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A construirse sobre las ruinas

La caída de Joseph Blatter, su pilar central, terminó de derrumbar el templo de corrupción mundial en que se había convertido la FIFA

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04 de junio de 2015 a las 05:00

La caída de Joseph Blatter, su pilar central, terminó de derrumbar el templo de corrupción mundial en que se había convertido la FIFA. Ahora, sobre las ruinas, no solo hay que empezar a construir una estructura recta, justa y transparente. Además hay que desentrañar la maraña de ramificaciones judiciales que, de la mano de Blatter y sus lugartenientes, infectó con coimas y sobornos a instituciones y dirigentes del mundo entero, en todos los continentes.

La renuncia de Blatter se produjo después de cuatro días de misterio. El viernes pasado fue reelecto para un quinto período presidencial, con el respaldo de los países menos relevantes y la oposición de virtualmente toda Europa y buena parte de América. Después de derrotar al otro postulante, el príncipe jordano Ali Bin Al-Hussein, Blatter se mostró tan arrogante como siempre al proclamarse inocente de los desaguisados de sus compinches de dirigencia. Pero entre ese día y el martes concluyó que el piso se le derrumbaba y optó por dimitir, para tratar de escapar a las consecuencias de la generalizada corrupción. Un factor decisivo puede haber sido la información del New York Times de un desvío ilícito de US$10 millones realizado por su mano derecha, el secretario general de la FIFA, Jerome Walker, transacción que Blatter mal podía ignorar.

El zar suizo del fútbol mundial, por otra parte, aunque no estaba acusado directamente enfrentaba investigaciones de la Justicia de su país por sospechas de trasiego de coimas en la adjudicación de los mundiales de 2018 y 2022 a Rusia y Qatar. Además había perdido el respaldo de gran partes de las instituciones del continente americano y de la poderosa UEFA europea que, antes de la elección de la semana pasada, lo había instado infructuosamente a que renunciara a un quinto período.

Ahora empieza el trabajo de reconstruir una FIFA desprestigiada por un escándalo que ha llevado a la cárcel a directivos prominentes, incluyendo al uruguayo Eugenio Figueredo, vicepresidente del organismo, en tanto varios más están acusados por el ministerio de Justicia de Estados Unidos de sobornos, fraudes y lavado de dinero. Como primeros pasos, se proyecta que en un congreso extraordinario de la FIFA en el que se elegirán nuevas autoridades, entre diciembre y marzo próximos, se reduzca el cuerpo dirigente y se limite la reelección presidencial a solo una vez.

Ya se barajan nombres para recoger el cetro de Blatter. El príncipe jordano anunció que volverá a postularse, aunque difícilmente cuente ahora con el respaldo europeo. La UEFA se inclinará probablemente por alguien de su continente, que pueden ser los exfutbolistas Michel Platini o Luis Frigo o el holandés Michael van Praag. Lo primordial es que la nueva estructura que surja y los nombres de quienes la dirijan llenen los requisitos de honradez y transparencia que Blatter y sus amigos tiraron por la ventana. Pero no es solo cuestión de nombres porque el antecesor de Blatter, Joao Havelange, también era sospechado de corrupción. En 2013 tuvo que renunciar a la presidencia honoraria de FIFA, después de que el comité de ética de este organismo concluyera que recibió sobornos durante su etapa como presidente en el llamado escándalo ISL, una empresa encargada de vender la publicidad y hacer el marketing de las Copas del Mundo, que quebró en 2001. Habrá, por tanto, que ir más bien a la estructura de la organización que a la personas que la manejan porque el mal es endémico.

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