Economía y Empresas > GUILLERMO TOLOSA

“La libertad no puede ser concebida sin inclusión social”

El nuevo director académico de Ceres considera que el foco más urgente debe estar en los excluidos para evitar la epidemia de los populismos que pululan por el mundo 

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03 de noviembre de 2018 a las 05:04

Hace un mes que asumió como director académico del Centro de Estudios de la Realidad Económicas y Social (Ceres), uno de los think thank más reconocidos de Uruguay y la región con la desafiante tarea de suplantar la huella que dejó su predecesor Ernesto Talvi, hoy volcado a la carrera política. Guillermo Tolosa, un economista con poco más de cuatro décadas y una dilatada trayectoria en el exterior, no dudó en pegar la vuelta a su país para emprender y potenciar la competitividad de sus colegas fuera de fronteras, y luego aceptar la propuesta de ser la cabeza visible de Ceres. Se lo nota convencido y entusiasmado con la idea de volcar su grano de arena al debate de las política públicas desde una óptica donde no se diga que todo está mal o que no hay cosas que corregir en forma urgente. Argumentó por qué Uruguay puede transformarse en un “caldo de cultivo” para un régimen populista en un plazo de 5 o 10 años y por qué es necesaria una reforma “profunda” en las empresas públicas. No espera un 2019 prometedor para la suerte de la economía local por un combo de nubarrones en la región y el mundo, pero es optimista de cara al 2020. A continuación un resumen de la entrevista con El Observador. 

¿Por qué la gente le decía que estaba “loco” por volver a Uruguay después de 14 años? Dos años después, ¿se arrepiente? ¿Qué encontró en Ceres?
Todas las personas con las que hablamos nos decían efectivamente que estábamos locos. Creo que eso refleja un poco la autoestima a nuestro país. En ese momento tenía trabajo en Londres, en Washington, y optar por Uruguay no era una opción natural para mucha gente, pero en nuestro caso no teníamos la menor duda de que queríamos que nuestros hijos crecieran acá. Y desde que tomamos la decisión, no hubo un día en que nos arrepintamos. En Uruguay se reportan mucho las encuestas donde se pregunta a todos los uruguayos que se quieren ir, pero no se hacen encuestas para ver cuántos uruguayos quieren volver. Esas encuestas ganarían por goleada; de los que quieren volver y esperan alguna oportunidad. En un principio mi proyecto de volver a Uruguay era para usar mi currículum y conexiones para vender inteligencia uruguaya al exterior. Siempre constaté que los economistas uruguayos eran muy competitivos internacionalmente como en otras profesiones. Sin embargo, hay una diferencia de sueldos enormes. Mi idea era la de trabajar con economistas locales para ser competitivos internacionalmente y ayudar a subir los sueldos y oportunidades. Por suerte pude hacer eso por dos años con trabajos que aparecieron en medios como Financial Times o Bloomberg; logré esa aspiración e ideal que tenía. Ese proyecto venía bien, hasta que Ceres se interesó en mí. Esto también me motivó de volver a Uruguay para comprender los desafíos de la economía uruguaya y Ceres me da la oportunidad de hacerlo. Involucra sacrificio, renuncias, pero es realista que pueda dedicarle la mayor parte de tiempo al estudio de la realidad local. Estoy muy contento y entusiasmado con el desafío.

¿ Por qué se decidió cambiar el logo de Ceres? (Es una gráfica que después de una brusca caída muestra un rebote)
La decisión es una especie de marcar una nueva etapa. El logo anterior tenía más de 20 años. Es un poco como que simboliza la nueva etapa de Ceres. Si querés, un mundo de más cambios, de más ciclos y con menos estabilidad que el pasado. El logo representa la esencia de Ceres de tener el mundo por encima pero siempre basado en lo local, de poner las dos cosas en contexto y de creer en los puntos de inflexión; de que las tendencias negativas no son permanentes y estamos a tiempo de revertirlas. El logo refleja un poco ese espíritu. 

¿Su exdirector académico (Ernesto Talvi) seguirá con algún tipo de vínculo con Ceres?
Ceres agradece el enorme aporte de su exdirector Ernesto Talvi en los últimos años, pero no tiene ninguna vinculación con el proyecto político que promueve. Ceres tiene un agradecimiento por su enorme contribución para posicionar en Uruguay y en el mundo con esas ideas, pero hoy seguimos visitando y recibiendo a políticos de todos los partidos con ecuanimidad porque es un punto importante para el futuro de la institución.

