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"No está bueno ir al pasado a encontrar sólo lo que deseamos encontrar": Eduardo Sacheri, escritor argentino

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13 de noviembre de 2023 a las 09:01

"Nosotros dos en la tormenta", la última novela del argentino Eduardo Sacheri, se sumerge en los meses previos al golpe de Estado con que Rafael Videla derrocó a María Estela Martínez de Perón, una época convulsa en que la violencia parecía ser una herramienta de cambio onmipresente.

Primer plano de Eduardo Sacheri
Federico Paul

Es 1975 y a través de dos amigos de la infancia, el escritor refleja el fanatismo de los jóvenes que detrás de formaciones como el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) o guerrillas como la de los Montoneros mataron y secuestraron a los que no comulgaban con sus ideas.

Con su premiada pluma, Sacheri, que también es licenciado en Historia, revisita ese pasado no solo para intentar entenderlo, sino como una forma de proyectar las consecuencias que tiene el silencio que existe a su alrededor.

Autor de libros como "La pregunta de sus ojos" (reeditado y hecho película con el título "El secreto de sus ojos"), y "La noche de la Usina" (premio Alfaguara 2016), Eduardo Sacheri participa en el HAY Festival de Arequipa, que se celebra del 9 al 12 de noviembre en esa ciudad peruana.

Línea gris
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¿Qué te llevó a escribir sobre un momento tan convulso y político?

En general a mí me gusta que mis novelas aterricen en diferentes momentos de la historia reciente de mi país, sobre todo momentos no tan frecuentados por la literatura o por el cine.

A veces esos momentos son muy políticos, como este de 1975, que es un año extremadamente político y extremadamente violento y, por lo tanto, extremadamente interesante en cuanto a las tensiones que hay ahí atrás.

No es que busqué hacer una novela política, sino que buceando en ese período, se hizo necesariamente política.

¿Cómo describirías la Argentina previa al golpe en la que se desarrolla tu novela?

Una Argentina con un gobierno frágil, que encima tiene enormes enfrentamientos internos, porque gobierna el peronismo, pero el peronismo está partido entre una facción de izquierda revolucionaria y una facción de derecha conservadora.

Hay una enorme crisis económica y fortísimos conflictos sociales, y todos los actores políticos están convencidos de que la violencia es una herramienta política legítima. Eso es muy llamativo.

Las organizaciones guerrilleras van por la vía de la violencia, y el gobierno de Isabel Perón también, porque crea la triple A: la Alianza Anticomunista Argentina, que se dedica a matar o asustar, o bueno digamos a amenazar, a esperar que se vayan del país o eventualmente asesinar a líderes de izquierda.

Los militares también tienen en la cabeza que la única opción es la violencia.

Te diría que toda la sociedad está como naturalizando la violencia como herramienta.

Esa creo que es la característica más fuerte.

Portada del libro de Sacheri "Nosotros dos en la tormenta"
Cortesía

Los dos amigos de tu novela ven la violencia como una herramienta para cambiar el mundo, ¿cómo crees que viven el presente los jóvenes hoy?

Creo que en general hay una visión diferente, mucho menos amigable hacia la violencia como herramienta.

Las reivindicaciones pasan por otros lugares, tienen que ver con visibilizar cuestiones que no tienen que ver con la injusticia social, por ponerle un rótulo muy de aquellos años 70.

Pienso en las reivindicaciones de género o en las de diversidad. Las del colectivo feminista.

No veo los a los jóvenes no movilizados.

Creo que sí están movilizados, pero sus movilizaciones no tienen que ver con ganar la calle, que era bien de los años 70, esa teatralización del espacio público.

A lo mejor tiene mucho más que ver con las redes, pero ahí es donde veo un cambio.

No es que hayan dejado de existir estas reivindicaciones, sino que están como movidas hacia esos otros lugares.

"Es más incómodo hablar, pero es más útil, porque el no hablar o la imposición de discursos únicos lo que termina generando es la aparición de narrativas desquiciadas"", Source: Eduardo Sacheri, Source description: Escritor argentino, Image: Eduardo Sacheri

Para escribir el libro conversaste con antiguos guerrilleros y familiares de sus víctimas, ¿cómo fueron esas conversaciones? ¿Y qué fue lo que más te impactó de esas charlas?

Mira, del lado de los guerrilleros o los exguerrilleros, me encontré con miradas autocríticas y también con miradas ancladas, como si no hubieran pasado 50 años.

Pero lo que encontré en todos fue como un asumir ese pasado violento.

Te aclaro esto porque aquí en Argentina cuando desde la izquierda actual se evocan esos 70 se los desmilitarizan.

Y a esos exguerrilleros no les agrada esa desmilitarización de su accionar. Les parece un fingimiento, como una limpieza de prontuario entre comillas, en la que no están interesados.

Y del lado de las víctimas, bueno, les incomoda lo mismo por otros motivos.

Como que no tienen un lugar.

Hay una minoría que reivindica la dictadura militar como un acto de reparación, pero la mayoría, aunque no se identifica con la dictadura, siente que no tiene un espacio de dolor legítimo, porque automáticamente si se quejan de lo que sufrieron, se los asocia con defensores de la misma.

Te diría que todos están en una zona incómoda. Tanto los guerrilleros por unos motivos, como sus víctimas por otros.

Este periodo de violencia previo a la última dictadura militar se coló en el reciente debate electoral, ¿por qué décadas después parece que sigue siendo un asunto bastante polémico la violencia política de los 70?

En parte, me parece normal que en una sociedad muy polémica se eche mano de la historia para blandirla como un arma argumental discursiva en el presente, y como en Argentina no estamos de acuerdo en nada, nunca, estas visitas polémicas al pasado son permanentes.

