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Al golpear a China, Trump da la espalda a las industrias emergentes de EEUU

Especialistas argumentan que el gobierno necesita una estrategia proactiva para respaldar la innovación y la tecnología

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27 de junio de 2018 a las 05:00

New York Times News Service
Por Jim Tankersley y Cade Metz

Lo que hay detrás del plan de la Casa Blanca para castigar a China con aranceles y otras restricciones es una inquietud creciente de que Pekín está utilizando la política industrial para dominar industrias del futuro, a costa de Estados Unidos y otras naciones.

El jueves, el gobierno de Trump presentó su caso en un informe de 35 páginas titulado: "Cómo la agresión económica de China amenaza las tecnologías y la propiedad intelectual de Estados Unidos y el mundo". El documento brinda detalles exhaustivos de los pasos que realizan los funcionarios chinos para proteger y promover sus industrias nacionales, y perjudicar a los competidores extranjeros. Entre estas maniobras se encuentran el uso de los subsidios gubernamentales, el ciberespionaje y las transferencias forzadas de propiedad intelectual de firmas estadounidenses y extranjeras a empresas chinas.


Estados Unidos intenta estropear el dominio de China castigando a Pekín. Sin embargo, todavía falta detallar la manera en que planea aumentar el dominio estadounidense sobre las industrias que impulsarán el crecimiento económico y laboral en el futuro, o cultivar lo que los funcionarios del gobierno de Estados Unidos llaman las "joyas de la corona de la tecnología y la propiedad intelectual estadounidenses".

El pasado martes, en una conversación con reporteros, un alto funcionario del gobierno dijo que los aranceles de Trump estaban diseñados para beneficiar las industrias estadounidenses de alta tecnología con el tipo de "depredación" que ha usado China en el pasado.

Consecuencias no deseadas

Muchos economistas aseguran que estas medidas son insuficientes —y lo más probable es que también sean contraproducentes— para poner a competir a las empresas estadounidenses en industrias emergentes globalizadas y de tecnología de punta. Los especialistas argumentan que el gobierno necesita una estrategia proactiva para respaldar la innovación y la tecnología en Estados Unidos. Esto incluye invertir en el gasto federal para la investigación y el desarrollo, así como en las habilidades de los trabajadores, atraer más estudiantes extranjeros de alto calibre a los programas estadounidenses de posgrado, y albergar industrias avanzadas como las de biodefensa e inteligencia artificial.

La prosperidad de industrias como la de los semiconductores en Estados Unidos "no dependerá del éxito que tenga el país para detener el progreso de China, sino más bien de su capacidad de sostener y apoyar la innovación de las empresas de EEUU", escribió esta semana Laura D'Andrea Tyson, una exasesora sénior de economía del presidente Bill Clinton.

En vez de poner la mira en la innovación, hasta la fecha los esfuerzos políticos del gobierno se han concentrado principalmente en apoyar industrias antiguas como la minería de carbón y la producción de acero las cuales han perdido cientos de miles de empleos en décadas recientes y pocos economistas creen que generarán un crecimiento laboral significativo en los años por venir.

Mientras tanto, China busca apoyar las empresas que demuestren una estrategia ganadora hacia el crecimiento. El gobierno obliga a las firmas subsidiadas y protegidas a competir en el mercado global, y cierra las que son incapaces de rendir, afirmó Ann Harrison, una economista especializada en política industrial de la Escuela Wharton en la Universidad de Pensilvania.

"Las firmas reciben apoyo pero, si no funcionan, las cierran", señaló Harrison. "Es muy diferente de la política industrial de Trump. Lo que en verdad estamos haciendo es no apoyar a las industrias emergentes. Estamos abandonando las industrias débiles".

A muchos expertos les preocupa que Estados Unidos no esté haciendo lo suficiente para que sus industrias avanzadas compitan, no solo con China, sino con el resto del mundo.

Expertos en inteligencia artificial aseguran que el gobierno debería buscar una mayor inversión en investigación académica y gubernamental, en vez de recortar el presupuesto para la investigación científica en todo el gobierno. Uno de sus argumentos es que la política migratoria del gobierno ha asustado a muchos investigadores de inteligencia artificial nacidos en el extranjero que radicaban en Estados Unidos.

Estados Unidos tiene una larga historia de política industrial, incluido el rescate financiero de la industria automotriz que ejecutó el gobierno de Obama durante la crisis financiera y los esfuerzos subsiguientes para impulsar la manufactura avanzada.

"Buscamos tener un enfoque estratégico con el fin de que se aceptara que hubo un impacto positivo para la innovación y los empleos, no solo protegiendo la base manufacturera —como lo hicimos con el rescate automotriz—, sino también haciendo que Estados Unidos fuera un lugar atractivo para construir lo que estaba por venir en la manufactura", comentó Gene Sperling, quien fue director del Consejo Económico Nacional durante gran parte del gobierno de Obama.

Los legisladores en Washington tienen una gran variedad de herramientas para inclinar el campo económico a favor de industrias particulares. En diciembre, Trump firmó una ley tributaria que redujo un 21% la tasa del impuesto corporativo, una maniobra que ayudó de forma desproporcionada a los bancos y las empresas inmobiliarias.

El mandatario ha relajado las regulaciones para la exploración de combustibles fósiles y otras industrias.
Sin embargo, no ha mencionado el apoyo para ninguna industria de crecimiento emergente, como lo hizo el presidente Barack Obama.

(Jim Tankersley colaboró con el reportaje desde Washington y Cade Metz desde San Francisco. Ana Swanson colaboró desde Washington).

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