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Abogado dice saber quién hizo desaparecer los libros de vuelo de la Fuerza Aérea en la dictadura

Carlos Bustamante, defensor del coronel aviador Enrique Ribero, hacer graves denuncias a través de una carta que dirigió al fiscal Perciballe y a la Justicia

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04 de noviembre de 2020 a las 11:38

El abogado, Carlos Bustamante, manifestó saber quién hizo desaparecer los libros de vuelo de la Fuerza Aérea Uruguaya durante la dictadura, documentos que serían de suma importancia para echar luz sobre el traslado de prisioneros que se encuentran desaparecidos.

“Los libros de vuelo y otros documentos, los destruyeron o los ocultaron. Sé dónde estaban, quién los retiró, quién los devolvió y quién firmó el recibo. La torpe maniobra de encubrimiento salió mal, los culpables quedaron libres y terminó con dos inocentes presos”, dice Bustamante en una solicitada que se publicó en El Observador.

Bustamante, abogado defensor del coronel aviador Enrique Ribero, realiza otras denuncias en su carta pública. Sostiene que en el juicio en el que su defendido y el coronel José Uruguay Araujo fueron condenados por la muerte de Ubagesner Chaves, no se sabe quién le pagó a los abogados que representaron a los militares.

Chaves fue un militante comunista que fue secuestrado y murió en la base de Boiso Lanza,  en 1976.

“Yo le pregunté a mi cliente, quien me respondió que no pagó nada. Se rumorea que los honorarios los pagó la Presidencia de la República con fondos reservados, y que el monto fue de US$ 120 mil”, denuncia. “Además, tengo información y pruebas sobre otros hechos aún más graves que no puedo revelar por este medio”.

En la solicitada, Bustamante agrega: “La información que permitió ubicar los restos de Ubagesner Chaves Sosa, no fue recibida en forma anónima. El comandante convocó a una reunión y tengo la lista de todos los que participaron en ella”.

“Si quieren saber la verdad e investigar sobre la violación de los derechos humanos o sobre cualquier otro delito pongan un fiscal con ganas y armen un equipo de profesionales que trabaje, estudie, investigue y piense; recoja pruebas y arme un caso”, afirma. “Yo solito y trabajando de a ratos, defendiendo a un aviador que fue preso dos veces siendo inocente, averigüé más que todos ustedes, y todavía critican mi forma de trabajo”.

Mensaje a la Justicia

En la carta pública, el abogado también se dirige a la jueza de la causa, Isaura Tórtora, y menciona a la presidenta de la Suprema Corte de Justicia, Bernadette Minvielle. A la primera, le informa que no es funcionario judicial y que cuando requiera la presencia de sus defendidos en el juzgado "debe ordenar la correspondiente citación", y no mandarlo llamar por teléfono. Además, le recuerda que según la Constitución, “los jueces son responsables, ante la ley, de la más pequeña agresión contra los derechos de las personas, así como por separarse del orden de proceder que en ella se establezca".
En relación a Minvielle, cita declaraciones de la magistrada al programa de radio En Perspectiva, donde dijo “de repente estas chicas, la hija de (José) Gavazzo y la hija de (Ricardo) Arab, trabajan gratis porque lo hacen por sus padres”. Bustamente le responde: "Estas 'chicas', son colegas suyas y mías, por lo tanto, debe referirse a ellas como Dra. Gavazzo y Dra. Arab. El término 'chicas', en la forma que fue empleado, es violencia de género, es despectivo, despersonaliza y degrada. Se utilizaba antiguamente para marcar una diferencia de clase entre la señora y las empleadas domésticas, secretarias y otras mujeres al servicio de su dueña".

Los libros no están

Que los libros de vuelo de la Fuerza Aérea están desaparecidos lo informó El Observador en agosto de 2019. Entonces, y ante un pedido de acceso a la información pública presentado por este medio, el entones comandante de la Fuerza Aérea, el general del aire Hugo Marenco, respondió que la institución ya no tiene los libros.

El Observador realizó ese pedido luego de que un exintegrante de la Fuerza Aérea relatara haber sido testigo de un vuelo con prisioneros en 1978, aún no admitido oficialmente.

A diferencia de los ya reconocidos primer y segundo vuelo, ocurridos en 1976, el “tercer vuelo” habría sido realizado entre abril y junio de 1978, en un Fairchild del Grupo 4 de la FAU, que habría aterrizado en la pista de la Base Aérea 1, contigua al aeropuerto de Carrasco.

La misma fuente militar fue testigo de otro vuelo internacional en 1978, en el cual se trasladó a un único prisionero en un avión Bandeirante, perteneciente al Grupo 6.

Para comprobar estas denuncias, El Observador solicitó acceso a los libros de vuelo de sus grupos 3, 4 y 6, entre 1976 y 1979. La respuesta llegó el 15 de junio con la firma de Marenco: “No se poseen registros sobre actividad de grupos 3, 4 y 6 de la Fuerza Aérea Uruguaya, entre los años 1976 y 1979”.

Desparecen más documentos 

En diciembre de 2019, el abogado Bustamante también hizo un pedido de acceso a la información pública tendiente a obtener otros documentos oficiales de la Fuerza Aérea.

La institución le respondió, en marzo, que tampoco los tiene.

Bustamante sostiene que los documentos son fundamentales para poder probar la inocencia del coronel Ribero.

Ribero cumple, desde 2010, una pena de 19 años de cárcel como responsable del asesinato de Chaves. Su condena ha sido ratificada por la Suprema Corte de Justicia.

