El comportamiento en la vida cotidiana > COMPORTAMIENTO/ ROBERTO CAVA DE FEO

Algunos momentos de la vida cotidiana con términos nuevos

Hemos recorrido juntos algunas consideraciones. Sé que pueden resultar antediluvianas pero no lo son

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24 de noviembre de 2017 a las 05:00

Finalizaba una graduación universitaria y desde la mesa presidencial salió claramente por los altavoces un mensaje a los graduados. Fue el siguiente: "Ahora, salimos en procesión y los saludaremos en el vestíbulo". Esas palabras al igual que "caballero", "gaseosa" y algunas más, son las logran desconcertarme. Más sereno, va mi memoria a tres sustantivos. Ellos son "procesión", "cortejo" y "desfile.

El uso de los mismos en la vida cotidiana no pasa inadvertido. "Procesión" se emplea en los ámbitos religiosos. Es el andar o el caminar de las personas hacia un sitio. Por eso, nuestro Cardenal Arzobispo ingresa y sale de la Matriz procesionalmente. En cambio "cortejo" la utilizamos para el desplazamiento de las personas de una manera ordenada. Así decimos "cortejo nupcial", "cortejo académico", "cortejo fúnebre". A Rubén Darío se le perdona porque en su "Marcha triunfal"" prefirió usar "cortejo" en lugar de "desfile". "Ya viene el desfile" hubiese sonado extraño y alejado de la grandiosidad sonora y poética. Cuentan que la escribió en la isla "Martín García".

Vuelvo al comienzo con la graduación universitaria. En los actos oficiales y privados, la persona de "mayor dignidad" ingresa en último término y se retira en primer lugar. Por eso, el presidente de la República, si asistiera a una función en el Solís en conmemoración de nuestra Independencia, ingresaría una vez que el público hubiese ocupado sus asientos. Lo de "mayor dignidad" o "mayor respeto" va también para las más diversas ceremonias públicas y privadas. La discriminación no podrá contra la voluntad de los habitantes de la República que han elegido al Presidente. Entre nosotros el padrino acompaña a la novia en una boda. Son los últimos en entrar a la iglesia. Si hubiera un cortejo con niños, ellos ingresarán en primer término. Al terminar la ceremonia, los niños irán detrás porque los desposados saldrán primero.

Hemos pasado por sitios variados. Hay también tres términos que no pueden confundirnos. Por una parte está el "podio". El diccionario de nuestra lengua española dice que es una plataforma o tarima sobre la que se coloca a alguien para ponerlo en un lugar preeminente por alguna razón, como un triunfo deportivo, el hecho de presidir un acto oficial, dirigir una orquesta, etc. Por eso hemos visto ocupar esos sitios a Suárez, a Cavani, a Forlán y a Piero Gamba, Martin Bergengruen.

En las iglesias hay "ambones" y todavía se conservan algunos "púlpitos". Desde el ambón se hacen las lecturas bíblicas y desde allí predica el obispo, un sacerdote o un diácono. Por lo general es sólido y se coloca a la derecha del altar. En el archivo de las anécdotas sobresale un presidente argentino. El, disconforme con unas palabras del obispo, se puso de pie y fue al ambón para refutarlo.

¿Qué es un "púlpito"? Los encontraremos y se conservan aunque no se utiliza en nuestros días. Fue reemplazado por el ambón. El púlpito es una plataforma pequeña y elevada. Sus partes tienen nombres propios. Son taza, antepecho y tornavoz. Siglos antes de la contemporánea tecnología, el "tornavoz" permitía la llegada de la voz del predicador hasta e último rincón de un templo. Es verdad que la oratoria sagrada tenía unas formas propias diferentes de las actuales.

Hemos recorrido juntos algunas consideraciones. Sé que pueden resultar antediluvianas pero no lo son. Viene a mi cabeza un pensamiento de Zorrilla de San Martín. Nos dice que "los niños y aun los jóvenes, creen que los viejos han sido siempre viejos. Y les parece, en cambio que su juventud es eterna. Es uno de sus encantos". Respeto a las generaciones anteriores a la mía, pero acudí a nuestro vate para poner a salvo esta nota de hoy en El Observador.

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