Supongo también que hay una incomodidad con la violencia revolucionaria. Cuando digo una incomodidad hay algo no hablado o no saldado ahí.

Esto de subsumirla inmediatamente en la violencia desquiciada de la dictadura es como un salto incómodo, como si necesariamente hubiera que desembocar en el consenso posterior, porque yo creo que sí hay un consenso, no absoluto, sobre las atrocidades de la dictadura.

Pero es como si no fuéramos capaces de deslindar un periodo del otro, de poder hablar de un periodo anterior que tiene su propia dinámica, porque las personas de 1975 no saben que viene una dictadura.

Nosotros sabemos qué pasará después, pero esas personas no lo sabían. Actúan desde otro paradigma, en otro universo en el que la dictadura no existe aún.

Por eso me parece que es un periodo que merece ser comprendido, independientemente de la posición de cada quien.

Con mi novela no me interesa imponerle a nadie una visión, ni crítica, ni empática con respecto a la violencia armada. Yo tengo mi postura, pero no importa mi postura para los demás.

"Argentina logró algo en 40 años de democracia que parecía imposible, que es instalar un sistema constitucional"", Source: Eduardo Sacheri, Source description: Escritor argentino famoso por libros como "La pregunta de sus ojos", Image: Primer plano de Eduardo Sacheri

Conocer la verdad y mantener viva la memoria parece haberse convertido así en un arma política, ¿qué efecto tiene esto en la sociedad y en el futuro del país?

Yo creo que la historia es un conocimiento extraordinariamente útil para comprender la realidad del presente. Estudiamos el pasado para entender el presente, no para entender el pasado.

Ahora, uso ese verbo entender, que es un acto de racionalidad, no un acto emocional.

Me da la sensación de que no está bueno ir al pasado a encontrar sólo lo que deseamos encontrar. Y no es lo mismo la historia que la memoria. Me parece que ambas cosas nos construyen. Ambas operaciones nos construyen, pero no son sinónimos.

La memoria tiene un anclaje emocional, sentimental, subjetivo, absolutamente respetable, digno y legítimo. Pero la historia es otra cosa.

Me da la sensación de que las sociedades occidentales están teniendo dificultades para hacer una aproximación lo más racional, lo más objetiva posible.

Pero parece que tenemos que seguir haciendo ese esfuerzo, porque si no los discursos que amoldan el pasado a sus opciones políticas presentes son cada vez más.

En muchas sociedades, como es el caso de Argentina, cuesta hablar del pasado y recordarlo, ¿qué crees que es más incómodo, el silencio o transitar lo ocurrido dialogando sobre ello?

Yo creo que es más incómodo hablar, pero es más útil.

Porque el no hablar o la imposición de discursos únicos lo que termina generando es la aparición de narrativas desquiciadas, porque la necesidad del disenso sigue existiendo.

Entonces, si cerramos los canales más racionales y más serenos y civilizados para la conversación, por fuera de ese espacio crecen otros discursos más exaltados.

Cuando eso sucede, la conversación racional se vuelve cada vez más difícil, porque la zona del discurso ya está ocupada. No es que quedó vacía. Y eso lo pienso para cualquier gran tema de la actualidad.

Hablando del presente, pronto se cumplen 40 años de democracia en Argentina, ¿cómo valoras estas décadas? ¿cuáles siguen siendo los deberes pendientes?

Bueno, yo creo que con un presente tan conflictivo, económicamente tan devastado y socialmente tan empobrecido, es difícil tener una mirada positiva sobre estos 40 años; y sin embargo, quiero hacerla.

Porque si comparo estos 40 años con los anteriores 40 años, veo que Argentina, pese a todo, logró algo que parecía imposible, que es instalar un sistema constitucional. Respetar un sistema constitucional.

En Argentina votamos cada dos años desde hace 40 años, y eso para cualquier país acostumbrado a la institucionalidad puede parecer lo más normal del mundo, pero Argentina no tenía esa normalidad institucional.

Entonces me digo casi como un mantra, eso es algo muy bueno.

Me parece que además, desde el punto de vista de la modernización de nuestra sociedad, también se avanzó muchísimo.

Argentina en 1983 no tenía una ley de divorcio vincular, no tenía una patria potestad compartida entre padres y madres, por darte solo un par de ejemplos.

Ni hablar de todo lo que se avanzó después a nivel de diversidades, derecho de las mujeres, etcétera.

"El gran pendiente en Argentina es encontrar la solución a nuestros problemas económicos y sociales"", Source: Eduardo Sacheri, Source description: Escritor, historiador y guionista argentino, Image: Primer plano de Eduardo Sacheri

Me parece que ahí hay muchos avances que tienen que ver con la democracia y su continuidad. Aunque no se note la relación directa, esta existe.

Creo que el gran pendiente es encontrar la solución a nuestros problemas económicos y sociales, y para eso me parece que no hemos logrado una alternancia en el manejo del poder fluida.

Es decir, me parece que Argentina no tiene una flexibilidad en la alternancia del poder que nos habría hecho bien, sobre todo, para que los elencos gobernantes se sintieran expuestos.

Algo que a ningún elenco gobernante le gusta que es la pérdida del poder.

No estoy haciendo un juicio moral, sino un juicio racional. A quienes gobiernan les gusta en general permanecer en el gobierno.

Si el electorado es suficientemente exigente y demandante y la pérdida del poder es un peligro evidente, tal vez fuese un estímulo para los elencos gobernantes para tener un mejor desempeño a nivel de esas variables socioeconómicas, que claramente son un una falencia.

Es el mejor eufemismo que encuentro.

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