Opinión > OPINIÓN

Alerta a los uruguayos: en junio se elige al presidente

Los posibles votantes parecen no reparar en la importancia de las elecciones internas

Tiempo de lectura: -'

08 de noviembre de 2018 a las 05:02

Por estos días en los que la campaña electoral se precipita hacia su destino final del próximo noviembre, conviene recordar esa estación intermedia desdeñada por la mayoría de los uruguayos y a la que, extrañamente, se la considera un comicio de segunda,  un torneo menor, de esos de iniciales avanzadas en el abecedario deportivo.

Las elecciones internas de junio, ese episodio que, desde su instauración en 1999 ha convocado a menos del 50% de los habilitados para votar, son sin embargo, igual de importante que las nacionales de octubre o que el balotaje de noviembre para elegir a la persona que presidirá el país.

Allí comienza el proceso, allí quedan por el camino o prosperan las candidaturas que definirán el partido de fondo y, sin embargo, parece que se jugara poco. Es más, la participación en esa instancia ha ido disminuyendo casi progresivamente. En 1999 votó el 44% del padrón, en 2004 el 46%, en 2009 el 45% y en 2014 la cifra se desplomó al 37%.

Las internas son desdeñadas por la mayoría de los uruguayos, las consideran un comicio de segunda, un torneo menor, de esos de iniciales avanzadas en el abecedario deportivo.

El senador nacionalista Luis Alberto Heber está fracasando en estas horas en su intento de que se apruebe una ley para que las próximas internas se realicen el 23 de junio y no el 30 como está previsto. Los motivos esgrimidos por el legislador nos anotician de cierta tendencia de los uruguayos a privilegiar lo accesorio por sobre lo importante. En esos días se juegan las instancias finales de la Copa América y los estudiantes gozan las vacaciones invernales. En definitiva, los ya desentendidos posibles votantes tendrán más razones para prescindir de las urnas.

Pero, repito, los uruguayos parecen no entender la importancia de las elecciones internas. ¿O es que en realidad  votan cuando se los obliga y eso de la cultura cívica es un cuento oriental?

¿Cómo es posible que dejen en manos de otros la elaboración del menú en el que tendrán que poner el dedo en octubre? No es cierto que todo es igual, que nada es mejor. Lo más sensato sería ir y votar al más le guste o –así están las cosas- al que menos le disguste.

Mire que Lacalle Pou amenaza con comerse crudos a los niños de la izquierda pero Larrañaga dice que sólo él puede desbancar al Frente y ponerle fin a la inseguridad pública. ¿O me va a decir también que es igual el dos veces presidente Julio Sanguinetti de 82 años al economista Ernesto Talvi, abanderado de la renovación colorada?

Y, si decide darle otra chance al Frente Amplio, ¿ni le va ni le viene que el que encabece los próximos cinco años de gobierno sea el intendente socialista Daniel Martínez, algún representante del mujiquismo o un seguidor de la línea económica de Danilo Astori?

Por otro lado, la escasa participación propicia que los políticos con un mayor aparato, con más dinero, con la capacidad mecánica de trasladar personas, pero no necesariamente con mejores ideas, corran con ventaja.

Como sea, indefectiblemente, lo que suceda o deje de suceder en junio será irreparable en octubre. Después no se queje si se tiene que tragar, sí o sí, la comida que le eligieron otros.

REPORTAR ERROR

Comentarios

Contenido exclusivo de

Sé parte, pasá de informarte a formar tu opinión.

Cargando...