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Claudia García: "Mi trabajo no empezó en Telemundo ni creo que vaya a terminar ahí"

Después de su desvinculación de Telemundo, la periodista habló por primera vez 

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10 de mayo de 2019 a las 05:02

Claudia García atraviesa las puertas de la confitería Oro del Rhin de la rambla de Pocitos. Acaba de hacer los más de 100 kilómetros que separan Montevideo de su chacra en Maldonado, donde vive desde hace dos años. Saluda con cordialidad, se sienta y casi como un acto reflejo se acomoda su melena rubia. Dice que está despeinada y se arregla con su celular como espejo, aunque realmente no lo necesita. Lejos de la formalidad que la vistió de lunes a viernes hasta hace unos días, se presenta con un aspecto muy cuidado pero más descontracturado. Jeans rasgados, championes plateados y un saquito básico iluminado con un prendedor. Tiene apenas una base de maquillaje y se ve completamente natural.

Con una calidez que empatiza con el vapor que sale del té de frutos rojos que eligió, Claudia García (51) decide hablar de uno de los quiebres más importantes que sufrió su carrera tras 30 años de labor en los medios y 15 al frente de Telemundo. El viernes 26 de abril desde Teledoce le comunicaron que quedaba desvinculada de su puesto de trabajo por una decisión estratégica del canal de renovación. Apenas se hizo pública la noticia, una considerable cantidad de uruguayos –colegas y audiencia que la siguió desde siempre– salió a manifestarse en su apoyo. No es necesario sumergirse en las redes sociales para notarlo, alcanza con estar con ella unos minutos. "Ay Claudia, disculpame, te tengo que saludar. Te extrañamos en la tele", le dice una señora que se le acerca para presentarle a su marido y a su hijo. 

A dos semanas de su última aparición al aire, la comunicadora y locutora visitó Montevideo y habló con El Observador sobre cómo se siente y cómo elige pararse hoy frente a una situación que, según contó, la “desbordó” y con la que aún se siente “emocionalmente fracturada”.

“Ahora me voy a hacer una pausa” dijo cuando se despidió de la gente a través de un video de sus redes. Tras tantos años de exposición en la tele, ¿cómo se siente el día después?

Todavía no estoy en esa etapa. Han sucedido muchas cosas, la respuesta en las redes, el cariño de la gente, el reconocimiento, todo fue muy movilizador para mí. Y estuve con una mezcla de emociones, me tomó por sorpresa tanto cariño. También está la circunstancia desagradable de un despido que nunca es lindo, menos cuando uno no se lo espera. Recién estoy bajando de esa situación. De todas formas soy una persona que tiene mucha actividad fuera del canal, lo que haré ahora es sumar un poco más de esas actividades (García es locutora comercial profesional y ayuda con la huerta orgánica de su marido). Descansar un poquito y después ver qué es lo que pasa. Todavía no lo tengo muy claro.

Esa sensación de sorpresa tras el despido lo expresaron también colegas como Aldo Silva y  Alberto Kesman. ¿Nunca recibió una señal de que esto podía suceder?

Para nada. El canal está en un proceso de renovación desde hace tiempo y es bien visible eso. Pero en mi caso, no me lo esperaba. Yo estaba lo más pancha, para mi estaba todo bien conmigo (se ríe). Además estaba con toda la expectativa de arrancar ahora con todo el ciclo electoral y estaba muy enfocada en eso. Y fue por lo que salió en El Observador, por una política de renovación del canal donde se valora ahora otro formato que desconozco cómo será. Son decisiones empresariales, la empresa entendió que el rumbo era otro y que yo no entraba en ese molde.

Mencionó el cariño de la gente. ¿Se esperaba esa respuesta tan notoria?

No esperaba una respuesta tan masiva. El lugar que ocupaba en Telemundo era muy importante y es una labor muy cercana a la gente, porque el noticiero es un producto que gran mayoría de los uruguayos ve. Y sí, te pueden conocer, te ven en la calle y te saludan. Pero el afecto verdadero, esa cosa de corazón a corazón, me conmovió. Ese es el lado bueno del cuento. Es como un bálsamo. Entendí que toda esa devolución del público tenía que ver con mi trayectoria y no tanto con el hecho puntual de haber sido despedida del canal.

¿Estos días le dieron la oportunidad de respirar y pensar en retrospectiva de todo su recorrido en la comunicación?

Claro, porque incluso los propios colegas y personas con sus mensajes me llevaron a esos comienzos. Se ha puesto en contacto conmigo gente con la que hacía muchos años no hablaba. Cuando agradecí, también lo hice desde ese lugar, desde lo que son mis 30 años de trabajo. Mi trabajo no empezó en Telemundo, ni creo que vaya a terminar ahí. Antes de eso, ejercí la profesión en muchas radios, canales y productos.

¿Podría decirse que Cristina Morán fue su gran maestra en aquellos comienzos?

La primera de las referentes. Fue la que me dio las primeras armas, me enseñó las primeras posturas, me puso en la televisión. Me dijo que yo podía hacer tele y que tenía las condiciones, cosa que yo inicialmente no creía. Mi primer y gran amor fue la radio, pero el camino me fue llevando a la televisión y gracias a Cristina, mujer que admiro.

