En conferencia de prensa tras hablar de la ronda Doha de la Organización Mundial del Comercio en la prestigiosa London School of Economics, donde él mismo estudió en su juventud, Amorim destacó el compromiso del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el primer ministro británico, Tony Blair, a favor de una reunión de ese tipo.
Amorim explicó que en la cumbre propuesta deberían participar jefes de Estado o de Gobierno de los principales grupos negociadores y no sólo el G-20 (países en desarrollo con intereses comunes en agricultura), o el G7 de países más ricos, sino también los de los países pobres integrados en el G-90.
Amorim negó, por otro lado, que los países en desarrollo tengan que rebajar sus barreras arancelarias a los productos industriales en la misma medida en que exigen a los desarrollados que abran sus mercados agrícolas y recordó que muchos de aquellos ya liberalizaron industrias y servicios en la anterior ronda Uruguay.
Amorim reconoció en todo caso el avance conseguido al fijarse finalmente en la OMC una fecha (2013) para la eliminación de los subsidios a las exportaciones, una vieja reivindicación de los países en desarrollo.
Brasil no acepta por otro lado, dijo, que se permita a los europeos hasta un 8 por ciento de los llamados "productos sensibles", que seguirían protegidos con un arancel especial y que coinciden precisamente con los de principal exportador para los países en desarrollo.
Amorim negó, por otro lado, "el mito de que Brasil o Argentina" sólo defienden sus intereses aun a costa de perjudicar a los más pobres con la llamada erosión de preferencias como consecuencia de la reducción general de aranceles.
Tanto en su conferencia en la LSE como en su reunión con los periodistas, Amorim hizo una encendida defensa del sistema multilateral de comercio y dijo que los países latinoamericanos que han firmado bilateralmente tratados de libre comercio con Estados Unidos no han logrado, por ejemplo, la eliminación de las subvenciones como se busca hacer en la OMC.
(EFE)