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Aplicaciones para no caer en el primer pecado capital (de la modernidad)

Escribir un mensaje de texto lleva segundos. Tener un accidente como consecuencia, décimas de segundo. Un intento de solución: herramientas para evitar la tentación de leer y contestar mensajes

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06 de noviembre de 2012 a las 00:00

En el departamento de la consciencia, hay un área en la que los adultos nos diferenciamos poco y nada de los adolescentes, aunque nos cueste aceptarlo: el uso del celular mientras manejamos. Casi nadie puede declararse libre de pecado a la hora de admitir que, aunque lo neguemos públicamente, todos los días atendemos o hacemos alguna llamada telefónica mientras manejamos. Peor aún, todos los días leemos o enviamos un mensaje de texto mientras que estamos al volante.

A diferencia de los adolescentes, los adultos nos permitimos esta conducta destructiva a pesar de que –casi todos- sabemos muy bien sus probables consecuencias: si uno maneja y habla por celular la chance de tener un accidente se multiplica por cuatro; si uno envía mensajes de texto mientras conduce, las probabilidades se multiplican por 23. Un razonamiento demoledor, que seguramente pocas veces nos animamos a plantearnos, es: el SMS o mail que escribimos mientras conducimos debería ser casi que de vida o muerte, porque cada uno de los caracteres que tipeamos es una chance más de un accidente que, con demasiada frecuencia, podría terminar con nuestra vida y lo que es peor, con la de otros.

Pero los razonamientos demoledores no siempre son efectivos y de eso somos prueba viviente los seres humanos, que necesitamos tropezar cada uno con la misma piedra para que al final nos empiece a doler el pie. No basta con que aquel amigo haya tropezado con la piedra (un accidente), o el amigo del amigo, o el primo. Es más importante atender la llamada que acaba de sonar, leer y hasta contestar el mensaje que recién tintineó en el smartphone. Y en muchos casos, en el mejor de los casos, la llamada o el SMS es seguido de un frenazo, un insulto y un shock de adrenalina que no basta para que la próxima vez evitemos el mismo comportamiento.

Cuando la conciencia falla como consecuencia de la adherencia ciega a la tecnología -con la que cada vez transamos más en nuestra vida-, es hora de pelear con las mismas armas. Por eso, si se culpa a la tecnología de una conducta inconsciente –y es dudoso que pueda llevarse la culpa porque en todo caso la voluntad siempre debería primera- es hora de ésta nos ayude a encontrar una solución. Y lo ha hecho desde hace tiempo, desarrollando aplicaciones que ayudan a la voluntad; en algunos casos bloquean por completo el ingreso de llamadas, mensajes y mails al teléfono apenas éste detecta (por su GPS) que el auto está en movimiento. En otros casos "leen" los mensajes y correos electrónicos, pueden contestarlos cuando la voz del usuario se los ordena o incluso contestar automáticamente que está manejando y responderá a la brevedad. En casos extremos de control, el usuario también podrá optar por informar via mail a un tercero (el papá, la mamá, el novio preocupado) que está haciendo buen uso de su teléfono y ni siquiera lo toca cuando maneja.

Muchos dirán, con razón, que desde hace tiempo existen los manos libres con una y mil funcionalidades, que en base al bluetooth permiten hablar sin tocar el teléfono (aunque no enviar mensajes de texto ni mails). Esta tecnología, efectiva si se usa bien, no ha sido suficiente para parar la ansiedad que genera la necesidad no necesaria de estar conectados todo el día. Según la Administración Nacional de Seguridad en el Tránsito de Estados Unidos, escribir un mensaje mientras se maneja es 40% más peligroso que tomar alcohol y conducir.

Una de las apps que permite mantener la ansiedad a raya es Drive Safe.ly, con versiones para iPhone, Android y Blackberry (y una anunciada para Windows Phone). En todos los casos la aplicación se descarga en forma gratuita de la respectiva tienda virtual; la versión que no requiere pago permite que el sistema lea los SMS y correos en tiempo real (apenas se reciben). Si el conductor quiere responder el mensaje recibido, con su voz, debe realizar el "upgrade" que cuesta de 5 a 9.99 dólares dependiendo de las funciones que se deseen.

La desventaja de muchas de estas aplicaciones (basta una simple búsqueda en el App Store, Google Play o Windows Store para encontrarlas) es que la mayoría no hablan ni entienden español. Hasta ahora la única que he encontrado que sí lo hace es Text'nDrive, disponible para iPhone, Android y Blackberry. Al igual que las anteriores lee los correos y mensajes en voz alta y permite responderlos con la voz mientras se conduce, sin necesidad de tipear ni de tocar botones. La versión en español en App Store se encuentra aquí. Si bien es de descarga gratuita, requiere de pago (U$S 4.99 por única vez) para poder utilizar la función de responder.

Otra posibilidad más compleja la da Safe Driver, una de varias apps que son algo así como "grandes hermanos" cuya principal función es vigilar y reportar. El sistema "avisa" por mail a una persona previamente definida si el "vigilado" está enviando un SMS o en general si está usando el celular mientras que maneja. Si el usuario intenta desactivar la aplicación, el tercero también es avisado. Se descarga gratuitamente, pero luego hay que pagar una mensualidad de 1.99 dólares. Permite usar aplicaciones tales como la del GPS o la de la biblioteca de música, mientras que se maneja, sin que se active la alarma. Viene para iPhone y Android.

Esta opción puede resultar demasiado invasiva para muchos; para otros tal vez sea como el profesor de gimnasia, que eligen ver todas las mañanas para sentir que alguien los presiona para hacer ejercicio, el mismo que podrían hacer sólo pero sin presión externa.

Bonus track: si a alguien le quedan dudas sobre cuánto y cómo afecta el nivel de atención el sencillo acto de escribir en el teléfono mientras se conduce, vale la pena jugar unos minutos a Gauging your distraction -Evaluando su distracción-, un juego online desarrollado por el Nytimes. Los resultados no admiten discusión.

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