Pocos minutos antes de que despegue un avión con destino a EEUU las autoridades estadounidenses de fronteras saben más cosas de usted que el vecino con el que se cruza todos los días en el ascensor. Es muy probable que él conozca su nombre y sus apellidos, y lógicamente, su dirección. Pero los funcionarios estadounidenses ya podrían hacerle una llamada de teléfono, enviarle un mensaje a su dirección de correo electrónico o llamar a su banco para preguntar sobre la cuenta con la que ha pagado el billete.
El envío que realizan las aerolíneas de estos y otros datos de cada uno de sus pasajeros estaba respaldado hasta el pasado sábado 30 de septiembre por un acuerdo bilateral alcanzado en 2004 entre EE UU y la UE.
El problema es que en estos momentos y mientras no se alcance un acuerdo, algo sobre lo que las autoridades europeas y estadounidenses trabajan a marchas forzadas, las líneas aéreas se enfrentan a un vacío legal que puede salirles caro. Así se lo ha recordado la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) a las líneas aéreas que operan en España: "Hasta que se produzca un nuevo acuerdo las aerolíneas deben establecer medidas que amparen, conforme a la Ley Orgánica de Protección de Datos, la transferencia de datos de los pasajeros a EE UU".
EEUU quiere más informaciónMás información y libertad de divulgación entre las diferentes agencias federales. Esas son las peticiones que al parecer EEUU ha puesto encima de la mesa como parte del nuevo acuerdo sobre transferencia de datos que ambas partes deben suscribir al haberse agotado el anterior. Hoy mismo se reanudarán las negociaciones para lograr un acuerdo que permita entregar a EE UU información de los pasajeros sin violar las leyes de protección de datos.