Estar reunido, ocupado o tener la agenda repleta no es nada grave. Incluso hay quien cree que, gestionado de forma adecuada, es sinónimo de eficiencia y prestigio laboral. Esta virtud se convierte en vicio cuando se transforma en un hábito o es una pose. Trabajar no es sólo una cuestión de producir, también significa gestionar tus tiempos y, sobre todo, ser capaz de atender pronto los imprevistos que cambian el ritmo de tu jornada.
Cinco excusas que dañan tu imagen profesional
La frase "no tengo tiempo", si se convierte en un hábito, puede perjudicar tu carrera