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A Miami más cómodos

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10 de abril de 2018 a las 05:00

Si un pasajero quiere viajar de Miami a Montevideo (9 horas 21 minutos) en el vuelo directo de American Airlines en la clase que antes se llamaba "turista", solo tiene una opción: comprar un boleto de "main cabin".

En cambio, si alguien quiere viajar de Miami a Santiago de Chile (8 horas 24 minutos), por ejemplo, tiene dos posibilidades: comprar el boleto en clase turista B (Main Cabin) y clase turista A (Premium Economy), por la cual paga un poco más, pero tiene mayor espacio entre los asientos para estirar las piernas y no llegar a destino sintiendo que ha viajado en una lata de sardinas.

La razón que explica la "discriminación" que sufren los pasajeros con destino a la capital uruguaya en relación a quienes viajan a Santiago de Chile, es que la aerolínea estadounidense para el primer destino todavía usa los vetustos aviones Boeing 767, y en cambio para sus vuelos a Santiago utiliza el Boeing 777 y el flamante Boeing 787, más confortables desde todo punto de vista.

El modelo Boeing 767, que hizo su vuelo inaugural en setiembre de 1981, es un avión bimotor con una historia ilustre y no resulta exagerado afirmar que es uno de los mejores aviones de la historia, el cual en las décadas de 1980 y de 1990 fue el modelo favorito de las aerolíneas para hacer los cruces transatlánticos, habiéndose construido hasta la fecha más de 1.200 unidades, utilizadas en aerolíneas de todo el mundo.

Sin embargo, los días de gloria y efectividad del 767 comenzaron su cuenta regresiva luego del debut de los muy efectivos modelos 777 y 787, construidos con la más sofisticada tecnología aeronáutica.

A ese futuro tendrán acceso –tardío, aunque más vale tarde que nunca– quienes viajen de Miami a Montevideo y viceversa, luego que American Airlines anunciara la semana pasada que hizo una orden de compra de 47 nuevos modelos Boeing 787, que reemplazarán a los modelos 767.

Aunque la fecha del cambio no está aún precisada, es una realidad que no tiene vuelta de hoja. Finalmente, los avances del siglo XXI también llegarán a lo que Charles Darwin consideró, con ojo no tan equivocado, "el comienzo del fin del mundo".

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