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Andy Vila: “Me da miedo sentirme el centro del mundo”

La actriz y comunicadora vive un año intenso entre televisión, radio y teatro. Habla del machismo en los medios y de cómo enfrenta la crítica constante 

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25 de mayo de 2019 a las 05:04

Andy Vila abre con fuerza la puerta de su apartamento en Pocitos y se disculpa: “Perdón la pinta, acabo de llegar”. Tiene el pelo atado en una colita desprolija, la cara lavada y viste un conjunto deportivo de licra negra y gris. 

Su living se ve como el de alguien que se acaba de mudar: las paredes desnudas, un sillón marrón con almohadones rojos, una alfombra negra y una mesa ratona sobre la que hay varias velas aromáticas, las llaves del auto y el control remoto de la televisión. Al costado una pila de libros, cables y dos pufs blancos.

Se mudó sola en febrero y todavía no terminó de instalarse. Cuenta que esta semana le llega un juego de sillones nuevos que días más tarde va a agradecer con historias y posteos en su cuenta de Instagram a la marca que se los mandó.

Falta poco para el invierno pero apenas pasado el mediodía el sol pega de lleno en su terraza, amplia, con un parrillero de ladrillos y algunas macetas. Entonces elige hacer la entrevista afuera. Dice, mientras se prepara un té verde, que hubiese preferido mudarse a una casa.

Vila (32) se sienta, suspira, le da un sorbo a la taza. “Estoy al palo, divino, pero hay momentos de mucho. Aunque bueno, viste que este laburo es así, hay rachas”. Y la de estos primeros meses del año resultó ser una demasiado intensa para la comunicadora que todos los días conduce un programa de televisión en canal 4 y otro de radio en Universal mientras intercala ensayos hasta la madrugada de una obra de teatro que se estrena en junio.

La historia de cómo una joven actriz llegó a la televisión y se convirtió en uno de los personajes más mediáticos en Uruguay empieza hace más o menos 15 años. Vila, que dice fue una niña “figureti” y protagonista de todas las filmaciones caseras en su casa, venía de una adolescencia repleta de castings y alguna que otra campaña publicitaria. Sus padres –empleados públicos– y sus hermanos –tiene dos, ella es la del medio– siempre estuvieron alejados de los medios. “No sé de dónde lo sacaste”, le decían cuando mostraba un interés inusual por las cámaras, las luces, la atención. “Todo ese mundo me parecía seductor y yo sentía que encajaba ahí”, recuerda. 

Cuando terminó el liceo sabía que quería mantenerse en el medio artístico, pero creía que tendría más chances si seguía una carrera tradicional. Cuatro meses le duró esa trampa al solitario en la que cursó relaciones internacionales porque mezclaba sociabilizar, con comunicación y viajes. Abandonó y fue hasta la Universidad Católica a conocer la propuesta de la licenciatura en Comunicación. El que recibía a los posibles alumnos en aquel entonces era productor de Teledoce. “Le terminé contando que a mí me gustaba el trabajo delante de cámaras, pero no me imaginaba periodista”. El productor quedó en avisarle sobre futuros castings y propuestas en el canal.

Meses después la convocaron a una prueba de cámaras. Pasó el tiempo y Vila decidió que se iría a trabajar a Europa, tenía familia allá y a lo mejor podía conseguir alguna oportunidad. Dos semanas antes de viajar la convocaron del doce para El show del mediodía. “Suspendí el viaje. Era mi oportunidad. Lo único que hacía era entrar a los participantes, mostrar los electrodomésticos de premio y aprender de lo que pasaba ahí”. Al año siguiente se abrió un casting para Click, un programa de entretenimiento de Nuevo Siglo que Vila condujo durante más de una década. El resto de la historia es bastante conocida: llegaron Día perfecto y Verano perfecto, que posicionaron a la comunicadora dentro de la esfera pública.

El sacudón llegó en 2017, cuando se desvinculó de Teledoce. “Después de los móviles en Verano perfecto, que me encantaban, pasé a estar en piso y a tirar noticias más banales, un programa más de chusmerío. Ahí me encontré en un rol que no me gustaba y entré en una crisis interna”, explica. En ese momento dice que priorizó la exposición que le daba el programa y siguió adelante hasta que el ciclo terminó. Al año siguiente la convocaron para Desayunos informales, programa que abandonó luego de varias conversaciones con el canal en las que, según cuenta, intentaron retenerla. “Esperaba otra oportunidad profesional en ese momento”, dice. Y agrega: “No quiere decir que en el doce no me iba a llegar, capaz era cuestión de tiempo, pero yo sentía que venía esperándolo hacía mucho. La televisión funciona con números, como cualquier empresa. Y vos sos un número también”.

