Pedro Bordaberry tiene 54 años y aspira a ser, primero, candidato de los colorados, para luego ir por la Presidencia de la República. La campaña electoral, como a todos los candidatos, lo obliga a un esfuerzo físico importante. Se siente el cansancio.
Todos los días tiene actos nocturnos, recorre el interior en auto, a veces manejando y la mayoría con un asistente. Los domingos, casi sin excepción, trata de estar en su casa, en familia, aunque está atento al celular.
Haber sido deportista seguramente lo ayuda a sostener este tramo de la campaña cuando se hace el último esfuerzo de cara a las elecciones internas.
De joven jugó al rugby, un deporte de equipo y rudo. También practicó fútbol. Ahora, cuando puede –porque antes lo hacía más seguido–, sale a correr de mañana temprano en la zona del parque Roosevelt, por donde vive con sus hijos y su esposa, una psicóloga que evita exponerse en los medios.
El deporte y otras actividades al aire libre, como andar a caballo, le costaron quebraduras. Algunas caídas las sufrió de niño en el campo de la familia en Durazno, ubicado a 40 kilómetros al norte de la capital departamental. Otros vinieron después, incluso cuando era ministro en el gobierno de Jorge Batlle.
La adolescencia le dejó heridas en el cuerpo que lo obligaron a pasar varias veces por urgencia para ser cosido, tiene una varilla dentro de un brazo y un clavo de Küntscher en una pierna. Por eso, en los escáneres de los aeropuertos pasa rápido para que no suene la alarma que detecta metales. Un accidente con un arma le afectó la audición, pero pudo haber sido peor.
Su salud hoy es buena de acuerdo a un certificado médico que envió a El Observador con la firma del doctor Bernardo Layerle (internista y cardiólogo) del hospital Británico. Desde hace seis años se hace chequeos anuales que le dan bien. “Es una persona sana sin patalogías significativas” escribió Layerle.
Bordaberry dice que lo que tiene “son cosas de carrocería pero el motor anda a 6.000 vueltas por minuto sin problema”.
undefined
undefined