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 ¿Qué modificaciones puede impulsar la pandemia en el entorno urbano?

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Ciudades postpandemia: ¿cómo pueden cambiar las urbanizaciones después del covid-19?

La pandemia ocasionada por el covid-19 generó una reflexión en el ámbito del urbanismo: ¿hacia qué modelos avanzan las ciudades? 

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08 de agosto de 2021 a las 05:00

El adentro y el afuera se reformularon. Después de que la crisis sanitaria confinó a gran parte de la población mundial en la intimidad de sus hogares, los espacios públicos adquirieron otro valor y el urbanismo tomó nota de los cambios que podría implementar.

La preocupación de los urbanistas por la salud de las sociedades no es nueva. De hecho, es una inquietud asociada a los orígenes del urbanismo y la mirada modernizadora de la ciudad. “Muchos de los cambios que tuvieron las ciudades en la época moderna tienen que ver con los temas de salud”, sostiene el arquitecto Lucio de Souza, y explica que en general fueron modificaciones de cuestiones asociadas a pestes históricas. Estas preocupaciones llevaron a grandes transformaciones en todas las ciudades, incluso Montevideo. Según el urbanista, el impulso llevó a la aparición de amplios parques, grandes bulevares y espacios de circulación de aire. “Siempre ha estado la salud presente en estos temas, en los temas de arquitectura y urbanismo, en los temas de la vivienda”.

Federico Bervejillo, catedrático de urbanismo en la Universidad ORT, también señala el vínculo del urbanismo moderno y las epidemias, con preocupaciones vinculadas a la falta de saneamiento y de agua potable en las ciudades, al hecho de que las aguas servidas se canalizaran en las calles y al hacinamiento provocado por la revolución industrial en los países desarrollados. Los problemas sanitarios eran problemas que amenazaban la integración social, y en ese sentido la ciudad moderna se presenta como una posibilidad de mejorar las condiciones de vida e integrar a las personas.

La ciudad es lugar de encuentro

Cuando los números de la pandemia dieron un respiro, los montevideanos se apropiaron de sus espacios abiertos: familias enteras trasladaron el almuerzo del domingo a los parques de la ciudad, mientras la rambla se vio colmada de grupos, parejas y deportistas que se volcaron a ella como vía de escape a la realidad pandémica.

Los montevideanos se apropiaron de los espacios públicos y se redescubrió el valor de los espacios abiertos

“La ciudad es esencialmente un lugar de afectos y encuentros afectivos: afectos con la propia ciudad, sus espacios, sus paisajes y con otros congéneres”, sostiene Diego Capandeguy, catedrático de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, que señala que el covid-19 generó un deseo de mayor sociabilidad. “La ciudad también son sus boliches, sus bares, sus cafés, los lugares de los diálogos informales. El valor que tenía el espacio público y el espacio de encuentro se puso en evidencia”.

De Souza, docente de la misma institución pública, señala que “se vio una explosión del uso del espacio público como hacía 50 años que no se veía”. Sostiene que se dio una revalorización de aquellos parques que se habían hecho en el siglo xix, que a lo largo del siglo xx fueron siempre lugares muy importantes y que en el cambio de siglo empezaron a declinar mientras tomaron protagonismo otros espacios no públicos, pero sí colectivos, como los shoppings o lugares de entretenimiento.

Los urbanistas coinciden en que los espacios públicos fueron los lugares que tuvieron más impacto positivo. “Durante mucho tiempo en el mundo académico se hablaba de la muerte del espacio público como algo inexorable. Los espacios de ocio privados iban conquistando su lugar y protagonismo. Pero luego con el covid eso cambió. Los espacios públicos tienen un valor que no aportan los privados: el intercambio entre diferentes grupos sociales”, sostiene De Souza.

No solo se puso en valor el espacio de encuentro con otros; también se valorizó el encuentro con la naturaleza. Bervejillo habla de la necesidad de generar sistemas verdes, vistos a una escala metropolitana: “La pandemia puso en valor la necesidad de facilitar ciertas prácticas saludables, que el habitante tenga un acceso fácil a espacios más naturales que lo propiamente urbano. En ese sentido los parques juegan un rol principal. Si queremos ser una ciudad saludable del siglo xxi, haríamos bien en promover algo que imagino como una especie de agencia metropolitana de parques”.

“Hemos descubierto el espacio público como una novedad para los montevideanos” - De Souza

Capandeguy defiende también el valor del espacio público a pequeña escala: el valor de la vecindad. “Que tengas grandes espacios públicos, pero también en el espacio de la vecindad e intentar lograr una rearmonización con la naturaleza y los humanos”. Recuerda, por ejemplo, cuando bajó la contaminación durante el confinamiento y apareció fauna en medio de las grandes ciudades.

¿Hacia qué modelos de ciudades avanzamos?

La pandemia llevó a urbanistas en todo el mundo a repensar las ciudades y sus características, reflexionar sobre modelos que mejoren la calidad de vida de sus habitantes. ¿Hacia dónde van los nuevos modelos urbanos?

El último informe de Naciones Unidas (ONU-Hábitat) incluyó recomendaciones de un mayor enfoque a nivel local en la planificación de vecindarios y comunidades autónomas e inclusivas. A su vez, la Bienal de Arquitectura de Venecia también puso el tema en su agenda de 2021 y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicó una guía de respuestas de las ciudades ante la pandemia, que afirma que la crisis sanitaria “aceleró un vuelco hacia un nuevo paradigma urbano, hacia ciudades más inclusivas, verdes e inteligentes”.

No se trata de hacer futurología, sino de teorizar y pensar alternativas. De Souza señala que los ámbitos académicos se plantean el futuro de las ciudades en torno a dos posiciones: que las costumbres y el imaginario de cómo vivir en una ciudad vuelva a ser el de antes, o que cambien algunos imaginarios. En este sentido, señala el posible crecimiento de las áreas suburbanas. 
“La pandemia nos puso a pensar en el futuro de nuestras ciudades. Creo que está impulsando muchas líneas de pensamiento que estaban emergiendo y que ahora posiblemente tomen fuerza”, dice.

La planificación urbana afecta directamente la salud de sus habitantes

Una de las corrientes del urbanismo que toman relevancia es la que considera que es bueno que la ciudad sea compacta y densa, que tenga buena dotación de servicios y áreas de ocio bien distribuidas. En este sentido hay dos modelos europeos que dan que hablar: la “ciudad de 15 minutos” de París y las “supermanzanas” de Barcelona. 

“El modelo que plantea Carlos Moreno, un teórico urbanista que fue asesor de la última alcaldesa de París, está en ese plan de transformación, de hacer que todos los barrios tengan buena dotación de servicios y equipamientos, y que por lo tanto en 15 minutos puedas llegar a todo lo que precisas cotidianamente. Que tengas un espacio de ocio, un área comercial, instituciones educativas y servicios de salud”, explica De Souza, y señala que el modelo de las supermanzanas de Barcelona, de Salvador Rueda, es otro modelo que se centra en la misma idea de tener espacios públicos de calidad mientras restringe el tráfico vehicular para favorecer al individuo y no tanto a los vehículos a motor, que según él es lo que históricamente el urbanismo ha hecho desde 1950 en adelante. “Ese modelo también está asociado con las últimas tendencias. Acá se está leyendo bastante de eso, se está estudiando, me consta que hay ideas de pensar y resolver en este sentido algunos segmentos de nuestra sociedad”, asegura. 

“Estos modelos de alguna manera se ven fortalecidos por la pandemia y me parece que son ideas que van a valorarse a futuro”, considera, y lo diferencia del modelo norteamericano, que plantea vivir en el suburbio y trasladarse diariamente hasta el lugar de trabajo. “Es posible que ese modelo se ponga en cuestionamiento y que las ciudades tiendan a ser más bien fragmentos bien equipados, y que la persona se mueva por necesidades muy específicas. Obviamente no todos los barrios van a tener el Antel Arena o el Estadio Centenario, pero la vida cotidiana se puede resolver en estos espacios más barriales, más de cercanía. Creo que este modelo posiblemente sea el que salga con fuerza ganadora de todo esto”, considera De Souza. 

De todas formas, los modelos teóricos deben adaptarse a sus contextos y llevarse a la práctica en ciudades preexistentes.

La pandemia dejó en evidencia las debilidades de las ciudades

Para Bervejillo, el concepto contemporáneo de ciudad tiene que promover la diversidad y la densidad: la ciudad tiene que ser compacta. “Si está todo desparramado, todo tiende a fragmentarse. Pero eso no quiere decir que piense que la ciudad se termine en bulevar Artigas, en Maroñas o en Sayago. La ciudad sigue, es una ciudad metropolitana y va a seguir siendo una ciudad de 30 kilómetros de radio. Esa es nuestra ciudad, no podemos tirarla e inventarnos otra, tenemos que trabajar en una que ocupa mucho espacio y para eso tenemos que tener conceptos que nos permitan organizarla”. El urbanista plantea el concepto del corredor y un sistema de subcentros acompañando los ejes, que tienen que ser avenidas amables y fáciles de cruzar.

“Empezás a tener la idea de una ciudad que se organiza buscando la calidad ambiental, social y urbana”, comenta. Recuerda que “hay que pensar la ciudad también desde la periferia, una periferia con vocación de volverse ciudad de calidad”. En este sentido señala que una de las debilidades que puso en evidencia la pandemia es la desigualdad entre el centro y la periferia. “Vivimos, en Latinoamérica y en Uruguay, en ciudades que tienen riesgos importantes para la salud que no son tanto el tipo de riesgo que tenía aquella primera ciudad industrial, relativos al hacinamiento en las áreas centrales o en los distritos industriales, sino que son riesgos vinculados a las periferias en las que la urbanización es incompleta, donde muchas veces no hay saneamiento, el drenaje del agua de lluvia es malo, se inundan las calles y no existen las veredas”, sostiene, y agrega que a las mencionadas condiciones se agrega en muchos casos la precariedad de la vivienda que la gente habita. “Esa diferencia, que tiene que ver con la salud y también con el acceso a otro tipo de oportunidades, es uno de los desafíos más grandes que tiene hoy Montevideo”.

Capandeguy, por su parte, marca la necesidad de pensar en una ciudad poscovid que mire hacia el futuro considerando otros riesgos que abren un campo de reflexión creativa. El arquitecto resalta que uno de los conceptos que ha tomado relevancia en el urbanismo contemporáneo es el de resiliencia, que propone que las ciudades puedan ser resilientes a los cambios. “Hoy se habla de un urbanismo ecológico que intente que la ciudad sea ambientalmente más amigable. En el futuro a algunas de esas ideas habría que repensarlas a la luz de una ciudad que conviva con el covid, o una ciudad poscovid”. 

a nivel internacional los urbanistas apuestan a ciudades con más contacto con la naturaleza

Capandeguy es cauto con el concepto de la ciudad integrada. Sostiene que la pandemia hizo que se revisaran ideas y trajo “un tirón de orejas” para el urbanismo. “Hay que ver la ciudad integrada e inclusiva y de golpe desidiologizarla, y quizá ir hacia una ciudad con más libertades y más opciones de ámbitos”. Capandeguy, que además se especializa en urbanismo de riesgo, señala también la posibilidad de pensar en lo que puede ser una especie de urbanismo de backup, que le permita ser resiliente ante contingencias. Se plantea, por ejemplo, qué pasaría si el sistema de comunicación digital se cayera. En la jerga del urbanismo de riesgo o de eventos extraordinarios se habla de la sedación. Él advierte que después de un fenómeno traumático puede haber un periodo de calma, que se refleja en la memoria y en el trabajo de los Estados y las organizaciones voluntarias después de una catástrofe que puede debilitar a las ciudades frente a otros eventos extraordinarios.

De Souza señala que el mundo académico está lleno de discusiones y debates. “Por suerte estamos trabajando también en cuestiones de este tipo con la Intendencia de Montevideo y los ministerios, el Instituto de Urbanismo asesora mucho en muchos sentidos y estamos revisando y aportando en este sentido a los que toman decisiones”.

Hacia los suburbios: ¿pasajero o permanente?

Además de ser docente de la Facultad de Arquitectura, De Souza es director del Instituto de Urbanismo. Señala que en el instituto están analizando y mapeando algunos aspectos relacionados con el cambio en el imaginario de la gente sobre la residencia. “Hay una pequeña tensión hacia los suburbios. Es posible que ahora veamos no un cambio muy grande, pero sí un crecimiento en las casas en áreas suburbanas, en zonas que hace muchísimo tiempo eran balnearios y que desde 1990 en adelante se fueron ocupando”. Según él, se trata de familias de poder adquisitivo medio, medio-alto o alto que pueden cambiar fácilmente de modo de vida. “Incluso en los balnearios también se ve una transformación para residencia permanente”.

Capandeguy coincide: “Nos consta que hay gente con poder adquisitivo que no quiere vivir en las grandes metrópolis. Hay segmentos que lo pueden hacer, que quieren cambiar de estilo de vida y trabajar a distancia”. En este sentido, y gracias a las posibilidades de la digitalización, Capandeguy plantea la posibilidad de que se generen comunidades alternativas y multietarias. “Que sea una comunidad que compre un área rural que tenga una parte productiva y otra parte que siga con trabajos a distancia viviendo en un marco alternativo y más amable que la ciudad, en otra comunión con la naturaleza”. 

"Hay una tensión hacia la vivienda suburbana" - De Souza

Son alternativas que hablan de un cambio notable que esta crisis también planteó: la dispersión, que era un tema medio tabú en el urbanismo”, comenta el arquitecto, y destaca que la migración de la cotidianidad a las tecnologías digitales permitió modelos más complejos de vida. “Podría haber colonias rurales cercanas a distintas ciudades, que hagan agricultura, podrían ser desde un segmento de alta gama hasta cooperativas con un modelo complejo. Otros modelos de vida. O la arquitectura misma, pensar complejos de vivienda con jardines verticales y huertas comunitarias subsistenciales”.

El futuro de las ciudades abre posibilidades de cambio y transformación. Parece claro que vamos hacia ciudades que propician el encuentro con otros, que se relacionan con la naturaleza y retoman la preocupación moderna por la salud de sus habitantes. El tiempo, y el trabajo de los urbanistas, develará el misterio. 

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