29 de mayo de 2014 15:12 hs

Recostado en el sillón de su oficina, con la mirada perdida en los documentos, Carlos repasaba mentalmente cómo había cambiado el mundo en los últimos30 años. Siquiera una empresa agropecuaria de un pequeño país se había escapado al impacto de un planeta hiperconectado.

Durante esos años Carlos había tomado decisiones de incorporación de tecnologías, reestructura organizacional, reingeniería de procesos y otras medidas que le permitieron enfrentar nuevos desafíos. Sin embargo, él recordaba que el área más sorprendente de abordar fue la llamada “inteligencia de género”. Ésta aboga que las diferencias de comportamiento entre mujeres y hombres no se deben a fenómenos sociales, sino a diferencias en la conformación de las áreas cerebrales, sus conexiones y la reacción a estímulos. Estas diferencias determinan formas disímiles de enfrentar situaciones y pueden provocar “puntos ciegos”, es decir, desencuentros debido a que cada género supone que el otro se comporta en forma semejante.

Carlos recuerda cómo llamaba su atención cuando la gerente de marketing reclamaba apoyo. No entendía qué hacía mal, él le asignaba un trabajo y respetaba su espacio, si ella necesitaba apoyo pensaba que lo pediría. La inteligencia de género le mostró diferencias sustanciales; ellos necesitan espacio, resolver sus desafíos sin que les ofrezcan apoyo, pues podría interpretarse como que no tienen la capacidad suficiente. Ellas, muy por el contrario, necesitan ser consideradas a través de ofrecerles apoyo, no quiere decir que no puedan con el trabajo, sólo que su forma de enfrentarlo es compartiéndolo con otros recabando opiniones.

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Carlos aún podía sentir la sensación de poca ejecutividad cuando en las reuniones sus colegas mujeres volvían sobre los puntos tratados. Parecía que no querían resolver y tuviesen todo el tiempo del mundo. Contrario a esto, a lo largo de los años Carlos aprendió que varias decisiones fueron las correctas por esa inclinación de ellas a mirar el problema desde distintos ángulos.

Hace años Carlos implantó en la empresa un programa de mejora continua. Los grupos liderados por mujeres constantemente planteaban mejoras, los liderados por hombres enfrentaban el problema inicial y luego desatendían su revisión. La diferencia es que ellas tienen una motivación natural a mejorar las cosas, en cambio para ellos sólo vale la pena invertir tiempo en algo que no funciona y debe arreglarse.

Solía preocuparle a Carlos las continuas quejas de los hombres por la supuesta sensibilidad de las mujeres. Carlos entendió que está sensibilidad, a diferencia de los hombres, es fuente de fortaleza para ellas y que es lo que les permite acceder rápidamente a las memorias de episodios del pasado, lo cual es fundamental a la hora de no cometer los mismos errores.

“Los hombres no escuchan”, replicaba la gerente de marketing dejando ver su frustración a la hora de tratar distintos asuntos. Carlos tardó algunos años en comprender que ellos tienen un pensamiento secuencial, dónde van parte por parte. Ellas en cambio pueden considerar el todo y sus conexiones. Ambos tienen diferente forma de abordar un problema, y por tanto, de comunicarse y escuchar.

Para Carlos la inteligencia de género había resultado la revelación más profunda de lo complementarios que son mujeres y hombres, las dificultades de los puntos ciegos y de cómo afrontarlos. En este mundo hiperconectado, dónde todo tiene que ver con todo, parecería poco prudente no potenciar los esfuerzos con el trabajo conjunto de ellas y ellos.

Carlos volvió a sus documentos, instante en que entra a la oficina Alicia, vieja amiga y mano derecha, “aquí tienes el resumen del impacto de las variables de mercado y logística… creo te será más fácil considerar las alternativas”. Lo sorprende una espontánea sonrisa cómplice, cosa que no pasa desapercibida para Alicia, “¿ocurre algo?”. Carlos piensa en la suerte que tiene, no hay puntos ciegos en la empresa; ellas y ellos, tan complementarios y necesarios cómo cuándo Dios creó a Adán y Eva.

(*): Basado en la serie de libros “Marte y Venus” y en la extraordinaria perspectiva que imprime a la vida mi esposa

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