En su primera conferencia mencionó que libertad económica e inclusión social no son contradictorios y ambos se necesitan: ¿esto no implica un cambio  con la mirada histórica de Ceres que estaba más puesta en la libertad?
Ceres continúa con un foco muy marcado en lo que es la libertad bajo la creencia de que esto ha sido un elemento clave de los resultados fabulosos que la humanidad ha alcanzado. Sin embargo, lo que se ha aprendido a lo largo de la historia, es que cuando hay libertad sin inclusión social sin darle oportunidades a buena parte de la población, esa libertad no es sostenible. Las reformas que ayudaron a generar esas libertades terminan siendo revertidas. Entonces, para que la libertad –que has sido la clave en la prosperidad económica– perdure y sea sostenible, no puede ser concebida sin inclusión social. En lo que es el objetivo ya no hay discusión: analistas, foros internacionales, líderes académicos, los organismos de prensa más influyentes del mundo incluso los más ortodoxos como The Economist o Financial Times ya hablan en otros términos. Es decir, no nos podemos olvidar de que esto no viene solo y requiere pensamiento creativo de cómo podemos estar todos en el mismo barco. Ese ha sido el foco de Ceres y hace años que viene trabajando en esa dirección. En Uruguay la forma en que hemos sufrido la falta de inclusión social es un aumento espectacular de la inseguridad, de los homicidios. En la medida que no estamos incluyendo gente y por más que la reprimamos y no generen inseguridad, el problema aparece en otra forma, como en Estados Unidos, que aparece con un voto bronca a alguien que está enojado y parece que representa mi estado de ánimo y lo voto aunque me termine haciendo daño, como es  el caso de Donald Trump. 

¿Por qué hay una amenaza latente para Uruguay de que también le pueda llegar su populismo a mediano plazo?
Primero porque los riesgos del entorno han ido creciendo significamente en la media que hoy tenemos populistas como siempre de izquierda en América Latina, pero también en el mundo emergente han comenzado a surgir populistas de derecha que en muchos casos han hecho daño a su economía. Por ejemplo, Erdogan en Turquía llevando a cabo políticas de estímulo que terminan siendo insostenibles como forma de inflar artificialmente su popularidad y justificar sus atropellos a la democracia. Ahora Turquía está sumida en una crisis financiera de proporción importante, por las acciones de este líder populista que es de derecha. El espectro populista se ha ampliado considerablemente. Según la encuesta del Latinobarómetro, en Uruguay hace siete años que la confianza en el gobierno y la democracia viene en una caída precipitada que, de continuar las tendencias, no vamos a estar muy lejos de lo que ocurrió en EEUU antes de votar a Trump o lo de Bolsonaro en Brasil en 5 o 10 años. Esto es un fenómeno muy complejo. Otro ángulo que genera vulnerabilidades viendo a países más avanzados que Uruguay con una estructura sociodemográfica más parecida, es que el voto populista se apoya mucho en los no educados en la medida que están siendo golpeados y sufriendo por el cambio técnico y la robotización. Y en la medida en que en las redes sociales no tienen herramientas para digerir la avalancha de mensajes e información son más manipulables. Esa combinación de angustia con la vida y manipulabilidad los hace más propensos a votar regímenes que patean el tablero y le terminan haciendo daños a ellos mismos. En la medida que Uruguay acelere la incorporación de tecnología, los menos educados se van sumir en otros procesos de angustia y radicalización política. 

¿Y cuál es la vacuna para mitigar ese riesgo?
En Ceres creemos en el punto de inflexión de estas nuevas tendencias. Son evitables y no estamos condenados a evitar este proceso de caída de convicción democrática y desconfianza. Se puede revertir, pero requiere vigor y esfuerzo del gobierno y también de toda la sociedad civil en general. Pensar de forma mucho más creativa e innovadora de cómo vamos ayudar a esta gente tan vulnerable en los tiempos que corren. Ceres va a trabajar en ese sentido. Es una agenda desafiante. La sociedad civil me parece que debe jugar un rol relevante para destrabar la parálisis y empujar al gobierno, por ejemplo en materia de reforma educativa. En la medida que vamos hacia un país con minorías parlamentarias, la parálisis en estos grandes desafíos de educación, seguridad, de cultura de trabajo se están profundizando. Creo que todos nos debemos redoblar la apuesta por la democracia. ¿Qué quiere decir eso? Frenar los abusos de poder, pero también empujar en momento de parálisis y moldear entre todos un debate que sea más propenso a mejorar  la calidad de las políticas públicas. Que no haya complacencia con los logros que Uruguay alcanza en algunas aspectos, pero que no haya fatalismo por lo que sí va muy mal porque eso genera polarización. Planteábamos un poco la idea del Uruguay de las dos caras, donde no estar polarizado se hace muy difícil. Uruguay es el país con ingreso per cápita más alto del continente, pero va penúltimo, penúltimo, en el ranking de jóvenes de 20 a 25 años que terminaron el liceo. Nos pasaron todos los países de América Latina salvo Guatemala. Países como Venezuela que son estados fallidos, tienen el doble de jóvenes que están terminando el liceo respecto a Uruguay. Tenemos que moldear el debate de alguna forma en este desafiante contexto tenga un ancla en lo positivo, una pata en lo negativo y desde esa síntesis poder mirar hacia adelante. Es un poco la apuesta de Ceres, de trascender esa polarización y generar un debate de políticas concretas que la sirva a la sociedad para movernos.

