24 de julio de 2013 10:31 hs

Golpea al país entero el caótico panorama laboral, desatado por los desbordes de dirigentes sindicales ante los coincidentes Consejos de Salarios y Rendición de Cuentas. Los estudiantes de escuelas y liceos públicos van camino a perder el ya pobre año lectivo que ofrece, a veces, la atrasada estructura de la educación pública. Los enfermos de menos recursos ven peligrar el servicio gratuito pero incompleto que les brinda el sistema estatal de salud por la amenaza de huelga del sector en agosto.

Los paros afectan otros organismos públicos, como ocurre con Meteorología en momentos en que sus pronósticos, pese a sus frecuentes errores, son importantes para precaverse del frío y las tormentas de estos días. Y el paro general del PIT-CNT esta semana presagia un largo y tormentoso período de negociaciones salariales, que incidirá negativamente en la paz laboral que necesitan los productores y los trabajadores para enfrentar el decrecido ritmo de crecimiento económico. La fragmentación en la enseñanza es indefendible. Los dirigentes sindicales de Secundaria en Montevideo, derrotados por la deserción de la mayoría de los profesores y por el rechazo de muchos estudiantes, levantaron su huelga pero solo por unos pocos días, en tanto las clases en Primaria están distorsionadas por paros escalonados. Las autoridades de la enseñanza estudian aplicar una situación legal de emergencia que restringe el derecho de huelga y aseguran que las clases perdidas serán recuperadas, intención improbable porque ya ha sido condicionada por los sindicatos a concesiones inviables. La pulseada seguirá por lo menos hasta setiembre, cuando ya quedará poco tiempo para concretar la extensión del período de clases.

El gremio de la salud ve facilitado el camino de las protestas por la pobre gestión del Ministerio de Salud Pública y de ASSE, lo que significará aumentar las ya abundantes intervenciones y consultas postergadas y las otras múltiples deficiencias de atención que asolan a los hospitales y policlínicas estatales. Y la central sindical ya ha rechazado la pauta del 3% de aumento real en los Consejos de Salarios, lo que augura largas y enredadas negociaciones que afectarán la actividad normal de las empresas. Esto es particularmente grave en el momento actual. Pese a que el gobierno mantiene su pronóstico de crecimiento de 4% del Producto Interno Bruto para este año, los resultados de diferentes sectores de la macroeconomía ponen en duda esa meta, tanto para este año como para 2014.

Los principales responsables del panorama laboral, con actividades interrumpidas y salarios perdidos, son los dirigentes sindicales. Soslayan haber recuperado con creces el poder adquisitivo perdido en la crisis de 2002, con aumento del salario real de no menos del 60% en los últimos ocho años, e insisten en mejoras salariales que, aunque puedan justificarse en algunos casos, ni el Estado ni las empresas privadas están en condiciones de afrontar al haberse terminado los ocho años de bonanza internacional y al no ajustarse a la evolución de la productividad. Pero la culpa recae también en la flaca gestión estatal en la educación y la salud y en la tolerancia del gobierno con excesos sindicales que lo han desbordado y que se muestra incapaz de contener.

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