16 de diciembre de 2014 18:23 hs

Mientras se organizan homenajes para los dos fallecidos tras la toma de rehenes el lunes en un café en Sídney, la población de ese país y las autoridades se preguntan cómo fueron incapaces de prepararse para evitar un incidente que era hasta esperable. El país estaba bajo amenaza terrorista y el agresor del lunes, que murió en manos de la policía, había estado bajo vigilancia oficial.

Se estima que unos 90 australianos viajaron en los últimos meses para engrosar las filas del Estado Islámico en Siria e Irak. La semana pasada el fiscal general, George Brandis, daba cuenta de al menos 20 fallecidos en el combate de ese grupo terrorista.

Las autoridades estaban alertas y en agosto dotaron de más poderes a las agencias de seguridad para combatir al terrorismo nacional y hacer frente a un posible regreso al país de yihadistas. Por esas fechas el jefe del departamento de inteligencia, David Irvine, indicó públicamente su a su preocupación por el aumento de propaganda radical en las redes sociales, y poco después aumentaron la alerta terrorista nacional al nivel “alto”. Una semana más tarde cayó una red de 15 supuestos yihadistas relacionados con el EI que planeaban el secuestro y decapitación de civiles para divulgar los vídeos en las redes sociales.

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No figuraba en estos planes Man Haron Monis, el hombre que el lunes entró a un café en la capital del país y mantuvo a una quincena de personas como rehenes durante 17 horas. Pero su perfil tampoco era ignorado por las autoridades.

Ayer varios miembros del gobierno confirmaron que el hombre, nacido en Irán pero refugiado en Australia desde 1996, había estado en una lista de vigilancia de los departamentos de Inteligencia y Contraterrorismo antes de 2010. Pero después se perdió el interés, informó la versión australiana del Telegraph.

El primer ministro Tony Abbott confió ayer en rueda de prensa que la gran duda está en las más altas esferas del gobierno. Ayer en conferencia de prensa el primer ministro Tony Abbott calificó el secuestro de 17 rehenes como un acto de “terrorismo” pero se apuró a precisar que sería “equivocado” vincular el suceso con grupos extremistas. Y en seguida aclaró que no comprenden cómo alguien con un largo historial no ha sido vigilado más de cerca. “Si tengo que ser sincero con ustedes, esta es la pregunta que nosotros nos hemos hecho hoy en el Comité de Seguridad Nacional”, enfatizó.

A su entender, el secuestrador era “un enfermo mental con un largo historial de delitos” conocidos por la Policía y por las agencias de Inteligencia.

“Este es un caso único e individual. No es un acto terrorista definido. Es una persona con problemas que hizo algo descomunal”, intentó explicar ante la televisión de su país Manny Conditsis, antiguo abogado de Monis.

Monis era un tipo aparte. Ofrecía consejo espiritual, fue acusado por acoso sexual y lo consideraron culpable de la muerte de su exmujer. “Sabiendo que era investigado por ataques muy graves y conociendo que mientras estuviera en custodia iba a sufrir cosas terrible, creo que pensó que no tenía nada que perder y se animó a hacer algo desesperado y espectacular como esto”, indicó su abogado.

A la luz de este “fallo”, las autoridades australianas revisan una vez más su protección contra el terrorismo.

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