En su charla dijo que una reforma educativa es clave pero no alcanza.  ¿Por qué? ¿Cómo hacer para atender a esa población  “perdida” que hoy está por fuera de las necesidades del mercado laboral?
La analogía que utilicé fue que cuando alguien tiene un caño roto por la pérdida de agua y entra al baño o la cocina y se da cuenta de esa realidad, hay dos aspectos del problema. El primero es que hay un stock de agua que ya está encharcada y el otro es que el agua sigue saliendo. Por tanto, está muy bien que Uruguay se dedique a tratar de tapar la gotera del caño que es tratar de reformar la educación para que no haya nuevos desertores tempranos que salen al mercado laboral sin tener las herramientas debidas. Pero si no nos encargamos, el agua encharcada va a comenzar acorroer la pintura y generar problemas de todo tipo. Por tanto, si bien hay que parar el flujo de gente que no terminó el liceo, tenemos que encarar aquellos que lo abandonaron. Nuestro análisis de lo que ha sido la experiencia internacional de voto populista en países más avanzados que Uruguay, lo que muestra es que los no educados son quienes más apoyan a este tipo de régimen totalitario que terminan haciendo más daño al país del que ya tienen. Son los que toman una serie de decisiones respecto a su propia vida, que caen en obesidad o adicciones como en EEUU. Porque es después de mucho tiempo de pasarla mal en el mercado de trabajo, de tener ingresos precarios e inestables, donde la vida se comienza a complicar y terminan tomando este tipo de decisiones, apoyando a regímenes que no le hacen bien a su economía. En Uruguay el proceso de generar este flujo con pocas herramientas en las nuevas eras tecnológicas y digitales que tenemos, puede estar generando el caldo de cultivo no solo para crecimientos económicos muy bajos, sino también para regímenes donde la pobrísima calidad de las políticas públicas pueden estar agravando los problemas. Hay mucho margen para aprender de otros países de la sociedad entre el sector privado con el gobierno para generar escuelas más técnicas para apoyar lo que las empresas necesitan. Y también considerar reconstruir la cultura del trabajo menos orientada a la conflictividad y más a la responsabilidad; no es solo un tema de herramientas técnicas. Esta son cuestiones blandas a las que hay que prestarle atención porque Uruguay las está perdiendo.

¿Qué visión tiene sobre el rol de las empresas públicas? En los últimos años se ha cuestionado la transferencia de utilidades de UTE al Estado y no trasladar un porcentaje mayor de la reducción de costos a tarifas. 
Es es un tema que he venido siguiendo y me llega muy de cerca en la medida que creo que hay margen para reformas bastante profundas, necesarias, urgentes, en cómo funcionan las empresas públicas en Uruguay. Estamos bastantes lejos de cómo funcionan los estándares internacionales en una serie de aspectos. El caso de Ancap sacó a relucir muchas de esas debilidades que son estructurales y van mucho más allá de personas o gestiones. Reflejan que hay debilidades en el marco de cómo operan las empresas públicas. Particularmente creo que debería existir un ecosistema alrededor de las empresas públicas mucho más sólido, de control, evaluación y de la regulación. 