Según la respuesta remitida a Bustamante por el Ministerio de Defensa Nacional, los documentos no encontrados por la Fuerza Aérea son el libro de sanciones a los oficiales de la Escuela Técnica de Aeronáutica de 1972, la carpeta individual de vuelos del coronel Ribero, el libro de vuelos de la Unidad de Servicios Capitán Boiso Lanza de 1976, el libro de vuelos del Grupo 3 de la Fuerza Aérea de 1976, y el “listado de guardia” de la unidad Boiso Lanza de los meses de mayo y junio de 1976.

Ante la fiscalía y la propia Fuerza Aérea, Ribero ha denunciado a los que él acusa de ser los verdaderos responsables de la muerte de Chaves.

Sus denuncias no han tenido efectos concretos.

De acuerdo con un documento escrito por Ribero y entregado a la fiscalía, el 7 de junio de 1976 él se encontraba en la Escuela de Comando y Estado Mayor Aéreo, en la base de Boiso Lanza, cuando se le apersonó el entonces teniente Enrique Bonelli, luego comandante de la fuerza, y le contó que había muerto un detenido en la unidad.

Al terminar las clases de las que participaba, continúa el relato, Ribero concurrió al comedor de la unidad donde se encontró con el mayor Abelardo Ríos, uno de los oficiales de mayor responsabilidad en la base. “¿Qué pasó, jefe?”, le preguntó Ribero a Ríos, hoy fallecido. “Se escapó uno”, le respondió.

El relato de Ribero continúa así: “Dicho jefe se encontraba en el costado de la calle interna y en ese momento ingresa a la unidad un vehículo de patrulla, bajando el teniente segundo Gustavo Urban, dirigiéndose a hablar con el mayor Ríos, por lo cual el suscrito se aleja prudencialmente, escuchando que (Urban) le dice (a Ríos): ‘compramos dos bolsas de cal y un litro de ácido, ¿la boleta se la entrego al teniente López?’ A lo cual el mayor Ríos le contesta: ‘No, rómpala’”.

Ribero cuenta que luego Urban se le acercó y, pensando que ya estaba enterado de la situación, le comentó: “Le puse una piedra de cal en cada mano y otra en la boca. El mayor Ríos nos dio una botella de whisky”.

“Dicho oficial se encontraba muy nervioso, y con una ansiedad muy notoria”, relata Ribero en el escrito. Concluye que Urban fue el “responsable del entierro de Ubagesner Chaves”.

Consultado en 2019 por El Observador sobre esta acusación, Urban dijo no tener nada que declarar ni conocer esas denuncias, y cortó la llamada.

Ribero no es el primer integrante de la Fuerza Aérea que acusa a Urban: también lo hizo el exsoldado, Elicer Perdomo.

En agosto de 2007, Perdomo acusó, en entrevista con TNU, a Urban y al oficial Roberto Cáceres de estar implicados en la desaparición de otro prisionero de Boiso Lanza, el tupamaro, Arpino Vega.


“Dos oficiales de la época en que yo estuve en la Fuerza Aérea, Cáceres y Urban, que eran capitanes en aquel entonces, tienen que saber, algo tienen que saber. Porque yo escuché una vez una conversación de ellos, que habían hecho algún movimiento. Porque el comentario de ellos fue: ‘ahora sí que lo busquen’, y estaban embarrados de la cintura para abajo”, dijo el exsoldado a la periodista.

Perdomo, en diálogo con El Observador en 2019, ratificó sus anteriores declaraciones a TNU. “Lo que declaré en 2007 es lo que yo sé. He tratado de averiguar más con mis camaradas, pero nadie habla”.

“Nunca detuve a nadie”

Para que Ribero fuera condenado por la muerte de Ubagesner Chaves jugó un papel central el testimonio de Gerardo Barrios, uno de los prisioneros de Boiso Lanza.

“En determinado momento –dijo Barrios en el juzgado– se cansan de torturarnos y me acuerdo que Ribero le decía a uno de los oficiales ‘vamos al casino a tomarnos una’. Dejan un soldado de custodia, se hace silencio y en determinado momento quedo parado contra la pared, Chaves tirado en la parrilla porque no podía estar de pie, y empiezo a notar que la respiración de Chaves es mala. Yo me doy cuenta y grito a la guardia que está mal, llaman al oficial y vienen un par de ellos, comprueban que está mal porque llaman un médico (…) A todo esto yo sigo parado ahí. Veo que entra el médico y puedo ver que el médico ausculta a Chaves y le dice a Ribero que está ahí: ‘sí, es el bobo’”.

Según la sentencia del caso, “existe prueba suficiente que acredita sus participaciones en calidad de autor a Ribero y de coautor a Araújo, del homicidio de Chaves Sosa. El primero, por haber contribuido eficientemente en la aplicación de torturas que determinaron el fallecimiento del detenido y el segundo, en tanto dirigió y facilitó la realización de tales apremios físicos”.

Ribero, en cambio, sostiene que no conoció a Chaves y que el testimonio de Barrios está influido por una enemistad que surgió en el penal de Libertad, cuando él era el encargado de oír, mediante micrófonos ocultos, las conversaciones de los presos de la dictadura.

Urban y Cáceres también fueron citados a declarar en el caso, pero negaron haber tenido relación con prisioneros.

Al mismo tiempo, Ribero, Urban y Cáceres están acusados en otra causa. El fiscal especializado en delitos de lesa humanidad, Ricardo Perciballe, pidió, meses atrás, el procesamiento de ellos y otros cuatro oficiales retirados de la Fuerza Aérea por las torturas a numerosos detenidos en Boiso Lanza entre 1972 y 1976.

Perciballe pidió el envío a prisión de Ribero, Urban, Cáceres, Walter Pintos, Roberto Amorín, Ramón Rodríguez López y Juan Antonio Rodríguez Goñi.

El fiscal también pidió la captura de dos oficiales retirados que hoy no estarían en Uruguay: Alfredo Fresia y José Eduardo Delgado.

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