15 de noviembre de 2014 20:36 hs

El martes 15 de julio, funcionarios del Ministerio de Transporte trabajaban en la reparación del puente ubicado sobre el arroyo Vejiga de Tala, en el kilómetro 93 de la ruta 12, cuando vieron una bolsa flotando sobre el agua que les llamó la atención. Cuando la abrieron, se encontraron con un cadáver decapitado e informaron a la Policía.

A la mañana siguiente, la Dirección Nacional de Identificación Civil confirmó a la Policía de Canelones la identidad del cuerpo. Se trataba del cadáver de Leonardo Favio Casafus Casco, un joven de 20 años, sin antecedentes penales, que residía en Montevideo, informó el diario El País.

Poco más se sabe sobre Ca-safus. ¿Quién era? ¿Por qué lo mataron? ¿Por qué lo decapitaron? Nadie nunca contó su historia y así fue quedando olvidado.

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La Policía de Canelones sigue investigando su homicidio. “Es un misterio”, dijo uno de los investigadores a El Observador. “Se trata de un ajuste de cuentas”, agregó.

Casafus tuvo anotaciones en sede policial, pero nunca fue privado de libertad cuando era menor ni procesado cuando cumplió la mayoría de edad. La Policía informó que su círculo cercano está vinculado al delito y que “misteriosamente” el joven nunca tuvo celular.

Su cabeza aún no ha sido encontrada.

Casi cuatro meses después que los trabajadores encontraran el cuerpo de Casafus, en la mañana del lunes 10 de noviembre un motociclista esquivó una cabeza en la avenida Pedragosa Sierra de Maldonado. La semana anterior, una familia del asentamiento Kennedy, ubicado a menos de un kilómetro de donde apareció la cabeza, había denunciado ante la Policía la desaparición de la adolescente Yamila Rodríguez. Ante la falta de respuesta policial, cortaron el paso vehicular y quemaron neumáticos en la intersección de las avenidas Pedragosa Sierra y Aparicio Saravia, en la noche del viernes. Hasta allí llegó la prensa y la búsqueda de la adolescente, con nombre y apellido, cobró fuerza a nivel mediático. La foto de Yamila se difundió en los medios. Molesta con la respuesta policial, la familia pidió ayuda a la prensa.

A los tres días, el lunes, cuando apareció la cabeza y después el cuerpo, las sospechas de que se trataba de Yamila surgieron de inmediato. La pericia forense detectó semen en su cuerpo, pista que indicaba que podía haber sido violada.

A pesar de que El Observador no cubre casos policiales, resolvió cubrir este, por sus particularidades y porque podía encubrir una historia emblemática de vulnerabilidad. La mayoría de los medios también siguió el caso e informó sobre los avances de la investigación que terminó con la confesión de un cuñado, la reunión de pruebas y el procesamiento del criminal.

El lunes de tarde, la Policía de Maldonado allanó la casa donde dormía Yamila y no encontró indicios del crimen. La Policía Científica volvió en la noche de ese día e identificó, gracias al ensayo de iluminol, una mancha de sangre que permitió el avance de la investigación.

Grupos feministas y la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU) criticaron la cobertura mediática por violar el código de ética que presuntamente rige para los integrantes de ese gremio (y que fue aprobado por unos pocos afiliados), que exige reservar la identidad de los menores. También se refirieron al tratamiento “sensacionalista” del crimen.

La familia de Yamila agradeció a El Observador por la cobertura. Brindó datos y consideró que si se informaba, la prensa podía ejercer presión sobre la Policía y la Justicia para aclarar el caso.

Aún no fue posible contactar a la familia de Casafus.

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