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27 de septiembre 2018 - 14:10hs

La Corte Suprema de Estados Unidos, el máximo órgano judicial del país, representa a grandes rasgos la correlación de fuerzas políticas. Pero el gobierno tiene una herramienta para influir en su tendencia política: el nombramiento de nuevos miembros, que refrenda el Congreso ante el retiro o muerte de alguno de los integrantes. De esa manera, por vía indirecta, peude influir en algunas de las cuestiones más trascendentes de la sociedad: aborto, matrimonio igualitario, derechos civiles, porte de armas, libertad de culto.
Cuando asumió Trump, la Corte tenía un equilibrio de cuatro liberales y cinco conservadores, aunque como conservador se contaba a Anthony Kennedy, un juez moderado y ubicado casi al centro.

El nuevo integrante

Este año Keneddy anunció su retiro, lo que abrió otra vacante y la posibilidad de que ese “empate” de la Corte se rompa hacia un lado más conservador. Para ese cargo Trump propuso a Brett Kavanaugh, un juez católico y de buenas credenciales. La decisión es grande: si el presidente logra nombrar a un juez conservador, moldeará el perfil de la Corte Suprema para las próximas décadas.

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La acusación

Pero lo que parecía una casi segura victoria de Trump se oscureció. Es que durante el proceso de audiencias  a Kavanaugh, una excompañera de facultad, Christine Blasey Ford, lo acusó de haberla abusado durante una fiesta, en el año 1983, aunque nunca lo denunció.

El problema para Kavanaugh es que en Maryland, donde se dieron los hechos, las agresiones sexuales no prescriben. Por lo tanto, si la Justicia decide seguir el caso (hasta ahora el FBI se negó a tomarlo), se transformará en un serio obstáculo para la llegada del juez a la Corte. Por lo pronto, la mujer declara el jueves ante el Congreso.
En el medio, otras dos mujeres denunciaron abusos de Kavanaugh durante su juventud.

La explicación

Quienes trabajan con denuncias de agresiones sexuales, sostienen que es muy común que las víctimas no denuncien los hechos cuando ocurren, por culpa o vergüenza. Y dicen que el caso pasó a ser un símbolo de la lucha contra los abusos en todo Estados Unidos, en tiempos de #MeToo.

La defensa

Trump no demoró en salir a defender a Kavanaugh, y en poner en duda la acusación de Ford. Dijo que de haber existido la agresión, seguramente existirían documentos de su denuncia, cosa que, obviamente, no existe. 

A su vez, los defensores de Kavanaugh sostienen que sin la presunción de inocencia cae cualquier garantía de un sistema legal democrático. Y que, sin pruebas, el hecho termina siendo una discusión de palabra contra palabra. Entre los republicanos hay consenso de que se trata de una persecución política.

La trascendencia del caso

El hecho que la polémica esté centrada sobre un juez de la Corte Suprema, y que lo defienda Trump, hace que sea particularmente simbólico. 
Se trata de un buen resumen del debate en torno al MeToo: ¿creer a la mujer que denuncia abuso (en los que en muchos casos ya no existen pruebas por la naturaleza del abuso o por el tiempo transcurrido) o privilegiar el “debido proceso” tradicional?

El factor tiempo y las elecciones

En esta situación hay una fecha clave: las elecciones legislativas del 6 de noviembre. Si, tal como prevén las encuestas, el Partido Demócrata recupera el poder de la cámara baja (hay algunas encuestas que hasta le dan el control del Senado), la nominación de Kavanaugh quedará muy comprometida.

De hecho, los legisladores republicanos que integran el comité que sigue el tema decidieron contratar a una abogada mujer, Rachel Mitchell, para conducir el interrogatorio a Beasley Ford. Es que todos temen que, cuando el #MeToo está en apogeo, la imagen de un grupo de varios legisladores hombres cuestionando a una mujer que denuncia un abuso se termine transformando en un desastre de imagen para los republicanos, a menos de dos meses de unas elecciones parlamentarias donde se juegan la mayoría parlamentaria.
 

Temas:

Estados Unidos #MeToo abuso sexual

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