Con unn sonido muy pulido, una cantante con un timbre de voz único y bellas canciones de amor, La Oreja de Van Gogh fue la banda más popular de una movida musical que surgió en España en el año 2000. Conciertos multitudinarios y millones de discos vendidos convirtieron a los vascos en sinónimo de éxito y se los llegó a comparar con el mítico grupo Mecano. Pero en 2007 la vocalista Amaia Montero decidió abandonar la banda en forma sorpresiva. El grupo no se rindió ante el golpe e incorporó a Leire Martínez y desde entonces se mantiene vigente, con casi 20 años de carrera. Para saber más de ellos y del concierto que darán en Montevideo, El Observador conversó con Álvaro Fuentes, bajista del grupo.
¿Cómo será el show que ofrecerán el 18 de noviembre en Montevideo?
Será un show que girará en torno al disco Primera fila. Estarán todas esas canciones, pero también otras que nosotros consideramos importantes. Calculamos que será un concierto de más de dos horas de duración, con 32 o 34 temas.
¿Prefieren tocar en vivo o meterse en el estudio de grabación?
La verdad es que la sensación del directo es única. Pero el estudio también tiene su encanto. Cuando realizamos una grabación pesa mucho la parte creativa y la precisión musical. También tiene una cuota aparte de presión, porque solo se graba una vez: no hay vuelta atrás. Y por eso hay que darlo todo, la ejecución debe ser la mejor, no vale arrepentirse después. Tienes que tener la certeza de que en tres meses el disco no va a sonarte a viejo.
Cerca de cumplir 20 años de carrera, ¿se sienten ya una banda clásica?
Por un lado decimos: ¡20 años! Qué rápido han pasado y cuánto hemos hecho. Pero por otro somos conscientes de todo lo que falta por aprender y los países que quedan por recorrer. Este año, por ejemplo, iremos a Bolivia, un lugar en el que nunca hemos estado. Cada temporada intentamos hacer cosas nuevas. En los discos también. La penúltima grabación la hicimos con un productor sueco, que no conocía la música que se hace en España, y, sin embargo, quedamos encantados con el resultado. Y Primera fila lo grabamos con un productor mexicano. Se trata de salir de la zona de confort para buscar tu límite, no quedarte en la fórmula que sabes que funciona.
A comienzos de la década de 2000 surgen una serie de bandas españolas con mucha fuerza como Estopa, El canto del Loco y ustedes mismos. ¿Cómo analiza ese fenómeno?
Creo que se dio porque veníamos de un período de 10 años en el que en España lo que había eran solistas como Rosana, Alejandro Sanz, Ismael Serrano, etcétera. Y nosotros fuimos parte de esa nueva oleada de grupos que salieron a tocar en aquella época. Creo que el mercado, que antes no permitía que asomaras la cabeza, cedió y se pudo salir a mostrar lo que uno hacía. La Oreja de Van Gogh estuvo en el momento adecuado y en el lugar adecuado.
En 2007, Amaia Montero decidió irse y llegó Leire Martínez para ocupar ese vacío. ¿Se puede hablar de dos períodos bien diferentes de la banda o hay un hilo conductor que se mantiene?
Más allá de los cambios en el sonido del grupo creo que existe una continuidad. Muchas veces nos pasó que venía alguien y nos decía: tenéis una chica que canta igual que Amaia. Pero para nosotros hay una gran diferencia entre una voz y la otra. Pero entendemos que ese comentario va en el sentido del tono del grupo, de la forma de decir las canciones. Y eso no ha cambiado, el espíritu es el mismo.
En ese año difícil para la banda también se desató la crisis económica en España. ¿Cómo les afectó?
Nosotros pudimos sobrellevarla, fuimos afortunados. Pero todos tenemos amigos que estuvieron o están mal. Recién ahora parece que el país se está recuperando algo. Pero con 5 millones de parados, aún hay muchas cosas por arreglar. A nivel musical todos hemos sentido la crisis. La ves en la cantidad de conciertos que haces. Aquí en España, los ayuntamientos contratan los shows para el verano y eso se ha deteriorado mucho. Si antes tocabas en 250 pueblos ahora no llegas a 30. Por eso también apostamos a salir de gira por el mundo y gracias a eso hemos podido seguir trabajado.
A pesar de las dificultades la banda siempre ha tenido un discurso positivo, esperanzador, en sus letras hablan siempre de amor. ¿Es ese el sentir del grupo?
Sí, siempre hemos apuntado al amor. Creo que es el gran tema del mundo. También lo hemos combinado con el sentimiento de nostalgia: el amor perdido o malogrado. Tenemos un genotipo de la canción de amor.
Entender esas canciones resulta fácil en América Latina por el idioma común. ¿Cuánto pesa tener un mercado tan grande a 12 horas de avión?
Es muy importante y el idioma es determinante. La primera vez que estuve en Perú recuerdo haber dicho que hay un océano que nos separa pero un idioma que nos une. En Europa en una hora cambias de idioma, de país. En América del Sur no pasa. Es cierto que hay un bagaje europeo, una historia común. Pero creo que yo tengo más en común con un chico porteño que con uno de Praga.
La Oreja de Van Gogh se mueve mucho en la web y la ha utilizado para hacer cosas innovadoras, como dejar que la gente le ponga la letra a una canción. ¿Por qué?
Bueno, fue una costumbre del grupo desde siempre. Casi desde el inicio teníamos un blog en el que colgábamos crónicas que hacíamos de nuestros conciertos. También todos éramos usuarios de Messenger. Ahora hay nuevos formatos, pero la comunicación es la misma. También influyó que fuimos un grupo que sacó un disco y la gente compró un millón de copias de golpe. Así que a La Oreja de Van Gogh la hizo la gente. No vemos lógico no cuidar a esas personas. Seguimos junto a ellas.