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16 de noviembre 2023 - 5:03hs

Un informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) destaca cómo los exitosos proyectos de energías renovables de Latinoamérica y sus abundantes recursos naturales podrían posicionarla como una región clave para acelerar las transiciones sostenibles dentro y fuera de sus fronteras.

Según el artículo publicado en el portal Diálogo Chino, Fatih Birol, Director Ejecutivo de la AIE, los combustibles fósiles representan actualmente dos tercios de la ecuación energética de América Latina, por debajo de la media mundial del 80%. A su vez, el 60% de su electricidad procede de energías renovables.

Produce más de un tercio del cobre y el litio del mundo, fundamentales para la transición energética y tiene un gran potencial para las energías solar y eólica. Eso permite a América Latina “desempeñar un papel protagónico en la nueva economía energética mundial”, afirma Birol.

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Sin embargo, el informe también revela el rol de los combustibles fósiles en las economías latinoamericanas. La AIE advierte la necesidad de aumentar las inversiones en energías limpias para lograr transiciones equitativas.

El reporte de la AIE establece tres desafíos. Primero, el que refleja las políticas actuales, que si no se modifican llevarías la temperatura global a 2,4ºC por encima de los niveles preindustriales en 2100. Segundo, si los gobiernos cumplirán sus compromisos en materia de clima y energía incluidos los objetivos del Acuerdo de París de cero emisiones netas asumidos por 16 de los 33 países de la región. Tercero, un escenario de cero emisiones netas para 2050, coherente con un aumento de la temperatura global de 1,5°C en 2100, que es imprescindible para el planeta.

América Latina cuenta con uno de los sectores eléctricos más limpios del mundo, en el que la energía hidroeléctrica (45%) constituye la mayor parte de la generación. Se prevé que la región registre un crecimiento significativo de la producción de electricidad renovable al 80% en 2050 solo con las políticas actuales.

Sin embargo, el informe de la AIE advierte que la expansión de energía hidroeléctrica se vea limitada por las sequías y los cambios en los regímenes de precipitaciones a causa del cambio climático.

En cambio, el desarrollo de la energía solar y eólica, tanto terrestre como marítima, presenta enormes oportunidades para la región, según la AIE, con países como Brasil y Chile a la cabeza. Según la agencia, Brasil, México, Colombia, Chile y Perú han añadido en los últimos años más capacidad de energía solar que África, Oriente Medio, Rusia y Asia Central juntos. Sólo Brasil ha añadido  Un Gv de capacidad solar cada mes desde julio de 2022.

Según la AIE, este potencial de energías renovables podría permitir a América Latina producir hidrógeno de bajas emisiones a un costo inferior al de la mayoría de las demás regiones del mundo, lo que podría utilizarse para contribuir a la descarbonización de sectores industriales y de transporte.

Varios países latinoamericanos ya han incursionado en el incipiente mercado del hidrógeno verde. Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Panamá y Uruguay ya anunciaron proyectos de producción basados en la electrólisis del agua. Algunos chocan con el rechazo de comunidades y grupos ecologistas debido a la preocupación por su demanda de agua en zonas propensas al estrés hídrico.

A pesar de los avances, los combustibles fósiles siguen siendo la principal fuente de energía en la región, y el petróleo sigue siendo el combustible dominante en muchos países, principalmente por su uso en el transporte y la industria.

La región posee alrededor del 15% de los recursos mundiales de petróleo y gas natural, y menos del 1% de los recursos mundiales de carbón. Entre ellos hay grandes reservas de gas de esquisto, algunas de las cuales se están explotando activamente en Argentina, que se está posicionando como exportador de gas.

Brasil, Venezuela y Colombia se encuentran entre los principales exportadores de petróleo de América Latina, mientras que Chile, República Dominicana y Panamá se encuentran entre los países altamente dependientes de las importaciones de petróleo y gas para satisfacer las demandas energéticas nacionales.

La AIE señala que la producción de petróleo y gas en la región aumentó alrededor de un 5% en 2022 y se espera que crezca este año. Además, se prevé que la producción de petróleo de la región supere el crecimiento de la demanda en 2030 y que el aumento productivo se destine a la exportación.

Aunque la demanda total de energía en América Latina aumenta en cada uno de los escenarios de la AIE, con las políticas actuales, la agencia prevé que los combustibles fósiles seguirán satisfaciendo la mayor parte de la demanda energética y que caerá del 67% en 2022 al 63% en 2030. Si se cumplen los compromisos anunciados, el consumo de todos los combustibles fósiles alcanzará su punto máximo a mediados de esta década y su cuota en la combinación energética descenderá al 57%.