¿Cómo ve hoy el rol de los organismo reguladores? Parecen haber perdido peso en los últimos años.
Comparto plenamente que hoy el regulador en Uruguay se ha diluido, lo cual es preocupante. Para empresas grandes y monopólicas la presencia de un regulador fuerte garantiza que los costos estén en línea con lo esperable, que las tarifas y precios estén en línea con los costos. En Uruguay hoy tenemos un desalinamiento  en los que son los costos internos asociados a las empresas públicas por la debilidad regulatoria. Tiene que existir un marco claro de cuál es la rentabilidad que se espera independientemente de la situación de la finanzas públicas. El Ministerio de Economía no debería tener una opinión tan preponderante en cuál es el grado de transferencias y fijarlas en base a la realidad fiscal. De esa forma, las tarifas públicas terminan operando como un impuestos encubierto que la ciudadanía no voto. Hasta desde un punto de vista democrático es injusto. En momento de necesidades (fiscales) se termina imponiendo un nuevo impuesto sobre el sistema productivo directamente que es donde  más duele en momentos donde se necesita que la economía se reactive. No estoy juzgando si las transferencias de UTE fueron muy grandes o muy chicas a lo que debería ser su rentabilidad. Sí estoy de acuerdo que en base al patrimonio que el Estado tiene en las empresas públicas, debería esperar una rentabilidad.

La visión sobre el mundo y la región

¿Cómo ve el futuro inmediato de Argentina y Brasil? Planteó un escenario de mayor vulnerabilidad para ambos países.

La coyuntura de los vecinos creemos que se va a agravar. La economía argentina se viene contrayendo en forma significativa, pero no tocamos fondo. A esto se le agrega que habrá que hacer más austeridad, habrá mayor movilización social que generará mayor incertidumbre en los mercados. Vamos a tener el año que viene una elección muy próxima que va a generar incertidumbre sobre la posibilidad de la vuelta del populismo. En ese escenario la economía argentina va a seguir contrayéndose. La estabilización financiera ayuda, vemos que el tipo de cambio se está estabilizando; ojalá que las tasas de interés puedan bajar, pero no va ser suficiente para generar los brotes verdes que vendrían muy bien a Uruguay. No somos optimistas, pero tampoco creemos en un escenario de derrumbe argentino como algo factible. En la medida que las necesidades de financiamiento para las elecciones están plenamente cubiertas, a una escala nunca vista en la historia del FMI con un paquete que cubre todas las necesidades fiscales y de repago de la deuda. Argentina no necesita ni un peso de los mercados hasta las elecciones. Entonces, en la medida que cumpla con el programa del FMI no va haber un escenario catastrófico como un default. Además, el sistema bancario está en una posición bastante mejor que la de 2001. No debemos imaginar un escenario nefasto, pero tampoco con una recuperación rápida por un tiempo. En el mediano plazo es una economía que tiene una carga desmedida para los estándares de los países emergentes, por lo que no ofrece un panorama muy alentador. Un Estado gigante que parece no estar achicándose muy rápido incluso con el gobierno de (Mauricio) Macri. Argentina y Brasil tienen los déficit más altos de las economías emergentes, con la única excepción de Egipto. Brasil tiene un déficit que aparece fuera de toda de proporción en este escenario global y es algo donde ya el gobierno electo ha dicho que va haber austeridad. Es posible esperar que durante el primer año esa austeridad contribuya a una recesión de la economía que nos golpee por encima del enlentecimiento de China y de una crisis más profunda en Argentina. Y luego para 2020 podríamos estar pensando en un escenario más prometedor en la medida que Argentina debería haber sorteado la mayor parte del ajuste que Brasil comience a aplicar políticas más amigables al mercado, y que se estabilicen los aranceles de EEUU sobre China.

¿Qué podemos esperar del nuevo gobierno brasileño? Hay algunas pistas y primeras definiciones, pero también dudas por la diversidad de figuras y pensamiento en su propio gabinete.

Hay una larga historia de América Latina de que las campañas políticas terminan siendo un predictor bastante pobre de las políticas que efectivamente se toman luego de tomar los gobierno. Eso hace complicado hacer un pronóstico de qué va hacer (Jair) Bolsonaro. En este caso se agrava por la constitución del entorno del presidente, en la medida que es alguien a lo largo de 30 años tuvo convicciones de cierto tipo de política nacionalista-estatista que cambiaron repentinamente por la influencia de un asesor (por su futuro superministro de Hacienda Paulo Guedes) que parece no llevarse muy bien con el resto del gabinete. Tiene 70 años; nunca participó en política. No sabemos si va a soportar las desavenencias con su equipo, el presidente y va adaptarse, o se puede ir y después qué pasa con su esquema ideológico cuando no hay una estructura partidaria por detrás de otros economistas que nos permitan visualizar que pueda existir cierta continuidad. Todo parece depender demasiado de una persona que puede estar o no en los próximos meses. Es todavía temprano desde el punto de vista económico para tener optimismo o pesimismo. Es algo que habrá ir monitoreando muy de cerca. Lo real y concreto es que Brasil tiene desequilibrios macroeconómicos grandes que va haber que solucionar. Y eso nos puede afectar en el corto plazo.

