Sam Fleming
Cambio “sin precedentes” de Reserva Federal provoca desconcierto
El banco central de EEUU enfrenta críticas por plegarse a las presiones del mercado sobre su orientación con respecto a las tasas
El banco central de EEUU enfrenta críticas por plegarse a las presiones del mercado sobre su orientación con respecto a las tasas
Sam Fleming
Después de avisarles a los comerciantes hace seis semanas que podían esperar nuevos aumentos de las tasas de interés estadounidenses en 2019, la Reserva Federal dio el miércoles uno de los cambios de rumbo más pronunciados en la historia reciente.
Al dejar las tasas sin cambios en el 2,25% al 2,5%, Jay Powell, presidente de la Reserva Federal, mostró un nuevo lenguaje que abrió la posibilidad de que el próximo movimiento podría ser igualmente una reducción, en lugar de un aumento.
Se necesitaban los cambios a orientación de la política monetaria, alegó Powell, debido a las "corrientes cruzadas" que habían surgido recientemente. Entre ellas estaba un crecimiento más lento en China y Europa, las tensiones comerciales, el riesgo de un Brexit sin acuerdo y el cierre del gobierno federal estadounidense. Las condiciones financieras también se habían endurecido, agregó.
Sin embargo, el cambio de 180 grados dejó perplejos a algunos observadores de la Reserva Federal. Muchos de esos peligros ya eran perfectamente evidentes en la reunión de diciembre del banco central, cuando el banco central subió las tasas en un cuarto de punto y señaló la probabilidad de otros dos aumentos de tasas.
Mientras tanto, ha terminado el cierre del gobierno federal — al menos por ahora — y la economía estadounidense se encuentra saludable. El mercado laboral estadounidense continúa avanzando, ha repuntado el crecimiento de los salarios y los mercados financieros están más estables.
Michael Feroli, economista estadounidense de JPMorgan Chase, dijo que no recordaba un cambio de rumbo tan drástico por parte de la Reserva Federal sin un cambio importante en el contexto económico, y calificó al ajuste entre diciembre y enero como una movida “sin precedentes”. Una explicación podría ser el ascenso de funcionarios más conciliadores, como Richard Clarida, el vicepresidente de la Reserva Federal, dijo.
Otra explicación es que las presiones del mercado están influyendo en la Reserva Federal. Michael Gapen, de Barclays, dijo que estaba claro que "la Reserva Federal estaba capitulando ante la reciente volatilidad del mercado".
Por su parte, Powell rechazó rotundamente la idea de que ahora existía algún tipo de política según la cual la Reserva Federal acudía al rescate cuando Wall Street estaba en apuros.
El presidente de la Reserva Federal también rechazó cualquier idea de que el banco central alteró el rumbo de la política monetaria ante el cabildeo del presidente Donald Trump, quien ha hecho repetidas exigencias públicas para que la Reserva Federal deje de elevar las tasas. Powell repitió las anteriores promesas de que la Reserva Federal ignora las consideraciones políticas de ese tipo: "Somos humanos y cometemos errores, pero no vamos a cometer errores de carácter o integridad".
Para ser justos, la reunión del miércoles no fue la primera vez que los preocupados mercados han convencido al banco central estadounidense para que ajuste sus planes de política. A principios de 2016, la volatilidad del mercado llevó a la Reserva Federal, en aquel momento dirigida por Janet Yellen, a recortar bruscamente el número de aumentos de tasas. La llamada 'taper tantrum' (rabieta por la reducción paulatina de liquidez) en 2013 bajo el mando de Ben Bernanke impulsó al banco central a retrasar los planes para reducir sus compras de activos.
Pero la Reserva Federal tenía una estrategia subyacente clara que se mantuvo en vigor durante esos episodios. Para algunos analistas, el banco central ahora parece estar más a la deriva. Hasta hace poco, por ejemplo, el principal argumento detrás del ciclo de endurecimiento de la Reserva Federal era que nuevas disminuciones del desempleo alimentarían las presiones inflacionarias.
Sin embargo, esa discusión estuvo ausente en la conferencia de prensa Powell el miércoles. En cambio, indicó que los datos de inflación real, entre otros indicadores, determinarían si se necesitarían más aumentos de tasas.
No es seguro que éste sea el último aumento de las tasas en el ciclo actual, pero el listón para un mayor endurecimiento ahora parece estar mucho más elevado. Sin duda, la nueva orientación conciliadora de la Reserva Federal es una buena noticia para los mercados globales. Pero no ha disipado las preocupaciones de que el banco central estadounidense ha tenido cierta tendencia hacia realizar comunicados irregulares e impredecibles.