El año pasado la comunicadora volvió a la pantalla con Modo avión, un programa en canal 4, que le abrió las puertas de la conducción y derivó en Vamo arriba, un magazine matutino diario.

Cuando te fuiste de Teledoce dijiste que solo volverías a la televisión con un proyecto que te motivara. ¿En algún momento pensaste que tenías que aceptar cualquier oferta porque de lo contrario no ibas a volver más?
No. Capaz que si me pasa hoy tengo otras preocupaciones, pero en ese momento era tan grande mi necesidad de un cambio que no me importó. Las redes sociales se volvieron un canal muy potente y económicamente fue lo que me permitió soltar el canal, me dio esa libertad.

¿Cómo definirías la fama?
Algo que me costó. Ir al supermercado y ver que alguien me reconocía fuera del ámbito laboral me chocó. No era que no me gustara, pero nunca había pensado en el momento de salir a la calle y que me pidieran fotos. Me acuerdo de verme más encerrada cuando empezó a pasarme con la salida al aire de Verano perfecto. Me intimidaba, no sabía cómo enfrentarlo y me sentía un poco sola. Por ejemplo salía a un boliche y me fijaba hasta dónde tomaba porque me estaban mirando. Era algo muy interno y me daba vergüenza compartirlo. Me sentía un poco perseguida. Después lo naturalicé y hoy es una de las cosas que más me gusta de mi trabajo.

“(La fama) Me intimidaba, no sabía cómo enfrentarlo y me sentía un poco sola. Salía a un boliche y me fijaba, por ejemplo, hasta dónde tomaba porque me estaban mirando. Era algo muy interno y me daba vergüenza compartirlo.” 

¿Te pesa la fama al momento de tomar decisiones?
Me pesa cero. Mirá cómo te recibí, ni me bañé todavía. No, ya está. No me pesa en absoluto porque me parece mucho más saludable que así sea. Trato de cuidar mucho mi vida personal, lo que cuento de mí. Sobre todo por lo que pueda afectar a mi familia. Yo me re expongo, hasta por demás, pero sí soy cuidadosa con mi entorno.

¿Sos feminista?
Sí, soy feminista. No soy radical. Estoy de acuerdo con la igualdad de derechos, pero pienso que no somos iguales. Cada género tiene sus características. 

¿Dónde aplicás ese feminismo en tu vida cotidiana?
Soy incapaz de hablar mal de otra mujer y me molesta mucho, incluso en las redes, cuando la mayoría de las críticas son de mujer a mujer. Me parece que, en ese sentido, entre los hombres se tratan mucho mejor y se respetan mucho más.

Decís que no sos radical, ¿te costó llegar a decir “soy feminista”? ¿Te sentiste distanciada del movimiento en algún momento?
No, no me costó. Pero me siento distanciada cuando no se puede tener un debate.  O cuando es agresión hacia el hombre. El hombre es como es porque venimos de una sociedad, una cultura y una historia determinada; no es culpa de los hombres de hoy. En todo caso todos nos tenemos que reeducar. Me molesta cuando hay una lucha de hombres contra mujeres y nos cagamos a trompadas entre nosotros. Ahora, también lo entiendo porque a veces uno tiene que ser radical para generar un cambio. De hecho, mujeres en la antigüedad tuvieron que hacer mucho esfuerzo y ser radicales para que yo hoy pudiera trabajar y ser independiente.

¿La televisión es una industria machista? ¿Alguna vez te encontraste en una situación de abuso en el ámbito laboral?
En Uruguay nunca me pasó. Sí en Argentina (estudió teatro tres años y vivió en Buenos Aires). Hacía algunos castings y sentía un machismo mucho más fuerte; un ambiente más salvaje. Acá no sé si es porque es un mercado más chico, porque nos conocemos todos o porque nos cuidamos más. Capaz que es por mi comportamiento, genero cierta distancia. No digo que a otras compañeras no les haya pasado. Seguro que existe. Sí me pasó de tener algún encontronazo con alguien en ambientes fuera de la televisión.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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¿En qué ambientes?
Fue hace algunos años. Estaba en un boliche y un hombre se me acercó. Me dijo que era de una agencia de modelos, que le pasara mi número. Yo ingenuamente se lo pasé y él me empezó a llamar, me dijo que había un casting superimportante. Cuando me llamaba me preguntaba cómo estaba vestida y generaba cierto clima… yo era más chica y lo atendía para no perderme esa oportunidad. En ese sentido tuve una educación y una contención que me hizo defenderme siempre de esas situaciones y nunca terminé en una posición fea, de abuso.

