Había vendido 11.600 entradas y agotado las localidades de los seis conciertos que ofreció en el Sodre. Pero Joaquín Sabina quería despedirse y por eso se convocó a una rueda de prensa para unos pocos medios uruguayos, previa a su última función del jueves.“
¡Cómo fue el encuentro con Mujica?
Yo ya venía muchos años admirando y muy interesado en la historia de Uruguay, leyendo todo lo que podía. Pero (Mujica) tuvo un detalle que a otros personajes con los que he estado jamás se le hubiera pasado por la cabeza, que es venir a buscarme al hotel. Me dijo que no le gustaba el protocolo, que ahí íbamos a estar más tranquilos. Luego uno empieza a hablar con él, como con cualquier presidente, pero cree que eso va a durar 10 minutos, un cuarto de hora, no quiere molestarlo, no quiere quitarle el tiempo. Pero él se tomó sus mates, estuvimos hora y media charlando de lo divino y lo humano, muy políticamente incorrectos los dos. Fue una verdadera delicia, es algo que me llevo en el corazón, del Uruguay.
¿Qué hizo en estos días?
Me gusta mucho Montevideo y me gusta mucho caminar. Y estaba seguro de que en Montevideo podría, casi siempre he podido, esta vez no pude. Salimos por esas calles peatonales que hay en el centro y hubo de pronto una aglomeración, que no era exactamente lo que yo quería, y nos fuimos. Aun así hemos salido a comer tres o cuatro veces. Y luego, como han sido días muy apretados, de cantar dos días y descansar uno, y lo que me queda de voz no es mucho, tengo que estar entre concierto y concierto mudo y en el hotel, así que me proveo de libros y de discos. Me llevo discos de Mateo, he leído un libro de mi amigo Darnauchans y libros del Uruguay contemporáneo, de política. Al menos no me siento un turista japonés, sino que tengo algo más que ver con el paisito querido.
¿Cómo le cae la idea de que en un país como Uruguay se vaya a vender marihuana en las farmacias?
Primero, me parece ejemplar. Luego, creo que la batalla contra las drogas, como lo demuestran México y Colombia y tantos otros lugares, está absolutamente perdida. Se han gastado miles y miles de millones y solo se ha potenciado el narcotráfico, el narcopoder y la corrupción. Yo creo que hay que legalizarlas todas, sin excepción. Porque en Chicago, cuando se acabó la Ley Seca no se acabó con los borrachos, pero sí con los gángsters y con los tiros.
En una entrevista reciente dijo que no tenía motivos para seguir pisando el escenario, pero sí suficientes razones que lo retenían en su hogar. ¿Por qué vino de gira? ¿Se la plantea como una despedida?
No es de despedida. Aunque las últimas giras que hice creía siempre que eran de despedida. Nadie se lo creía y yo tampoco. Quiero hacer por lo menos un último disco de estudio y por lo menos una última gira. Y volver a Uruguay. Ahora me voy con más ganas de volver. Ha sido tan hermoso estar por una vez en un teatro seis días. Ha sido otro modo de relacionarse con el público y me voy con más nostalgia que nunca.
¿Qué le pareció el auditorio Adela Reta?
Me parece maravilloso, es un poco el teatro de mis sueños. No he visto el Solís por dentro, pero ahora Julio Bocca me ha contado que lo tratan de maravilla, que las instalaciones son perfectas, que no va a Buenos Aires ni de visita. Eso es mucho.
Recién hablaba de otros artistas, como Darnauchans…
Me enseñó los bajos fondos montevideanos.
¿Qué otros artistas uruguayos forman parte de su vida?
De mí forma parte gente que ya no está. La Santa María de Onetti, Juntacadáveres, El astillero, los he leído y releído. Los buenos libros hay que releerlos, te enteras más la segunda y la tercera vez de todo lo que esconden. He sido y soy muy amigo de Jorge Drexler. Tengo más relación con el Uruguay de lo que se piensa. A Galeano esta vez no lo he podido ver porque está un poquito regular de salud, pero siempre lo vemos cuando venimos. Pero tengo un puñado de amigos uruguayos, de esos que uno le agradece a los dioses paganos haberlos puesto en tu camino.
¿Qué se puede adelantar de su disco próximo?
La respuesta correcta es: nada (risas). Tengo un montón de papeles y los voy metiendo en un baúl y luego cuando llega el tiempo de hacer un disco, o me lo pide mucho el cuerpo, los saco, los ordeno y agarro la guitarra. Pero hay mucho material disperso que ni recuerdo. Ahora cuando vuelva descansaré unos pocos días, lloraré un poco por Montevideo y luego me pondré a trabajar.
En varias oportunidades ha dicho que es muy difícil componer en la situación en la que está hoy, en una monogamia…
¿Tú lo que quieres es que me dejen las mujeres y vuelva a las drogas? (Risas). Es más difícil. Cuando está uno atropellado y loco y no duerme por las noches, en los bares te dejan escribir tranquilo. Eso era más fácil y lo que me gustaba. Ahora a veces tengo otro método que es irme a una ciudad rara, como hice en mi disco de estudio anterior, que era Praga, donde pude ir a los boliches y los sitios y escribir como hice siempre. Ahora estuve pensando en Nueva Orleáns, que ahí no me conoce ni Dios.
¿Se convirtió en la persona que quería ser cuando era joven, hoy, a los 65 años?
Yo no tenía ningún plan de lo que quería ser, ni veía las cosas más allá del día siguiente. Sigo sin verlo. No tengo una idea especialmente buena de mí mismo, odio los espejos, no me gusta la nostalgia, me gusta la memoria, y procuro vivir todo lo felizmente que tiempos tan absurdos y tan duros nos permiten cada día. Yo quería ser una persona decente, creo que eso lo sigo siendo.
Usted dice que no usa internet, que no tiene celular ni usa coche. ¿Es que no le interesa entender los tiempos actuales o se siente desconectado?
Sé que me pierdo algo, pero creo que me perdería mucho más leyendo esa cosa horrorosa que es Twitter y las redes sociales o todo ese veneno o toda esa basura que corre por ahí. Creo que las noticias que verdaderamente me importan acaban saliendo en los periódicos y periódicos me leo tres o cuatro al día, o sea que no echo de menos nada de eso.
GIRA
El cantante llegó a Uruguay en el marco de su gira latinoamericana 500 noches para una crisis