En el ambicioso escenario de “cero emisiones netas”, una adopción más rápida de las energías renovables y una mayor eficiencia energética reducirían la cuota de los combustibles fósiles hasta el 50% en 2030.

Las ventajas de la región están en que la región tiene la mitad de las reservas mundiales de litio y más de un tercio de las reservas de cobre y plata. También cuenta con cantidades significativas de grafito, níquel, manganeso y elementos de tierras raras fundamentales para la transición energética.

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Sólo Brasil posee alrededor de una quinta parte de las reservas mundiales de cada uno de estos recursos, aunque su producción es actualmente relativamente baja. También posee importantes reservas de bauxita, material utilizado en la producción de aluminio y un componente clave en las líneas eléctricas.

La AIE afirmó que los gobiernos deben garantizar que las empresas cumplan las normas medioambientales y sociales, reconociendo que existe un “sentimiento antiminero” generalizado entre las comunidades locales tras los graves desastres ambientales de la última década, como el colapso de la represa de residuos de Brumadinho en Brasil en 2019.

Stephanie Bouckaert, autora principal del informe de perspectivas de la AIE, declaró en su presentación el 8 de noviembre que la expansión hacia los niveles superiores de la cadena de suministro es “una oportunidad para el mundo”, ya que el procesamiento y refinado en una región con una elevada cuota de electricidad de bajas emisiones significa que “los minerales críticos serán más ecológicos”.

A pesar del potencial, la AIE advirtió que América Latina aún se enfrenta a uno de los niveles más bajos de inversión en energía en relación a sus PIB, por debajo del 3% entre 2014 y 2022, detrás de Rusia y Asia Central (5%) y África subsahariana (4%) durante el mismo período.

Para cumplir los compromisos anunciados en materia de clima y energía, la financiación de las energías renovables en América Latina tendría que duplicarse para 2030 hasta alcanzar los U$S 150.000 millones y quintuplicarse para 2050.

El informe hace especial mención a los bancos de desarrollo chinos como fuente notable de financiación en el sector energético para algunos gobiernos de la región, pero señala el rápido descenso de estos préstamos desde 2016.

Al menos 17 millones de personas, en torno al 3% de la población de la región, siguen sin tener acceso a la electricidad, mientras que 74 millones carecen de medios para cocinar de forma limpia, un factor de contaminación y mala salud. “Hay que hacer más para lograr el acceso universal en ambos frentes”, afirma la AIE.

El informe también se centra en las implicaciones de las transformaciones de las energías limpias para el empleo regional. El sector energético representa actualmente alrededor del 2% de la mano de obra de América Latina y el Caribe, unos 6 millones de puestos de trabajo. Si se cumplen los compromisos anunciados, esta cifra podría aumentar en un 15% para 2030, con hasta 4 millones de personas trabajando en energías limpias.

Sin embargo, el sector energético de la región puede enfrentarse a nuevos retos debido a los efectos del cambio climático. Según la AIE, se prevé que para 2050 más del 70% de la capacidad hidroeléctrica instalada en la región se enfrente a climas más secos, con países que ya han experimentado graves caídas de la producción durante las recientes sequías, exacerbadas por el cambio climático.

También preocupa el aumento de las temperaturas, que podría mermar la eficiencia de la energía solar y eólica, a menos que se hagan esfuerzos para aumentar su resistencia.

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Esto podría solucionarse en parte con una mayor integración energética regional, que actualmente sigue siendo limitada en América Latina, según la AIE. “Vincular la demanda y el suministro de electricidad de diferentes zonas climáticas proporciona una mayor resistencia a las condiciones cambiantes”, escribe la agencia, señalando que esto también podría ayudar a los países a hacer frente a la intermitencia de la generación de energía renovable.

La transición energética, afirmó José Manuel Salazar-Xirinachs, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de la ONU, en la presentación del informe, podría ser una “triple solución verde” para la región, para mejorar el bienestar, construir economías sostenibles y resilientes e impulsar la descarbonización para proteger el medioambiente.

“Del informe se desprende un mensaje claro: América Latina y el Caribe tienen una gran oportunidad al alcance de la mano”, afirmó Birol. “Sin embargo, la transición hacia las energías limpias tiene que ser ordenada. No se puede pasar de un día para el otro de economías basadas en el petróleo y el gas a basadas en energías limpias. Todos los segmentos de la población tienen que beneficiarse de la transición, especialmente los económicamente desfavorecidos”.

(extractado de Diálogo Chino)

 

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