Decís que generás “cierta distancia”, ¿cómo marcás esa distancia en tu trabajo?
Cuando no me gusta algo soy muy transparente. Soy de llevar el freno de mano puesto.

¿Alguna vez tuviste que ponerle “freno de mano” a algún compañero?
Sí, pero no por acoso o abuso. Por cosas que no me gustaban del día a día. No fue desde un lugar de feminismo, nunca sentí machismo en los trabajos donde estuve. Capaz porque en ese momento lo tenía naturalizado y hoy en día se vive de otra manera. 

¿Alguna vez te hicieron una propuesta de prostitución?
Una vez en Argentina. Mandé mi material, y un productor –que no voy a decir quién es– me invitó a cenar. Yo le dije que prefería ir al canal o la oficina de la productora, en la tarde. Me dijo que no, que me invitaba a su casa. No fui. Entonces ahí fue mucho más directo y me dijo que las oportunidades pasaban una sola vez y que la próxima tenía que ser más inteligente. Nunca fue una propuesta de dinero directa. Esa vez llamé a mi padre llorando.

¿Qué tan importante es para vos el cuerpo y la belleza?
Es importante para mi profesión. Trabajo con la imagen, más allá de que mi carrera no se sostiene solo con la imagen. Es superimportante y no solo en cuanto a la belleza del estereotipo sino cuidarte para sentirte saludable.

¿Te preocupa o pensás en ese momento cuando la “belleza del estereotipo” que mencionás no esté más?
A veces trato de imaginarme a mí misma en unos años. No sé si preocupándome cuando no esté la belleza sino pensando qué quiero hacer. Y espero poder transformarme en otra cosa cuando ya no pueda hacer lo que estoy haciendo. Si eso significa no trabajar más en los medios y hacer otras cosas me parece que hay maravillas para hacer. Igual debe ser difícil para todos, y más para mí, que trabajo con la imagen y soy mujer, verte y decir “dejo de ser un perfil de belleza para determinadas marcas”. Espero en ese momento tener más para dar que solo imagen.

Recibís muchas críticas, ¿te pasó de alguna vez estar con el teléfono en la mano, mirando los comentarios en redes y llorando de angustia o rabia?
No. Me pasó dos veces de bajonearme, pero no a ese punto. Una sensación fea dentro mío. A veces cuando estás en un día malo y leés esas cosas tenés que tragar saliva y respirar profundo. Tuve que aprender que es parte del laburo y cuando me escriben “te amo, sos la mejor del mundo” saber que no lo soy, y cuando me dicen “te odio, sos una mierda” saber que tampoco lo soy.

“A veces cuando estás en un día malo y leés esas cosas (las críticas en redes sociales) tenés que tragar saliva y respirar profundo.”

Llegaste a comentar que también en tu familia te habían criticado.
Fue por la campaña para ir al Bailando. Mi padre me dijo “para mí no tenés que ir”. No estaba de acuerdo. No fue por machismo ni nada por el estilo, me deja hacer lo que tenga ganas. No le parecía una buena decisión laboral. Él decía que me conocía y la iba a pasar mal estando ahí.

¿Hacés terapia?
Hice por poco tiempo. Mi gran terapia es el teatro. Ahí aprendí sobre mis emociones, a trabajarlas para crear un personaje. 

Hablás de “crear un personaje”, ¿te da miedo “comerte” el personaje?
Me da miedo la soberbia, sentirme el centro del mundo, porque es muy fácil. Es algo que respeto mucho. En este medio nos movemos mucho con el ego, con el público y con lo que piensan los demás. Es un laburo diario trabajar el ego. Algunos días digo “fah, esto no estuvo bueno” o “me volví un poco más fría”.

“En este medio nos movemos mucho con el ego, con el público y con lo que piensan los demás. Es un laburo diario trabajar la soberbia y el ego. Algunos días digo ‘fah, esto no estuvo bueno’ o ‘me volví un poco más fría’.”

¿Alguien te señala cuando no podés manejar tu ego?
Mis amigos más íntimos y mi familia. Presto atención a si me estoy borrando, a si necesitan algo y no estoy.

¿Te arrepentís de algo?
Me arrepiento de cosas que podría haber hecho mejor. No me puedo arrepentir de algo que tenía ganas de hacer. 
 

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