El Observador | Ricardo Galarza

Por  Ricardo Galarza

Internacionales
25 de septiembre 2020 - 5:04hs

Es déjà vu otra vez”, solía bromear, redundante, la estrella del béisbol Yogi Berra, ícono de la cultura pop del siglo XX, cuyas ingeniosas frases han quedado hasta hoy en el habla de la gente. En este caso, es la sensación que da la actual campaña presidencial de Estados Unidos: It’s déjà vu all over again.

Otra vez, escuchamos los mismos relatos de hace cuatro años. Otra vez, las banderas de Estados Unidos y los carteles de Trump-Pence en los jardines de todas las casas en pueblos medianos y pequeños del Medio Oeste y del Estados Unidos profundo. Otra vez, los focus groups observando un sólido respaldo a Donald Trump en los decisivos estados del Medio Oeste, los que en 2016 le dieron la victoria. Otra vez, la euforia de sus seguidores en los numerosos mítines en que el incombustible neoyorquino se multiplica por todo el país. Otra vez, el sondeo de la consultora Rasmussen Reports indicando cada miércoles al mediodía que la elección está en realidad mucho más pareja de lo que dicen todas las demás encuestadoras.

¿Puede Donald Trump dar otra vez el batacazo este 3 de noviembre imponiéndose al candidato demócrata, Joe Biden? ¿Será posible que una vez más contradiga todos los pronósticos y todas las encuestas? ¿Podrá el outsider por antonomasia repetirle la dosis a otro insider por antonomasia como lo hizo con Hillary Clinton?

Es posible. Como va dicho, las encuestas le siguen dando a Biden una ventaja no menor; pero el repunte de Trump parece consolidarse, además de los indicios mencionados que no son sondeos de opinión. A ellos se suman –y es posible que también los expliquen- otros factores. Es muy factible, por ejemplo, que, como en 2016, Trump tenga voto escondido, “voto vergonzante”, que le llaman ahora los asesores de campaña. Yo ante todo aquel que desde Estados Unidos me dice, o dice en público, que “no va a votar por ninguno de los dos”, pienso: ¡zácate!, este vota a Trump.

Más noticias

Pero volviendo a esos estados del Medio Oeste tan decisivos, en los últimos 30 días, el cineasta de cuño progresista (cuasi antisistema) Michael Moore ha advertido en por lo menos dos ocasiones, así como lo hiciera en 2016, que la campaña de Biden languidece en ese cinturón industrial otrora tan poderoso, mientras que el entusiasmo por Trump “está despegado”.

De Moore podrán decirse muchas cosas, pero si hay alguien que tiene un buen termómetro para medir el humor político de los votantes en esa región, siempre ha sido él, en particular en su natal estado de Michigan, donde dice que no ve a nadie haciendo campaña por Biden. “Es peor que lo de Hillary”, resumió el cineasta. 

Moore se queja de que cuando les ha dicho estas cosas a quienes están al frente de la campaña demócrata, le responden: “No, es que ahora lo hacemos todo en forma digital”.
“¿De verdad?”, se preguntó el divulgador. “¿En qué cabeza cabe ponerse a hacer experimentos con algo tan importante [como los estados del Midwest en esta elección]”?

Por lo que publicó en su cuenta de Facebook, Moore parece apoyarse también en las encuestas del conservador Grupo Trafalgar, que desde hace unas cuantas semanas lo viene mostrando a Trump consistentemente arriba por uno o dos puntos en los estados fluctuantes, tanto del Medio Oeste como del Sur.

Yo también le hago el seguimiento a Trafalgar en esos estados; tomo sus números con pinzas, pero no los descarto en absoluto. Máxime habida cuenta de lo que sucedió con todos los sondeos en 2016. Las encuestadoras esgrimen que la razón de su monumental pifia hace cuatro años fue que subestimaron la concurrencia a las urnas de los votantes blancos sin título universitario en el Midwest, que apoyaron abrumadoramente a Trump. Ahora dicen haber “corregido” ese error; pero suena un poco a la respuesta que le dan los demócratas a Moore cuando este les habla de la campaña en tierra: una expresión de deseos. Sobre todo, porque al cruzar los datos demográficos de los distritos en cada uno de esos estados y sus resultados en la pasada elección, el asunto parece bastante más complejo que la respuesta simplista de las encuestadoras para explicar su error.  

Como sea, habrá que estar muy atentos a lo que publica Rasmussen cada semana, que este miércoles volvió a colocar a Biden arriba por un punto: 48%, por 47% de Trump. La semana pasada había sido al revés: por primera vez, la encuestadora puso al presidente a la cabeza por igual ventaja. En todo caso, la encuesta empieza a parecerse muchísimo a la de 2016.

Y luego, el otro sondeo que hay que a seguir muy de cerca es el del Emerson College, que se publica el último día de cada mes, y que en su encuesta de agosto ya mostraba a Trump a escasos dos puntos de Biden. Habrá que ver, entonces, que nos depara el miércoles que viene por partida doble: con la semanal de Rasmussen y la mensual del Emerson College.

Desde luego que hay que seguir mirando las otras encuestas, además de los agregados de Real Clear Politics, que en este momento tiene a Biden 7 puntos por encima de Trump; y el de la CNN Poll of Polls, hoy con idéntico resultado. Pero como regla periodística, con el ojo muy puesto en las firmas que más cerca estuvieron la elección pasada. Y el próximo martes 29, el primer debate Trump-Biden. Ahí es muy posible que ya queden definidas las tres cuartas partes de la elección.

Temas:

Donald Trump política internacional Estados Unidos campaña electoral Member

Seguí leyendo

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos