15 de junio de 2023 14:34 hs

Por Michael Stott y Ciara Nugent

El gobierno argentino, cada vez más desesperado, está intentando evitar una crisis monetaria recurriendo a China y al Fondo Monetario Internacional (FMI), lo cual le plantea al prestamista con sede en Washington un dilema en cuanto a cómo ayudar a su mayor deudor.

Se prevé que la inflación en el país sudamericano alcance el 145 por ciento este año; una recesión se avecina; y las reservas netas de divisas del banco central son insignificantes. El peso argentino ha caído casi un 40 por ciento frente al dólar estadounidense en el mercado negro este año.

El gobierno peronista se está esforzando por evitar una gran devaluación o una recaída en la hiperinflación durante la políticamente turbulenta temporada antes de las elecciones presidenciales y parlamentarias de octubre; y el ministro de Economía y posible candidato presidencial, Sergio Massa, se ha convertido en una figura central.

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Massa ha anunciado una serie de medidas de emergencia para mantener la economía a flote, incluyendo tasas de cambio especiales para alentar a los exportadores de soja a enviar sus cosechas e intercambios de deuda nacional por vencimientos a más largo plazo. Massa viajará a Washington a finales de este mes en busca de fondos adicionales del FMI, pero su tarea se ha visto complicada por una severa sequía, la cual ha afectado la producción en las granjas y las exportaciones agrícolas.

Un viaje de Massa a China a principios de este mes culminó con un acuerdo con Beijing para que Argentina acceda a US$5 mil millones adicionales de un acuerdo existente de intercambio de divisas en renminbi. Massa también está tratando de persuadir al Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), el prestamista con sede en Shanghái para las naciones del grupo BRICS, para que le permita a Argentina unirse a él.

Argentina ha quedado aislada de los mercados internacionales desde su incumplimiento de pago en 2020, y necesita financiar un déficit presupuestario estimado por JPMorgan en un 3 por ciento de su producto interno bruto (PIB) este año. Con unas reservas internacionales netas estimadas en cerca de menos US$1.5 mil millones, según los analistas bonaerenses de Ecolatina, las esperanzas de Massa de conseguir dólares dependen del FMI.

"El plan de Massa — el cual pretende hacer lo imposible para evitar que la situación económica se descontrole antes de las elecciones — se ha vuelto realmente difícil de lograr debido al impacto de la sequía en las exportaciones de soja", dijo Salvador Vitelli, de la consultora de negocios Romano Group. "Pero la inestabilidad macroeconómica a la que nos enfrentamos no se debe a la sequía, sino a una cadena de fracasos y de mala gestión".

Federico Sturzenegger, un presidente del Banco Central durante el anterior gobierno conservador de Mauricio Macri, fue contundente: "La estrategia de Massa es endeudarse más para sostener un enorme déficit fiscal que el gobierno no ha corregido. No es mucho más complicado que eso".

Las labores de Massa también tienen otro propósito: el ministro no ha ocultado su deseo de ser el candidato presidencial del movimiento peronista, y la decisión es inminente. Las candidaturas para las elecciones primarias nacionales se cierran el 24 de junio y tanto el presidente Alberto Fernández como Cristina Fernández de Kirchner, su poderosa vicepresidenta y expresidenta, han dicho que no se postularán.

La presión por una mayor inyección de efectivo por parte del FMI se produce a pesar de que Argentina no ha cumplido muchos de los objetivos establecidos en un programa de préstamo de US$44 mil millones acordado con el Fondo el año pasado, incluyendo la reducción del déficit fiscal, el aumento de los ingresos y la acumulación de reservas, según un informe de mayo elaborado por economistas de la Universidad de Buenos Aires.

Sin embargo, los observadores del FMI anticipan que el Fondo apruebe más dinero en su próxima revisión, prevista para principios de julio, con el fin de evitar una mayor crisis y permitir que Argentina le pague de vuelta el dinero al prestamista con sede en Washington.

"El Fondo no quiere ser responsable de que Argentina se vaya a la ruina", afirmó Alejandro Werner, exdirector del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI. "El Fondo tampoco quiere que Argentina sufra retrasos en pagos durante mucho tiempo".

Una fuente del Ministerio de Economía en Buenos Aires dijo que Argentina quería fondos para compensar la pérdida de ingresos por exportaciones provocada por la sequía, y que la cantidad aún se estaba discutiendo. De manera controvertida, Argentina también quiere utilizar parte del dinero del FMI para intervenir en los mercados para apuntalar el peso.

Héctor Torres, investigador sénior del Centro para la Innovación en la Gobernanza Internacional (CIGI, por sus siglas en inglés) y ex director ejecutivo del FMI, se mostró escéptico. "El Banco Central de Argentina se ha quedado sin dólares y la tasa de cambio oficial es claramente insostenible", él afirmó. "El Fondo quiere evitar que el país entre en incumplimiento de pagos, pero yo no veo a la junta directiva del Fondo permitiéndole el uso de recursos del FMI para comprar pesos en el mercado de divisas".

Una fuente familiarizada con las conversaciones del FMI dijo que había una considerable frustración en relación con Argentina. "Hay muy poco apoyo para seguir saliendo del paso", dijo la fuente. "Massa debería haber hecho un gran ajuste cuando asumió el cargo".

Sturzenegger dijo que el Fondo pudiera prestarle a Argentina lo suficiente como para cumplir con los próximos pagos al FMI en sí, pero no sumas mayores. "Así es que yo creo que el Fondo aplazará el tema del paquete más amplio de Argentina para hablar de él con el próximo gobierno", él agregó.

Los riesgos son tanto políticos como económicos. Javier Milei, el candidato de la extrema derecha, está obteniendo buenos resultados en las encuestas y pudiera imponerse en las elecciones primarias de agosto, las cuales se celebran simultáneamente para todos los partidos políticos. Milei ha propuesto la dolarización de la economía. Si tiene éxito en las elecciones, pudiera desestabilizar aún más la situación al aumentar las expectativas de una gran devaluación.

"Si este tipo planea dolarizar la economía, y tiene un tercio de los votos en las encuestas, ¿por qué mantendría la deuda interna?", se preguntó una persona familiarizada con las conversaciones del FMI.

El FMI — considerado desde hace tiempo como el villano por muchos argentinos debido a su papel pasado en los programas de austeridad — tiene pocas buenas opciones.

"El Fondo probablemente será criticado por hacer algo horrible encima de un programa horrible", dijo Werner, quien supervisó un anterior rescate del FMI en 2018. "Pero, en realidad, no les habrían pagado de vuelta de todos modos. O le prestas a Argentina para que pague o no pagará. Así que ambas partes prorrogarán y fingirán".

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