Hizo todo un análisis sobre el nuevo orden comercial, preguntándose si está cambiando por la guerra comercial entre China y EEUU. ¿Qué tan grave puede resultar esto para la economía global? ¿Cómo le puede pegar a Uruguay?

Lo vemos con preocupación. El orden mundial de creciente libertad de comercio que hemos vivido desde la Segunda Guerra Mundial con aranceles cada vez más bajos recibió el pasado 24 de setiembre una herida de bala cuando Trump termina poniendo aranceles en tres instancias por un total del 50% de todas las importaciones de China. También puso aranceles al hierro y aluminio a todo el resto del mundo, incluyendo sus propios socios comerciales, pero esto sigue siendo una parte menor. Pero por lo que es su retórica y acciones (por Trump) es dable esperar que las escalada continúe. Los reportes hoy de los organismos más prestigiosos todos muestran una expectativa de escenarios donde va a haber más aranceles. Eso para Uruguay es muy malo en varias dimensiones. Primero porque en la medida que China es el que sufre más por la caída de las exportaciones a EEUU. Una China que exporta menos es una China que se enletece su economía, por tanto, importa menos al resto del mundo incluido Uruguay. Es un primer canal muy perjudicial porque China es hoy bastante más importante que nuestra región. Eso ya es motivo de preocupación. A su vez, hay una segunda dimensión que tiene que ver con el potencial derrumbe del orden mundial del comercio tal cual lo concebimos. EEUU más allá de aranceles puntuales al hierro o aluminio a contra China, ha amenazado y deslizado rumores sobre el retiro de EEUU de la Organización Mundial del Comercio (OMC). ¿Qué quiere decir eso? Que el orden mundial que garantiza que no hay aranceles discriminatorios entre países pueda derrumbarse. Eso quiere decir que el 75% del comercio de Uruguay que hoy se acoge a ese orden multilateral puede quedar muy expuesto a aranceles discriminatorios. Si no existiera más la OMC, los países podrían comenzar a decidir aplicar aranceles más altos a Uruguay que a sus competidores por alguna negociación en una noche sin pasar por un engorroso Tratado de Libre Comercio. Simplemente en un cumbre se puede decidir aplicar aranceles más bajos a unos países y más altos a otros. Y Uruguay con su escaso peso geopolítico y dependencia grande del comercio luce vulnerable en ese tipo de riesgos más catastróficos. Esto era impensable hace dos o tres años atrás. Todavía no es lo más probable pero tenemos que empezar a poner las barbas en remojo ante este tipo de escenarios. Y empezar a pensar -quizás por la oportunidad que nos da Bolsonaro en Brasil- cómo abarcar más partes de nuestro comercio con acuerdos comerciales que nos protejan de exportaciones que no están regidas por ningún acuerdo y son potencialmente vulnerables y discriminatorios por parte de otros países.

Usted citó al pensador Yuval Noah Harari que sostiene que el mundo está cada vez mejor, sin embargo, eso es algo que no se percibe. En la charla preguntó cuántos creen que el mundo está mejor y solo 4 de 250 levantaron la mano. ¿Por qué esa reacción?

Eso es algo que pasa en todo el mundo no solo en Uruguay. Las encuestas revelan que el mundo va cada vez peor pero los indicadores objetivos pautan que va cada vez mejor en su nivel de ingreso, en educación, en una vida más larga, en paz, menos discriminación, reducción de la pobreza. El indicador que mires para la economía mundial va cada vez mejor. La visión negativa es desconcertante. Hoy solamente hay un 10% de pobres en el mundo, cuando hace hace 30 años atrás había un 35%, pero hoy lo vemos más. Estamos mucho más expuestos al sufrimiento que en el pasado. Todos los días hay 37 mil pobres menos, pero no se puede reportar en los medios todos los días. Las buenas noticias vienen gradualmente y las malas noticias suceden de golpe. Necesariamente concentramos nuestra atención en lo que sucede de inmediato que es lo negativo, y se presta muy poca atención a lo positivo que está pasando en el mundo.

CV

Profesión 
Economista
Nacionalidad
Uruguaya
Edad 43
Estado civil
Casado, 3 hijos
Fanático de
Filosofía y hacer deportes
Carrera
Trabajó para el FMI y fue consultor global de Oxford Economics. Es profesor de grado y posgrado en la Universidad de Montevideo. Es doctor en Economía por la Universidad de California.

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