2 de septiembre 2013 - 17:58hs

Gran parte del discurso del Secretario de Estado de EEUU, John Kerry, el viernes pasado se basó en la responsabilidad de Estados Unidos ante el mundo y en la cuenta que deberá pagar si no hace nada ante la masacre que se produce en Siria desde hace más de dos años. Cuando Kerry habló, parecía que apenas horas más tarde se anunciaría una intervención internacional en el país dominado por Bachar al Asad para “castigarlo” por el uso de armas químicas. Sin embargo, al día siguiente el presidente Barack Obama anunció que no iría a la guerra así de rápido y que consultaría al Congreso, que se reúne recién el nueve de este mes. ¿A qué se debe semejante cambio?

Durante el fin de semana analistas del mundo entero buscan una respuesta o una interpretación a la temeraria jugada política que hizo Obama, en especial si se tiene en cuenta que ni siquiera es necesario que el mandatario de EEUU consulte al Congreso antes de ir a la guerra: desde 1942 que no lo hace y entre esa fecha y el presente ha intervenido en Corea, Vietnam, Granada, Panamá, Irak, Bosnia, Kosovo, Afganistán y Libia.

Comúnmente “notifica” al legislativo cuando emprende una acción bélica, pero no es frecuente que le pida un dictamen vinculante.

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Ahora, sin embargo, sí que lo hará y la primera explicación parece ser la política interna. La opinión pública en un 50% rechaza una intervención en Siria y Obama quiere asegurarse de que él no será el único responsable de la invasión militar. Porque si el Congreso falla a favor de la guerra y la gesta resulta exitosa, entonces podrá atribuirse que tuvo la suficiente prudencia como para consultar antes de correr tras un éxito personal. Y si la campaña no acaba bien, podrá decir que los legisladores estaban en el mismo barco a la hora del fiasco.
En cambio, si los representantes vetan la participación en Siria, nadie le podrá objetar que se quedó de brazos cruzados, porque él dirá que fueron los parlamentarios los que coartaron su acción.

El riesgo es quedar como un mandatario cobarde o dubitativo que no se atrevió a tomar una decisión que es prerrogativa suya.

Otro motivo para la consulta es la falta de una razón clara para atacar. El viernes, Kerry citó razones de “seguridad nacional” para los estadounidenses, pero el argumento suena bastante remoto, ya que habría que ver de qué manera las armas químicas de Al Asad llegarían a los EEUU. Lo mismo sucede con el alegato de Washington de que Irán es aliado de Siria: eso no es motivo suficiente para bombardear un territorio.

Por otra parte, en este caso no termina de haber un objetivo claro para la intervención en Siria. Se habla de “castigar” a Al Asad y “darle un mensaje” por haber usado armas químicas. Pero es difícil saber qué implica ese término, y tal vez a Obama se le haga cuesta arriba tener que decidir hasta dónde llegaría ese castigo o cómo detenerlo una vez que esté en curso.

El factor tiempo

Un cuarto argumento al cambio de estrategia de Obama es la falta de debate público que hubo en EEUU en torno a la invasión a Siria. Cuando en 2003 George Bush decidió entrar en Irak, al menos había un 59 % de la población que lo apoyaba y había habido extensas sesiones parlamentarias en las que se había debatido el asunto. En el caso de Siria, recién ahora se está poniendo el caso sobre las mesas del Congreso y de las casas de los estadounidenses. Si logra aplazar la decisión, Obama ganará tiempo de debate.

Ese tiempo también le servirá para forjar una nueva alianza, puesto que se quedó sin el apoyo de Gran Bretaña, su compañera en las campañas de Irak en 2003 y Libia en 2011. Ya cuenta con el auspicio de Francia y de los países de la Liga Árabe, pero es posible que el mandatario de EEUU prefiera asegurarse más apoyo e incluso le dé plazo a la ONU para que informe si se usaron armas químicas o no.

Por otra parte, no son de despreciar las amenazas de los que rechazan su intervención, como el mismo Al Asad o Irán, que ya advirtieron de las consecuencias que tendría una intromisión internacional en el territorio.

“Oriente Próximo es un barril de pólvora y el fuego se le acerca cada vez más”, dijo ayer Al Asad en una entrevista con Le Figaro. “Nadie puede saber lo que pasará. Todo el mundo perderá el control de la situación mientas el barril de pólvora explotará. El caos y el extremismo se extenderán. El riesgo de una guerra regional existe”, advirtió.

Por su parte, el canciller de Irán, Mohamad Yavad Zarif, mencionó ayer que habrá “consecuencias perjudiciales” difíciles de controlar. EEUU teme que Teherán tenga armas nucleares y las use en su contra o en contra de su principal aliado en la región, Israel.

¿Vale la pena?

El nuevo rumbo de Obama acarrea sus perjuicios para el presidente, que con el cambio de planes deja en evidencia que sus palabras fueron más allá que sus intenciones o su capacidad de respuesta.

La prensa europea ayer destacaba esto, desde el calificativo de “cobarde” que aplicó Le Parisien hasta el consejo de “no sacar el revólver cuando no se está seguro de querer disparar” que lanzaba el alemán Süddeutsche Zeitung.

“En una época, el Líbano, Siria, Egipto temblaban cuando Washington hablaba. Ahora todos se ríen. En Medio Oriente ya nadie toma en serio a Estados Unidos: su credibilidad está cuestionada. Y bastaba con ver a Obama el sábado para comprender por qué”, escribía un editorialista del británico The Independent.

Para Karim Bitar, director de investigaciones sobre Medio Oriente del Instituto de RelacionesInternacionales y Estratégicas (IRIS), los hechos dejan en evidencia que ahora prima la “improvisación, la política hecha al día”. Según sus declaraciones a la AFP, “se ha confirmado que fue solo a último minuto que Obama cambió de opinión y decidió pedir la autorización del Congreso. Hay un cierto ‘amateurismo’ ligado al hecho de que el mundo ha cambiado mucho”.

El juicio de este experto fue lapidario. “Si no pasa nada, si se renuncia a cualquier ataque militar, eso podría ser interpretado como un signo de debilidad”.

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