George W. Bush y John Kerry ya gastaron unos cien millones de dólares en su campaña publicitaria en televisión, aparentemente con más éxito para el presidente republicano que para su rival demócrata en la carrera hacia la Casa Blanca. Los dos adversarios inundaron básicamente las pantallas de los estados más disputados para la elección presidencial del 2 de noviembre, pero con estrategias diferentes.
El aspirante demócrata, menos conocido por los electores, es presentado como una persona débil en asuntos de seguridad y dubitativo respecto a las políticas a seguir. Los spots de Kerry oscilan entre las críticas a la gestión económica de Bush y el planteo de sus propias propuestas. La semana pasada lanzó una agresiva campaña de 27,5 millones de dólares con la ambición de defender su imagen de héroe de guerra en Vietnam y de senador "al servicio" del pueblo estadounidense. A pesar de que las arcas de su campaña no están tan llenas como las de su adversario republicano, cuenta con organismos independientes, como MoveOn.org y Media Fund, para difundir avisos publicitarios, a menudo muy críticos con Bush.
Los expertos se sorprendieron por la rapidez con la que se lanzaron las fuertes ofensivas mediáticas, mucho antes que en las campañas precedentes. A pesar de que los sondeos ubican a ambos candidatos cabeza a cabeza en intenciones de voto, muestran que la estrategia anti-Kerry de los republlicanos parece haber dado frutos.
Otros sondeos indican que la imagen de Kerry se vio muy afectada en los ámbitos tratados por los spots de Bush, particularmente por su supuesta "indecisión". A pesar de que algunas organizaciones sociales, una parte de la prensa y muchos políticos critican las publicidades negativas, éstas son efectivas, destaca Adam Clymer, uno de los autores del estudio de Annenberg.