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Bolsonaro dispuesto a cambiar la política exterior de Brasil

El presidente electo imitará gran parte de la agenda de su “gran aliado” Trump

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04 de noviembre de 2018 a las 05:00

Mucho antes de las elecciones del pasado fin de semana en Brasil, Jair Bolsonaro dejó en claro que esperaba ser un sólido aliado de EEUU y que imitaría gran parte de la agenda nacionalista de Donald Trump si se convertía en presidente de la mayor economía de América Latina.
“Trump tendrá un gran aliado en el hemisferio sur”, dijo el Bolsonaro en un mitin con partidarios radicados en EEUU el año pasado. “Trump es un ejemplo para mí, y en muchos sentidos para Brasil”.
Bolsonaro, quien se convertirá en el primer presidente de derecha de Brasil en más de 30 años cuando asuma el cargo el 1º de enero, es parte de una ola de nuevos líderes que ha barrido la “marea rosa” de los presidentes de izquierda que recientemente gobernaron varios países de América del Sur. También es probable que anule la tradicional política exterior brasileña de “arco iris”, lo cual podría traer grandes implicaciones a nivel mundial.

Al igual que el presidente estadounidense, Bolsonaro ha atacado los avances económicos de China, ha criticado fuertemente a los regímenes de izquierda como Venezuela, ha dicho que trasladaría la embajada de Brasil en Israel a Jerusalén, ha prometido retirarse del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y ha dicho que retiraría a Brasil del acuerdo de París sobre el cambio climático (aunque desde que lo dijo ha cambiado de opinión).
“Brasil está abierto a los negocios, pero cerrado a la influencia de las Naciones Unidas, de China y de los grandes bloques de negociación –como la Unión Europea– que tienen agendas con respecto a Brasil”, dijo Luiz Philippe de Orléans e Bragança, el posible ministro de relaciones exteriores.

Semejante discurso aislacionista y de “Brasil Primero”, combinado con la admiración de Bolsonaro por Trump, es un marcado contraste con la política exterior brasileña tradicional que buscaba crear un mundo multipolar en alianza con otras importantes economías emergentes como China, a menudo en oposición a EEUU.
Además, la política brasileña podría cambiar rápidamente, si Bolsonaro usa gestos “gratis”, como trasladar la embajada en Israel, para reforzar el apoyo entre sus partidarios evangélicos, mientras que su administración se embarca en reformas económicas difíciles.
América del Sur probablemente sentirá los cambios primero, especialmente en cuanto al comercio, el narcotráfico y la crisis en Venezuela, un país que Bolsonaro dice que ejemplifica todo a lo que él se opone.

Semejante discurso aislacionista y de “Brasil Primero”, combinado con la admiración de Bolsonaro por Trump, es un marcado contraste con la política exterior brasileña tradicional que buscaba crear un mundo multipolar en alianza con otras importantes economías emergentes como China, a menudo en oposición a EEUU.

Mientras hacía campaña en el estado norteño de Roraima, que ha visto la mayor afluencia de refugiados venezolanos en Brasil, Bolsonaro prometió “hacer todo lo necesario para derrotar a ese gobierno” en Caracas. 
El domingo, 72% de los votantes de Roraima eligieron al Bolsonaro como presidente, en comparación con 55% a nivel nacional.
Venezuela felicitó a Bolsonaro el domingo en un breve mensaje, al igual que lo hizo Bolivia, un país con un gobierno de izquierda, pero destacó “la libre autodeterminación de los pueblos y la no injerencia en los asuntos internos”. 
Las relaciones comerciales también se verán afectadas si Bolsonaro lleva a cabo los planes forjados por su “súper ministro” de economía, Paulo Guedes, para abrir la economía, reducir la prioridad del debilitado bloque económico regional Mercosur y abrazar la Alianza del Pacífico de libre comercio, en la que se incluyen México, Colombia, Perú y Chile.

De hecho, Bolsonaro hará su primer viaje al extranjero a Chile, donde el presidente Sebastián Piñera elogió sus planes de reforma económica. También ha enviado un “gran abrazo” al presidente argentino Mauricio Macri, quien actualmente lucha contra las repercusiones políticas de un programa de austeridad dirigido por el FMI.

De hecho, Bolsonaro hará su primer viaje al extranjero a Chile, donde el presidente Sebastián Piñera elogió sus planes de reforma económica.

Sin embargo, el rasgo de política exterior más polémico de Bolsonaro probablemente involucre la seguridad, especialmente con respecto a la implementación de leyes de tenencia de armas más relajadas y una política de drogas más estricta. 
En este aspecto, podría encontrar un aliado en el presidente colombiano Iván Duque, quien está tomando medidas enérgicas contra el cultivo de coca en su país, la pesadilla estadounidense. Si esos enfoques hacia los problemas de seguridad regional resultan exitosos aún no está claro, pues requieren de una cooperación multilateral que Bolsonaro aparentemente evita.
“Las políticas de seguridad más estrictas en Brasil podrían simplemente trasladar la actividad criminal a otros países”, dijo Jorge Restrepo, del centro de estudios de seguridad colombiano Cercac. “De la misma manera, la liberalización de la tenencia de armas en Brasil podría provocar el aumento de armas en otros países”. 

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