20 de julio 2023 - 13:47hs

Por Ciara Nugent

Durante las noches y los fines de semana, la agenda de Sergio Massa es la típica de cualquier candidato a la presidencia de Argentina: fotos compartiendo la bebida nacional — el mate — con jubilados; visitas a fábricas; y entrevistas televisivas estridentemente iluminadas en las que acepta regalos como alfajores decorados con su propia cara.

Pero durante las horas de trabajo, Massa, el ministro de Economía de Argentina, tiene sobre sus hombros el peso del país con más problemas financieros de Sudamérica.

Las cruciales negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) están estancadas, dejando a Argentina al borde del incumplimiento de pago. La inflación anual alcanzó el 115.6 por ciento en junio. Los economistas estiman que las reservas netas de divisas del banco central están en números rojos, en torno a los US$6.5 mil millones. Massa ha introducido un mosaico de medidas de emergencia para mantener la situación a flote, acumulando aún más problemas para quienquiera que lidere el próximo gobierno.

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Pero Massa cree que aún tiene una sólida oportunidad en las elecciones de octubre, con el respaldo de la coalición peronista Unidos por la Patria — la cual representa al movimiento político fundado por Juan Perón, el líder argentino del siglo XX — que ha estado gobernando desde 2019.

"Unidos, y con una visión para este país, volveremos a ganar, a pesar de todo lo que no hayamos logrado a lo largo de estos años", les dijo a los espectadores de un programa de entrevistas dominical este mes.

Puede que él no esté equivocado. Proveniente del ala moderada y promercado del peronismo, a Massa se le considera la mejor oportunidad que tiene el movimiento populista para aferrarse al poder en unas elecciones en las que las encuestas de opinión consistentemente han favorecido la victoria de Juntos por el Cambio, la coalición de oposición proempresarial.

Massa, de 51 años, es un astuto manipulador político. Hijo de inmigrantes sicilianos con un negocio de construcción en la ciudad de San Martín, Massa ha podido operar entre los profundamente divididos campos políticos de Argentina desde que era un adolescente y se afilió a su primer partido, una fuerza ultraliberal ya desaparecida.

En un momento u otro, él ha sido un indispensable aliado de todos los recientes dirigentes del país, tanto peronistas como antiperonistas. Massa ha cultivado estrechos vínculos con líderes empresariales de la minería, de la industria y de los medios de comunicación y, en los últimos años, una red de influyentes amigos en EEUU.

Ninguna relación ilustra mejor la astucia de Massa que la que ha desarrollado con la líder radical del peronismo, Cristina Fernández de Kirchner, la expresidenta y actual vicepresidenta. En 2015, Massa se presentó a las elecciones presidenciales por su propio partido centrista, el Frente Renovador (FR), con la promesa de enviar a prisión por corrupción a los miembros del movimiento de Kirchner. Él es actualmente su ‘candidato designado’, un respaldo que asegura millones de votos peronistas.

La alianza con Kirchner — quien elevó los impuestos a la exportación, recurrió al control de divisas y amplió una burocracia laberíntica durante sus dos mandatos como presidenta — preocupa a las empresas argentinas.

"Mi experiencia con Massa es que él quiere hacer las cosas bien y es alguien con quien se pueden discutir las cosas", dijo Nicolás Pino, presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), un grupo comercial que representa a la industria de los agronegocios. Eso contrasta con una relación "muy tensa" con Kirchner.

Si Massa puede o no lograr "algún avance en la dirección que quiere nuestro sector" en el futuro dependerá completamente de "su capacidad para manejarse dentro del gobierno que quiere liderar", añadió Pino.

Gustavo Martínez Pandiani, asesor de Massa durante muchos años y actual subsecretario de Asuntos de América Latina, dijo que Massa "pondrá su propio sello" en el próximo gobierno peronista. "Él siempre ha creído en el orden fiscal. Para él es importante que haya un círculo virtuoso entre el sector privado y un Estado que no sea enorme, pero sí eficiente".

Lucas Romero, director de Synopsis, una consultora política y encuestadora, dijo que Massa "dependerá de Cristina" porque él tiene poco atractivo electoral personal. Según Romero, la descripción más utilizada por los votantes para describir a Massa es "poco confiable".

De hecho, algunos que se han cruzado profesionalmente con Massa lo describen como calculador, alguien con quien es fácil charlar con un estilo informal, pero que "nunca improvisa". Entre los peronistas prevalece la sensación de que es peligroso criticar al ministro.

Los aliados dijeron que los atributos de Massa eran justo lo que Argentina necesitaba para atravesar otra crisis. "Parece estar muy bien preparado, como si tuviera todo bajo control", dijo la secretaria de Minería, María Fernanda Ávila, quien empezó a darle informes a Massa cuando éste reorganizó muchos de los principales departamentos en un "superministerio".

En una reciente reunión con una importante compañía que estaba considerando una inversión minera en Argentina, según Ávila, Massa abruptamente cuestionó la casual afirmación por parte de los ejecutivos de que el proyecto pudiera no ser rentable.

"Él hizo un rápido cálculo y dijo: 'Miren, si quieren esto, yo les doy esto y ustedes me dan esto otro, y funciona'", ella relató. "Era la primera vez que veía a esta gente en desventaja. Normalmente, en estas reuniones, la compañía está en la posición de poder, pero, de repente, éramos iguales".

Massa nunca ha ocultado su ambición de llegar a los más altos cargos de Argentina.

A los 27 años él se convirtió en el diputado más joven de la provincia de Buenos Aires. A los 29, estaba dirigiendo la enorme agencia de seguridad social de Argentina. En medio de esto, su matrimonio con Malena Galmarini, una política hija de una dinastía peronista, lo convirtió en parte de una formidable y poderosa pareja. Incluso cuando ha perdido elecciones — para la presidencia en 2015 y para el Senado en 2017 —, él rápidamente ha encontrado el camino de vuelta a influyentes papeles en el gobierno.

La búsqueda del poder es la "línea recta" a través de la sinuosa trayectoria de Massa en la política argentina, dijo Diego Genoud, autor de "El arribista del poder", una biografía del político publicada este año.

Fue una cualidad que lo convirtió en un líder inherentemente impredecible para un país que se enfrentaba a duras decisiones económicas, añadió Genoud. "Hay dos errores fatales que se pueden cometer con Massa. Uno es subestimarlo. El otro es creer todo lo que dice".

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