Néber Araújo también fue otro gran referente. Con él trabajé dos años haciendo Agenda Confidencial por comienzos de los 2000. Me enseñó a hacer periodismo, a ser rigurosa, a contrastar, a tener la precisión que tiene que tener nuestra tarea. Antonio Pippo que lo conocí cuando era director de los informativos de canal 5 y yo presentaba las noticias, fue otro maestro que me enseñó un montón de cosas.

¿Cómo fue arrancar en la tele siendo una periodista tan joven y mujer? La década de 1990 era un escenario bien distinto al actual.

En ese entonces lo que se esperaba de una mujer en un noticiero era, no tanto que fueras periodista, sino que tuvieras una buena presencia y una buena voz. Empecé en canal 5, que por aquellos años no hacía diferencia de género y formamos con los colegas un grupo muy unido. No padecí todas esas cosas que se supone que las mujeres padecemos o hemos padecido un poquito. Esa diferencia de repente la percibí en otros trabajos. Pero es un desafío permanente esto de ser mujer y es una la que esquiva determinados conflictos con la inteligencia y carácter suficiente para lograr laboralmente lo que quiere.

Cuando entré (2003), Telemundo tenía un formato como muy paternalista, heredado de Neber que era la figura principal entre dos mujeres. Laura Daners y Silvia Kliche lo acompañaban, pero el hilo poderoso de la información lo llevaba él. Cuando se fue, empezó una etapa de transición que arrancó conmigo. Tuve que ganarme mis espacios, con sus claros y oscuros. Me llevó sus años, una mujer tenía que ganarse su lugar y eso es lo que he tratado de hacer todos esos años ahí.

¿Tiene momentos dentro del informativo que destaque o recuerde con apego?

Mis últimos seis años aproximadamente fueron mi gran momento como informativista, en ese proceso de reivindicarse, no solo por ser mujer sino por ser periodista y profesional. Los noticieros son muy intensos. Sin duda que momentos poderosos son los de las elecciones nacionales, las transmisiones largas. Ahora se viene un ciclo electoral intenso y es uno de esos momentos importantes para un periodista que lo disfruta mucho. Salir del formato clásico de todos los días para ir a una cosa con mayor despliegue donde podés hacer entrevistas y articular diferente con el producto son momentos lindos que disfruté mucho. Todo el tiempo aparecen momentos de información destacables, esa es la esencia del noticiero.

¿Pensó en volver a conectarse con ese “primer y gran amor” que es la radio?

Me encantaría volver a trabajar en radio. El último programa largo que hice fue en Radio Futura en 2006. Después tuve alguna producción en Alfa Fm. Pero hace unos cuantos años que no hago radio en vivo y me encantaría. Generalmente los formatos en los que participé en radio fueron más descontracturados que el informativo. Me imagino que haría algo similar, pero todavía no le he dado forma a eso. Buscaría algo que aporte y deje en el aire ideas para pensar.

¿Se quedó tranquila tras decidir no volver aquel lunes 29 a despedirse al aire?

Sí. A mí me despidieron un viernes y me fui para mi casa. Mi plan inicial era ir, pero con todo lo que se generó el fin de semana resolví hacer algo en redes. El domingo entendí que no tenía sentido ir al canal, porque todos sabían lo que había pasado y habían visto el video. Además las emociones te pueden jugar una mala pasada y quería evitar que eso me inhibiera de decir las cosas que de verdad yo quería decir, que son las que dije. Acá no hay misterio, se dijo por ahí que me habían despedido por una cuestión política o porque hubo un problema y no, hubo una decisión de la empresa.

¿Me hubiera gustado seguir? Sí. ¿No me lo esperaba? No. ¿Estaba enfocadísima en las internas? Sí. Y bueno, habrá que cambiar la ruta pero en estos momentos no estoy en condiciones de decir qué es lo que quiero hacer y dónde. El tiempo –que es lo importante en estas cosas– dirá. Hay que controlar la ansiedad, después descansar y que los zapallos se vayan acomodando en el camión, como decía mi papá. En la vida, cuando te viene un sacudón de estas características, llega una oportunidad para pensar. La vida me da la oportunidad ahora de pararme frente a lo que tengo y decir “¿Para dónde voy?”, “¿Qué es lo que de verdad quiero hacer?”. Ahí empiezo y después veré si puedo hacer lo que tenga ganas o si el destino me llevará a tener que generar otra cosa.

Yo tengo una vida linda. Vivo donde me gusta vivir, parte del día lo ocupo en algo que me gratifica y me da una linda energía, tengo un marido divino, tengo mis animales, tengo mis amigos y una familia preciosa. Es verdad que el trabajo es importante, pero hay vida después del trabajo.

Sobre todo cuando se mira para atrás y el balance es positivo.

Fueron 15 años, es un montón de tiempo. Me sobran los dedos de la mano para contar las personas que han tenido en este país el privilegio de estar tantos años en una empresa, presentando un noticiero. Hay que saber mirar las cosas en su real dimensión.

Claro, no tengo ni 30 ni 40, tengo 51 años. Es una edad en la que, de repente, es difícil encauzarse, porque tampoco es que tenga 59 y este a un paso de la jubilación. Pero quienes trabajamos en la comunicación tenemos otro valor, que es el de la credibilidad y la palabra, que son esos elementos que no envejecen. Para mí es una incertidumbre, no sé si soy vieja con 51 años en la comunicación.

Más allá de lo laboral, ