28 de mayo de 2021 14:57 hs


Era difícil hablar de “aguantar” abril y mayo, porque “aguantar” significaba —aunque sea implícitamente— que la cifra de muertos se multiplicara unas cuatro veces con los cerca de 1.000 muertos con los que terminó marzo. 

  • La hipótesis de que el efecto vacuna se vería en junio se desvanece. ¿El gobierno sostendrá la misma estrategia?

Pero la esperanza era junio. En el gobierno creían que la vacunación empezaría ahí a mostrar los resultados. La idea era aguantar esos dos meses sin medidas que afectaran a la población en otras consecuencias —económicas, sociales, de sanidad mental—, para luego sí ir tomando el ritmo de la normalidad. 

Y aquí surgen muchas más preguntas: ¿el gobierno pecó de optimista?, ¿por qué se desoyó el planteo que, varias veces, hicieron los científicos sobre la necesidad de vacunar con un nivel de contagios más bajos?, ¿el problema está realmente en la vacuna china como se deja entrever por estos días? 

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Cuando Uruguay compró las vacunas de Sinovac ya sabía cuál era su efectividad. Era conocido su impacto y para qué podía servir. Entonces, ¿el error fue comprar la de Sinovac? Si es así, ¿cuánto incidió en eso la presión política y social de fin de año por tener una vacuna urgente? ¿O el error estuvo en, después de comprar esta vacuna, no tomar acciones para que la reducción de los contagios ayudara a su efectividad? En enero los científicos alertaron que la vacunación debía empezarse en un escenario con menor cantidad de casos para que la inoculación fuese más efectiva. 

Entonces, ahora que ya está la comprobación de que en junio no se va a ver aún el efecto de la vacunación porque la efectividad de Sinovac es más baja y por tanto el efecto masivo es más lento, ¿vamos a seguir esperando solo por los efectos de la inoculación?

Las señales que da el gobierno por estas horas son que sí. Que no habrá un cambio de estrategia. Una señal de eso fue el tuit que publicó este jueves el presidente con un informe preliminar que muestra, dijo Lacalle, “resultados alentadores” sobre la vacunación. 

En la próxima semana deberíamos tener alguna idea más clara de si este seguirá siendo el rumbo o habrá cambios. 

  • ¿La popularidad del presidente, del gobierno o de la oposición debe incidir en la toma de decisiones sobre la pandemia?

Los uruguayos quieren y aman la libertad que han tenido estos meses en comparación con el resto del mundo. Pero ese sentimiento de privilegiar la libertad no es solo de los uruguayos. Hay otros ejemplos de gobernantes en el mundo que se han visto beneficiados electoralmente por discursos o medidas similares. Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la comunidad de Madrid, arrasó en las elecciones luego de criticar durante meses medidas restrictivas del gobierno español y de relajar en algunos casos las restricciones que estaban impuestas.

En Uruguay, la popularidad de Lacalle Pou por su estrategia de la pandemia sigue muy alta. Pese a que las cifras de contagios y muertos no ceden, en el último mes pareciera que las otras cifras, las de popularidad del presidente, incidieron no solo en quitarle presión al gobierno sino también en aplacar a la oposición. Tanto el Frente Amplio como el Sindicato Médico habían sido extremadamente duros en meses con menor cantidad de casos que ahora. 

Es cierto también que en la alta popularidad del presidente incide no solo el factor libertad, sino también el capital acumulado. Si uno mira con perspectiva desde el comienzo de la pandemia, en el acumulado las cifras de Uruguay eran de las mejores. Eso empezó a cambiar esta semana, cuando el país superó a Ecuador en el acumulado de muertes por covid-19.

  • Si una de las bases de la estrategia del gobierno es que la ciudadanía tome conciencia, ¿cómo se explican las actividades multitudinarias de los políticos?

Un cambio de discurso que empezó a darse en el último tiempo es el achacarle a la ciudadanía la falta de cuidados y la relajación en sus rutinas como causa de los contagios. 

Además de esperar por los efectos de la vacunación, lo que transmiten en el gobierno es que la otra parte de la estrategia es justamente pedirle a la gente un esfuerzo mayor.

Esto dispara varias preguntas. ¿Cómo hacer para cuidarse en un trabajo en el que compartís al menos ocho horas con otras personas? ¿Cómo evitar contagios en un ómnibus lleno? ¿Por qué los niños se tienen que quedar encerrados en sus casas mientras los padres tienen que ir a trabajar o pueden ir a comprar a un free shop? Ninguna respuesta es simple y para nada de ello hay soluciones mágicas. 

Pero cuando Radi planteó esta semana en una muy buena entrevista con Búsqueda que no se puede ser “dogmático”, parece querer decir que no todo es blanco o negro. Que no todo es cerrar, paralizar la economía y militarizar el país, o seguir con la misma estrategia. 

Más allá de todo eso, si la estrategia del gobierno es apostar realmente a convencer a la ciudadanía, surge otra pregunta adicional: ¿por qué dejó de comunicar como lo hacía? 

Esta semana se profundizó otro problema en sentido contrario: los mensajes de no cuidado que pasan las personas que deberían dar el ejemplo. La interpelación de más de 12 horas promovida por el diputado frenteamplista Gonzalo Civila a la ministra Azucena Arbeleche fue un ejemplo pésimo, que empeoró cuando se supo luego que hubo un diputado con covid en sala. ¿Realmente no se puede hacer una instancia de ese tipo por videoconferencia? 

Peor aun fue el protocolo del velorio de Jorge Larrañaga. Las imágenes, las vio todo el país y allí no había ni distancia ni el aforo máximo que se le exige a cualquier persona que va a despedir a un familiar. Se podía hacer como se hizo en el Palacio Legislativo, pero con mayor circulación de las personas por menos tiempo. 

Estos casos se suman a otro montón de señales negativas: la reunión con asado del gobierno con dirigentes de la Conmebol recién llegados al país es uno de ellos. 

  • ¿Por qué el gobierno abandonó el tratamiento prolijo y transparente de las cifras que hizo durante buena parte de la pandemia?

La información de la pandemia es sumamente relevante para tomar decisiones. Sin embargo, en las últimas semanas, ya no todo es tan prolijo ni transparente. Los ciudadanos ya no acceden a datos que resultan clave.

Por ejemplo, al comienzo de la vacunación, teníamos datos en tiempo real no solo de cuántas personas se habían anotado y vacunado en las últimas horas, sino también de qué laboratorio son cada una. Hoy esa información se carga con menor periodicidad y calidad.

Para ayudar a la toma de decisiones sobre qué actividades generan más contagios, antes todos los uruguayos teníamos disponibles datos concretos. En los últimos informes epidemiológicos ya no están. 

Este jueves el gobierno hizo público resultados preliminares sobre los efectos de la vacunación. Esa es una buena noticia, porque hay información disponible. Pero también surge una pregunta: ¿es necesario dar el dato crudo, sin filtrar al menos por edad?

Como el mismo reporte se ataja, “estas cifras son preliminares, y deben interpretarse cautelosamente ya que no tiene en cuenta la edad de las personas, sus comorbilidades y los grupos de elevada exposición (personal de salud)”. 

¿Es correcto hacer un uso político de esos datos cuando estadísticamente no está terminado el trabajo? 

  • ¿Twitter es el mejor lugar para centrar la comunicación en aspectos tan sensibles como la vacunación?

El ministro de Salud, Daniel Salinas, se volvió un tuitero full time. Es un terreno que le permite intercambiar con la población y en algunos aspectos lo acerca a la ciudadanía. Hace un tiempo me preguntaba ¿por qué los políticos dedican tanto tiempo a leer Twitter y, lo que es peor, a reaccionar en función de lo que allí sucede? Más teniendo en cuenta que en esa red social, según un informe del INE, está solamente el 8% de los mayores de 14 años. Hoy repito la pregunta, pero le sumo otro elemento. ¿Está bien que el ministro dé las noticias sobre vacunación —información clave como quienes serán los próximos en recibir hora o cosas similares— en esa red? 

El gobierno siempre dice que es transparente y está abierto a las preguntas. Sobre el tema vacunación en concreto, hay muchísimas preguntas. Muchas dudas y algunas decisiones que no se entienden. Entonces, ¿por qué el MSP no hace conferencias para anunciar aspectos de la vacunación y permite que los periodistas pregunten?

 

Soy Gonzalo Ferreira, editor jefe de El Observador. Podés escribirme a este mail por sugerencias y comentarios.

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