Que no haya espacio ni para una moto les reporta a Sebastián y a Néstor, los cuidacoches de la rotonda de Costa Rica y Schroeder, una suma de $ 600 diarios para cada uno. A ese monto le suman lavados de vehículos, venta de leña, piñas y flores, y alguna changa en los comercios del barrio. El pasado jueves vendían unos maniquíes por $ 250 que les habían regalado en un local de ropa.
La congestión vehicular y la falta de espacio son tan críticas entre Rivera, Arocena, Costa Rica y la rambla que los comerciantes y vecinos estacionan hasta donde está prohibido hacerlo. Así ocurre en la calle Rostand, que termina frente a la puerta trasera del Sofitel Montevideo Casino Carrasco & Spa, donde los conductores se ríen de las señales de “prohibido estacionar”.
“Gracias a las inmobiliarias, empresas y oficinas, en los últimos años los coches aumentaron 70%”, calculó Sebastián en base a su experiencia.
Hugo Cersósimo, director de Valora Consultoría & Valuaciones, coincidió con el cuidacoches. A su juicio, el caos se generó por la llegada de empresas que buscan estar cerca del aeropuerto, de la zona franca, y de servicios acordes al público adinerado. La reapertura del hotel contribuyó a armar “un relajete bárbaro en el tránsito”, dijo.
La ubicación de Sebastián y Néstor es estratégica: a pocos metros se encuentran tres de los restaurantes más concurridos de Carrasco, el complejo de oficinas Green Offices y una clínica. “Vienen muchos famosos y a veces te tiran con un $ 100”, contó Sebastián. A dos cuadras está el hotel que Néstor calificó como “una mina de oro”.
Rayones y pinchaduras
El concejal Nicolás Martinelli (Partido Nacional, Aire Fresco) del Municipio E, al que pertenece Carrasco, informó a El Observador que se reciben “muchas denuncias” de propietarios que sufren roturas de vidrios, rayones y pinchaduras de neumáticos perpetrados por cuidacoches no autorizados. Las víctimas son comerciantes o empleados que no mueven el auto en todo el día. “Se ponen agresivos porque no tienen flujo de vehículos”, afirmó.
En poco tiempo, Rostand correrá la misma suerte que Carlos Federico Sáez, que fue cerrada para construir una plaza, perdiéndose, por consiguiente, decenas de espacios para estacionar. En esa esquina por Arocena, la Intendencia de Montevideo (IMM) pintó el cordón de rojo.
Cuando hay más tránsito, los conductores deben ir hasta Miraflores, la tercera paralela a Arocena, para buscar un lugar, o quizá más allá, o dar varias vueltas hasta encontrar un espacio. El problema para Daniel García –otro cuidacoche de la zona– es que el público circula con mucho dinero arriba y no quiere caminar por miedo a las rapiñas, en especial, si va al banco.
Intendencia sin plan
El Observador recogió testimonios de comerciantes, cuidacoches y vecinos que aseguraron que, fácil, por día la grúa municipal se lleva cinco autos. Este operativo es la única acción que IMM aplica en la zona para organizar la circulación vehicular.
No obstante, el director de Tránsito, Hugo Bosca, dijo que las “grúas no resuelven” el problema. Hasta ahora, lo único que se consiguió fue la eliminación de autos estacionados en las paradas de ómnibus, admitió el jerarca.
Bosca fue invitado por el Municipio E para buscar una solución al tema. De acuerdo a una grabación a la que accedió El Observador de esa reunión, consultado acerca de un plan de ordenamiento para el barrio, Bosca indicó: “No se pudo implementar un proyecto porque no nos daban los espacios que nosotros generábamos para los vehículos que hay en Carrasco”.
Inclusive se envió a “la gente del tarifado” para tomar medidas. Y explicó: “Yo no digo que sea (un problema) endémico, pero no es de fácil solución. No podemos evitar que paren a la porteña” en Arocena, es decir, que se estacione de punta, y que hayan entarimados (decks) en las calles, admitió.
Martinelli dijo que lo primero se resuelve con una ordenanza municipal y lo segundo sin más autorizaciones para instalar decks.
Boom comercial
El boom comercial que se vive en Carrasco disparó la demanda de locales. En Arocena solo quedan tres locales a la venta o en alquiler, el correspondiente a Grupocine y a la galería Roma. El local donde funciona la confitería Porto Vanila saldrá pronto a la venta por un valor de US$ 4 millones. “Si vas en 10 días quizá ya no están disponibles”, señaló Cersósimo.
El precio del alquiler promedio para un local con vidriera ronda los US$ 3.000. No obstante, son mucho más accesibles que el que tendrá que pagar el interesado en el viejo local de Manzanares, ubicado en Sáez, frente al hotel: US$ 18 mil mensuales por una superficie de 430 metros cuadrados. El local puede ser adquirido por US$ 4 millones, o por US$ 6 millones, si se lo compra en conjunto con Porto Vanila, con el que tiene conexión.
“Hay muchísimos interesados. Es que Carrasco ha crecido un disparate y se apunta a un público de alto nivel”, explicó el operador inmobiliario.
Grandes estudios jurídicos y financieros se radicaron en el barrio, algunos en edificios propios. “Los clientes de estas empresas no vienen en Buquebus. Van al aeropuerto”, manifestó Cersósimo.
Al mismo tiempo, apuntó que la llegada de servicios para la clase premium se debió a que Carrasco está viviendo el regreso de viejos residentes. Se trata de jóvenes que rondan los 35 años con gran poder adquisitivo. “Son el ancla para que haya una movida en la parte comercial”, afirmó.
“Carrasco tiene hoy un poder comercial y potencial enorme. El hotel no tiene absolutamente nada que ver con el cambio del espacio laboral. Es al revés. Se va a beneficiar de ese entorno”, concluyó.