Después de avisarles a los comerciantes hace seis semanas que podían esperar nuevos aumentos de las tasas de interés estadounidenses en 2019, la Reserva Federal dio el miércoles uno de los cambios de rumbo más pronunciados en la historia reciente.
Al dejar las tasas sin cambios en el 2,25% al 2,5%, Jay Powell, presidente de la Reserva Federal, mostró un nuevo lenguaje que abrió la posibilidad de que el próximo movimiento podría ser igualmente una reducción, en lugar de un aumento.
Se necesitaban los cambios a orientación de la política monetaria, alegó Powell, debido a las "corrientes cruzadas" que habían surgido recientemente. Entre ellas estaba un crecimiento más lento en China y Europa, las tensiones comerciales, el riesgo de un Brexit sin acuerdo y el cierre del gobierno federal estadounidense. Las condiciones financieras también se habían endurecido, agregó.
Sin embargo, el cambio de 180 grados dejó perplejos a algunos observadores de la Reserva Federal. Muchos de esos peligros ya eran perfectamente evidentes en la reunión de diciembre del banco central, cuando el banco central subió las tasas en un cuarto de punto y señaló la probabilidad de otros dos aumentos de tasas.
Mientras tanto, ha terminado el cierre del gobierno federal — al menos por ahora — y la economía estadounidense se encuentra saludable. El mercado laboral estadounidense continúa avanzando, ha repuntado el crecimiento de los salarios y los mercados financieros están más estables.
Michael Feroli, economista estadounidense de JPMorgan Chase, dijo que no recordaba un cambio de rumbo tan drástico por parte de la Reserva Federal sin un cambio importante en el contexto económico, y calificó al ajuste entre diciembre y enero como una movida “sin precedentes”. Una explicación podría ser el ascenso de funcionarios más conciliadores, como Richard Clarida, el vicepresidente de la Reserva Federal, dijo.
Otra explicación es que las presiones del mercado están influyendo en la Reserva Federal. Michael Gapen, de Barclays, dijo que estaba claro que "la Reserva Federal estaba capitulando ante la reciente volatilidad del mercado".
Por su parte, Powell rechazó rotundamente la idea de que ahora existía algún tipo de política según la cual la Reserva Federal acudía al rescate cuando Wall Street estaba en apuros.
El presidente de la Reserva Federal también rechazó cualquier idea de que el banco central alteró el rumbo de la política monetaria ante el cabildeo del presidente Donald Trump, quien ha hecho repetidas exigencias públicas para que la Reserva Federal deje de elevar las tasas. Powell repitió las anteriores promesas de que la Reserva Federal ignora las consideraciones políticas de ese tipo: "Somos humanos y cometemos errores, pero no vamos a cometer errores de carácter o integridad".
Para ser justos, la reunión del miércoles no fue la primera vez que los preocupados mercados han convencido al banco central estadounidense para que ajuste sus planes de política. A principios de 2016, la volatilidad del mercado llevó a la Reserva Federal, en aquel momento dirigida por Janet Yellen, a recortar bruscamente el número de aumentos de tasas. La llamada 'taper tantrum' (rabieta por la reducción paulatina de liquidez) en 2013 bajo el mando de Ben Bernanke impulsó al banco central a retrasar los planes para reducir sus compras de activos.
Pero la Reserva Federal tenía una estrategia subyacente clara que se mantuvo en vigor durante esos episodios. Para algunos analistas, el banco central ahora parece estar más a la deriva. Hasta hace poco, por ejemplo, el principal argumento detrás del ciclo de endurecimiento de la Reserva Federal era que nuevas disminuciones del desempleo alimentarían las presiones inflacionarias.
Sin embargo, esa discusión estuvo ausente en la conferencia de prensa Powell el miércoles. En cambio, indicó que los datos de inflación real, entre otros indicadores, determinarían si se necesitarían más aumentos de tasas.
No es seguro que éste sea el último aumento de las tasas en el ciclo actual, pero el listón para un mayor endurecimiento ahora parece estar mucho más elevado. Sin duda, la nueva orientación conciliadora de la Reserva Federal es una buena noticia para los mercados globales. Pero no ha disipado las preocupaciones de que el banco central estadounidense ha tenido cierta tendencia hacia realizar comunicados irregulares e impredecibles.