6 de diciembre de 2013 20:58 hs

"Soy un bicho”, dice Fernando Nieto Palladino sobre sí mismo, aunque para alguien como él –que de chico prefería “adoptar” toda clase de animales y jugar con ellos antes que ir a patear una pelota con otros seres humanos– esa calificación esté lejos de resultar despectiva. Sin embargo, no hay dudas de que el actor, director y dramaturgo, cuyo último espectáculo Blu compite por cinco premios el lunes en la entrega de los Florencio, es un “bicho raro” en la escena uruguaya.

Su nombre comenzó a circular en 2008, cuando estrenó Quiroga con la luz prendida y obtuvo el citado galardón en la categoría Texto de autor nacional. Luego vino su puesta de Los siete locos, de Roberto Arlt, en 2012. Su tercera obra como director y actor, también escrita por él a partir de un trabajo de creación colectiva, fue nominada en las categorías de espectáculo, director, actor, elenco y vestuario (de Pablo Auliso).

Pero lo extraño no es que Blu haya obtenido tales reconocimientos, sino que el artífice de este trabajo renovador desde lo estético y lo dramático sea en realidad un biólogo de 33 años, que se acercó al teatro como forma de aplicación de la etología (ciencia que estudia el comportamiento animal) a los seres humanos.

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Creador de un tipo de aproximación escénica denominada etodrama, Nieto Palladino reconoce que no estudió teatro (salvo un curso de cuatro meses con Marianella Morena), que no va a ver obras, que prefiere no trabajar con actores (a excepción de Emanuel Sobré). A su vez, su técnica incluye un trabajo desde lo personal y recomendaciones sobre la dieta o la vida sexual de sus actores.

“La expresión artística es un comportamiento que está en todas las culturas, no depende de ellas, y eso la convierte en un comportamiento programado genéticamente”, dice Nieto Palladino –vestido de bermudas, con mate y cigarrillos como aliados– en el patio de su casa a una cuadra del Parque Rodó. Dueño de una delgadez y altura que en el escenario le dan un look a lo Christopher Lee de joven, su espectáculo recupera mucho de la estética neogótica de Tim Burton y del expresionismo alemán.

Blu habla sobre la relación de amor-odio entre cuatro hermanos huérfanos que viven en el campo, cada uno de los cuales sufre una discapacidad o incapacidad física o emocional. La obra tiene un trabajo de arte notable que incluye el vestuario, el maquillaje, la música y la escenografía (esta última de Nieto Palladino). En ella destaca un gran estante con frascos en formol azul, color que tiñe las lenguas de sus protagonistas, la iluminación y que da nombre a Blu, el personaje con discapacidad intelectual interpretado notablemente por Sobré. No obstante esta atmósfera fantástica, la obra deja paso a una historia construida desde lo cotidiano (se trabajó a partir de las vivencias de los actores) que se manifiesta en un trabajo interpretativo sólido y en un texto que transmite una mirada extrañada de lo real.

¿En qué se diferencia el etodrama de otras formas de hacer teatro?

Aporta una mirada diferente y da la posibilidad de recurrir a otro material al que habitualmente no se recurre. La idea es trabajar durante un tiempo prolongado con los actores para que puedan conectarse con un conocimiento interior diferente. Básicamente hay dos pilares. Uno es desarrollar una conciencia de la belleza, en búsqueda de una belleza particular, diferente y personal, como lo hace un fotógrafo que va con su cámara buscando recortecitos de la realidad. La otra pata es la de trabajar muy lejos de una zona de comodidad, trabajar sobre el riesgo. En el momento en que una persona se siente en estado de riesgo, se activa la división simpática del sistema nervioso y hace que reaccione.

Salvo Sobré ninguno de los intérpretes de Blu vienen de la actuación, pero están nominados a mejor elenco en los Florencio. ¿Qué evaluación hace de esto?

No sé mucho de eso porque no estudié teatro y tampoco pertenezco al mundo del teatro. No voy a ver teatro, no conozco a la gente de teatro, no sé cuál es el criterio de los críticos. Yo supongo que la nominación del elenco puede tener que ver con que estamos parejos, con que hay una coherencia en la actuación, y esto tiene que ver con que estuvimos siete meses y ensayamos muchísimo.

¿Por qué no va al teatro?

No sé, no tengo el hábito. A mí me interesa hacer teatro, no lo digo de soberbio.

En ocasiones le hace indicaciones sobre la dieta a sus actores. ¿Por qué?

Eso depende del personaje, de lo que uno quiera obtener y de la dieta que ya tienen ellos. La dieta que uno tiene determina la disposición de uno a determinados comportamientos. Es probable que si estoy comiendo muchas proteínas cárnicas tenga mayor disposición a comportamientos agresivos; si comés más vegetales, lo contrario. Pero hay mucha variación individual.

¿Y qué hay respecto al ayuno que pide previo a las funciones y la abstinencia sexual exigida un mes antes del estreno?

Cuando comés, tenés un tiempo de digestión, te da sueño, estás poco reactivo, la sangre va más a la zona digestiva, cuando tenés hambre estás más alerta. Con respecto al sexo, a través del comportamiento sexual se liberan muchas tensiones. Cuando privás esa conducta, esas tensiones empiezan a ganar fuerza y aparecen cosas que los actores no controlan. Pero ahora lo pido 24 horas antes de la función. Ojo que es algo que mucha gente que actúa lo tiene como disciplina.

¿Cuáles son sus actividades por fuera del teatro?

Soy muy hogareño, me gusta estar en el patio de mi casa, sentado, tomando mate. Hoy por la tarde tuve que ir al centro a comprar ropa y fue como “ay, fobia”, no estoy acostumbrado. Si tengo amigos, voy a sus casas, me gusta mucho el cine.

¿Desde dónde abordó el tema de la discapacidad en la obra?

La discapacidad intelectual fue algo que investigué. Fue revelador porque me di cuenta de que las discapacidades y las incapacidades no son tan absolutas y que uno es discapacitado según en dónde esté y con quién. Hay un caso en Uruguay, en una localidad que se llama Las Cañas, donde hay una gran incidencia de personas con discapacidad intelectual, lo cual suponen que se debe a que hay mucha endogamia. Sucede que quieren llevar a estas personas a clases de apoyo y los padres les dicen: “¿Para qué? Si la vida de ellos es acá en el campo”. Hay mucho discurso sobre la educación. Parece que yo soy un mejor educador si le enseño a un niño qué es el Louvre. Yo no estoy tan seguro de si es mejor quitarle identidad a alguien hablándole de París cuando no le estoy hablando de quién es él.

¿Desde dónde habría que trabajar?

Una de las hipótesis que manejan los psiquiatras es que en Uruguay hay tanto índice de depresión porque es una de las pocas naciones de Latinoamérica que vive con una nostalgia de una Europa a la que no pertenece. Es algo que yo trabajo mucho con los actores, colocar la mirada en lo que sí tienen. Por eso esta obra se basa en material personal; cuando empecé a trabajar, no había texto. Y trato de aplicar eso a toda mi vida.

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