Diego Battiste
Ernesto Talvi junto a la tripulación del crucero Greg Mortimer baja en la ciudad para ser alojados en hoteles
Anunció que se iba, pero no ahora.
Que se iba a corto plazo, pero no sabe cuándo.
Que no seguirá como ministro pero tampoco como senador; pero quizá sí.
Que no se reunió con Lacalle Pou para renunciar, sino para acordar “un nuevo rol”.
Nadie entiende por qué destaca tanto el equipo que armó en RREE si está dispuesto a dejarlos en banda, para que venga otro y cambie todo. ¿Lo armó para tres meses?
“A Ceres no podés volver”, le dijeron sus correligionarios en la reunión del jueves.
Al secretario de esa bancada le pidieron que examinara cómo podía hacer para ir pidiendo licencia encandenada y sin renunciar, dejar a la suplente casi permanente; otro enredo difícil de explicar.
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Sobre Venezuela, aclaró que no puede decir que es “una dictadura” porque quiere mantener puentes de diálogo, pero sí les puede decir –y lo dice a todo trapo– que son “un gobierno totalitario”, que eso “no es democracia”, que aplican “torturas” como lo hicieron con alguien de su entorno, y que “violan sistemáticamente los derechos humanos”.
Puede decir todo eso, pero no que es dictadura, porque no quiere adjetivar, como si el vocablo dictadura fuera un adjetivo.
Luego dijo que la relación con el presidente Lacalle Pou es excelente. ¿Por qué se va entonces?
Es posible que él lo sienta así, aunque lo disimula bien. Nunca hubo entre ellos una “relación excelente”, sino un vínculo de conveniencia política, coincidencia programática y estrategia partidaria entrelazada. Y con recelo.
En medio del sainete, mucha gente se pregunta qué hubo atrás, qué fue lo grave que pasó como para que Talvi pegara un portazo tan temprano. Nadie compra la idea de que deja RREE “para cooperar” con el gobierno en una batalla común.
Pero no hubo otra cosa rara ni grave. Pasó que Ernesto no se ha bancado la relación de jefe a secretario, que es el vínculo institucional entre un presidente (jefe de Estado) y un ministro (secretario de Estado), porque él pretende una relación de socio, de par, de iguales, de vínculo “entre líderes”.
La confusión de roles se da por una doble condición, que en tertulia nocturna empresarial y política de esta semana, se comparó con una compañía.
Los socios políticos de la coalición son “accionistas” y no todos de igual peso.
En algunas empresas hay accionistas que trabajan dentro de la firma, y cuando están en funciones son “empleados” sometidos a una estructura de jerarquías.
Twitter Ernesto Talvi
El presidente Luis Lacalle Pou y el canciller Ernesto Talvi participaron en la presentación de una nueva edición del diario de Ana Frank en memoria de las víctimas del Holocausto
En “la asamblea”, Talvi es un accionista minoritario.
Como ministro, no está de “accionista” sino de “funcionario”, de secretario frente a jefe.
A Talvi le rechina que Lacalle Pou no le acepte nombres para embajadas en EEUU o en Argentina, o que designe presidente al CARP, o que le fije el criterio para definir a Venezuela. Pero Lacalle Pou ahí no está de accionista mayoritario, sino como “gerente general”.
El presidente manejará con cuidado el trato entre socios políticos, pero tiene la autoridad máxima que no puede compartir ni transferir.
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¿Y cómo está compuesta la asamblea de accionistas multicolor? Talvi no ha querido ejercer liderazgo de todo el Partido Colorado y va a esa asamblea con menos poder del logrado con su candidatura presidencial, porque aceptó que ante Lacalle Pou haya dos vías de negociación: una de él y otra de Sanguinetti.
Según los votos de cada socio, el “capital accionario” está compuesto así: Lacalle Pou 53%, Talvi 11%, Sanguinetti (y otros colorados) 12%, Manini Ríos 20%, y Mieres del PI y Daniel Peña (PG) 2% cada uno.
Si se hace en base a votos en las dos cámaras legislativas, la relación de bancas es: 41 del P. Nacional, 10 de colorados de Talvi, 7 de colorados de Sanguinetti, 14 de Cabildo, 1 del PI y 1 de Peña (PG).
Ahí está la fuerza de cada socio, pero dentro de la estrucutra de un Ejecutivo, uno solo es presidente y otros ministros.
Talvi pudo hacer como Manini, que no aceptó ser “secretario de …” y quedó con la banca que ganó con sus votos, pero tiene que ser claro, y no dar vueltas.
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Ernesto siente que no lo respetan, y por eso se enojó el miércoles de mañana con dos notas de prensa, que sintió como puñales injustos del presidente, al que ve como socio y no como jefe.
Erró en la lectura, supuso mal una intencionalidad y reaccionó peor, con un boomerang.
La difusión de la intención de renuncia no metió presión a Luis, sino que encerró al propio Talvi en un laberinto, desde el que quiso explicar lo que no se puede. Lacalle Pou, máximo responsable de mantener ordenada la “asamblea de accionistas”, tiene la llave de una salida decorosa, pero todo dependerá del economista colorado.
Más allá de eso, con elecciones departamentales a la vista, con un horizonte de largo plazo de competencia exigente entre dos bloques, los socios de la multicolor tienen incentivos para seguir juntos, mostrando perfiles que generan dudas, pero sin romper los lazos. No hay riesgos de ruptura.
Con alto capital de popularidad, Talvi puede enderezar el camino pero sigue mostrando dificultades para liderar un movimiento político.
Desilusionó a su barra y los “ciudadanos” se quedaron tarareando aquella canción de Perales, en Cría cuervos, que decía “todas las promesas de mi amor, se irán contigo…”.