gauchada. De eso se trata un poco.