Opinión > EDITORIAL

Avance pacificador aún incierto

Hay que esperar un tiempo para saber si la cumbre de Singapur conduce a la convivencia pacífica de las dos Coreas y a aplacar las tensiones internacionales

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13 de junio de 2018 a las 05:00

Con el inusitado telón de fondo de sonriente cordialidad entre los viejos enemigos Donald Trump y Kim Jong-un, ambos presidentes acordaron la desnuclearización de Corea del Norte a cambio de garantías de seguridad y ayuda económica de Estados Unidos para avanzar hacia la pacificación de la dividida península coreana. El resultado de la cumbre en Singapur favorece claramente a Kim ya que Trump cedió en algunas de sus exigencias, forzado por su necesidad de mostrar resultados y evitar un fracaso que lo desprestigiara. Sostuvo igualmente que la reunión fue "realmente fantástica" y salió "mejor de lo que nadie había esperado", aunque el documento conjunto y las declaraciones de ambos líderes omitieron fijar plazos a un desarme nuclear norcoreano "verificable e irreversible", demandas en las que Trump había insistido.
El mandatario dijo, en cambio, que comenzará "muy pronto", lo que apunta a un complejo proceso gradual de medidas por ambas partes cuyo alcance, fechas y resultados se desconocen. La cumbre marcó, de todos modos, un avance sustancial hacia poner fin a casi 70 años de hostilidad bélica entre la dinástica dictadura comunista de Corea del Norte y la democrática Corea del Sur, respaldada por Naciones Unidas bajo el liderazgo militar de Estados Unidos. Pero la meta final de una paz sólida y perdurable dependerá de que Kim permita el efectivo control internacional de su promesa de desmantelar su potencial nuclear, cuyo volumen se ignora y que está oculto en áreas desconocidas del territorio norcoreano.
De acuerdo a como evolucione el proceso de desnuclearización, Estados Unidos tendrá que ir implementando medidas de asistencia económica a la empobrecida Corea del Norte, cuya supervivencia ha dependido hasta ahora del respaldo de China. Esta potencia, interesada en pacificar lo que considera su zona de influencia política, con seguridad incidió decisivamente en el cambio de actitud de Kim. Se inició con la asistencia norcoreana a los Juegos Olímpicos de Seul y la posterior cumbre de Kim con el presidente surcoreano, culminando ahora con el encuentro con Trump.
Pero además de ayuda económica, incluyendo levantamiento de las sanciones impuestas por Naciones Unidas, el cierre gradual de las instalaciones nucleares norcoreanas dependerá también de que el régimen de Pyongyang reciba garantías de seguridad contra posibles ataques futuros, incluyendo el retiro de los más de 30.000 soldados que Estados Unidos mantiene en Corea del Sur. Los muchos puntos que están pendientes de resolución plantean incertidumbres sobre el éxito final del acuerdo entre Trump y Kim, cuya implementación será larga y trabajosa. Pero constituye igualmente un paso de proporciones en estabilizar una de las muchas zonas del planeta convulsionadas por arrestos bélicos y confrontaciones políticas. En 1994 y 2005 fracasaron acuerdos para pacificar la península, lo que llevó a Corea del Norte a iniciar en 2006 sus lanzamientos de cohetes y pruebas nucleares, así como sus amenazas de atacar el territorio continental de Estados Unidos. Habrá que esperar todavía un tiempo para saber si la cumbre de Singapur corre mejor suerte y conduce a la permanente convivencia pacífica de las dos Coreas y a aplacar las tensiones internacionales generadas por la guerra del siglo pasado.

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