25 de abril de 2022 5:00 hs

"Justo a tiempo". Así se llama un informe del Banco Mundial, en el que esa institución advierte sobre los desafíos que enfrenta Uruguay ante el envejecimiento de su población, los cambios tecnológicos, las regulaciones laborales y las habilidades que los trabajadores deberán tener para enfrentar los próximos años.

El trabajo, al que accedió El Observador, fue elaborado por el economista argentino Ignacio Apella, que se presentó el miércoles pasado en el Parlamento, y sobre cuyo título se permitió ironizar para graficar la situación. "Para Argentina o Brasil podría aplicarse en parte, pero para Uruguay es justo ahora o nunca", sostuvo. Según dijo, el país está en plena transición demográfica, con características más parecidas a las naciones europeas que a sus vecinos de la región. Es decir, una sociedad muy envejecida. 

El economista advirtió que la situación presenta ciertos desafíos a largo plazo, sobre todo por incrementos en gastos en salud y en pensiones. Pero también desde el punto de vista económico. "Una población más envejecida implica un menor tamaño de la fuerza laboral", dijo. "Esto plantea una limitación para el crecimiento del PBI per cápita". 

Abella sugirió a los legisladores empezar a discutir seriamente y con una mirada a largo plazo dos grandes dimensiones. Una está asociada a cómo extender la "bonanza" que para Uruguay presenta transitoriamente la demografía. Al mismo tiempo, señaló, el gran desafío de cómo incrementar el capital humano. 

Más noticias

En la primera dimensión, explicó, se debería trabajar en incentivar el retraso de la salida del mercado laboral de los trabajadores sin que eso signifique aumentar le edad de retiro. El objetivo, dijo, sería expandir el tamaño de la fuerza de trabajo en el mediano plazo. También incrementar una mayor participación laboral de las mujeres. 

Según su explicación, Uruguay está en la mitad de su "bono demográfico", medido por el porcentaje de su población pasiva (menor de 15 años y mayor a 65) dividido sobre el porcentaje de las personas activas. El problema es que para salir de ese "bono" le faltan apenas 20 años.  A Paraguay, por ejemplo, le resta todavía medio siglo. 

Un problema conexo es que, a medida que se sale del "bono demográfico" cae el ritmo de crecimiento económico. Para mantener ese ritmo, tiene que aumentar el "segundo bono", que es la productividad. Para lograrlo, dijo, se debe invertir en capital humano y físico. 

"Tenemos que aprovechar hoy, justo ahora, que es cuando tenemos el mayor tamaño de la población en edad de trabajar", dijo. Una población que, en promedio, es la que tiene capacidad de ahorro y en donde, de todas formas, Uruguay presenta una de las tasas más bajas de la región. El economista del Banco Mundial sugirió generar incentivos para retrasar la edad de retiro, y así poder incrementar con adultos mayores el tamaño de la fuerza laboral.

"Desde el punto de vista del capital humano, hay que pensar en una reforma del sistema educativo en su totalidad", afirmó. "Sé que es difícil, pero hay que empezar a buscar consensos para mejorar el contenido y el 'cómo', es decir, qué les enseñamos a los niños y de qué manera lo hacemos. Algo que sea relevante para el futuro".

Por otra parte, Abella llamó a reconocer que el proceso formativo de una persona no termina con el sistema educativo formal. Algo que hoy, apuntó, puede durar todo el ciclo de la vida dado el contexto de cambios tecnológicos y productivos. Allí juegan un papel clave los programas de formación continua para la formación y la adaptación de la fuerza de trabajo. 

En el trabajo presentado en el Parlamento también se habla de cambio tecnológico. Si bien en términos de eficiencia puede significar una ganancia, el economista llamó a prestar atención a los impactos que esto puede tener en el mercado laboral y en la distribución del ingreso. 

Según Abella el avance tecnológico no representa una pérdida de empleo. Lo que puede haber, dijo, es un potencial cambio en el perfil de los empleos. Además, no todas las tareas pueden ser automatizadas. Las no rutinarias, por ejemplo, son difíciles de robotizar. "No hay un algoritmo que permita contemplar todas las variantes", sostuvo. También las que requieran la resolución de problemas. 

En las últimas dos décadas Uruguay estuvo allí alineado a los países desarrollados: vivió un gran incremento de la importancia relativa en el empleo de las tareas cognitivas no rutinarias. Por otro lado, hubo una disminución de la importancia relativa de las tareas manuales. 

La inquietud surge, dijo, porque también hubo un gran incremento de los trabajos cognitivos rutinarios. "Es donde camina la clase media", remarcó. Así, el empleo se desarrolla con mucha intensidad en este tipo de tareas, muchos trabajadores quedan expuestos a que sus trabajos sean automatizados en el futuro. 

Abella señaló que hoy para los países en vías de desarrollo el costo de adquirir una máquina para este tipo de tareas es relativamente más cargo que el costo laboral. A medida que estas nuevas tecnologías se estandaricen, se incrementará la escala de producción, bajan los costos y el precio. 

"El riesgo que vemos en Uruguay no es de desempleo tecnológico, sino de polarización del mercado laboral y mayor desigualdad", dijo. Eso se traduciría en una distribución extrema del trabajo en dos grandes grupos. Uno con mayor nivel de calificación, productividad e ingreso. El otro, en el sentido contrario. 

Abella sostuvo que en Uruguay hay un incipiente proceso de polarización. "Allí es donde se encienda la luz roja", advirtió. Para atajar este desafío hay  un camino:  tratar de extender el "bono demográfico" lo máximo posible y así ganar tiempo para poder incrementar la tasa de ahorro, la inversión y la acumulación de capital físico y humano. 

Otro factor importante, dijo, será promocionar las habilidades socioemocionales y cognitivas complejas de los trabajadores, pero sobre todo su flexibilidad, adaptabilidad y habilidades blandas. 

La natalidad 

En la comisión que recibió este informe estaba el senador Guido Manini Ríos (Cabildo Abierto), que en agosto del año pasado había planteado otorgar incentivos económicos para fomentar la natalidad en Uruguay. Manini Ríos consultó allí si el "bono demográfico" se podría incrementar a través de políticas adecuadas para favorecer los nacimientos. 

Abella sostuvo en respuesta que a medida que los países se desarrollan el costo de criar un niño se eleva. Así, las familias toman decisiones en función de esa realidad. Por otra parte, dijo, un factor muy importante está relacionado con la reducción significativa del embarazo adolescente. Al hablar de políticas de incentivo a la fecundidad, el economista dijo que la pregunta que hay que responder es "cuánta plata hay que dar".

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos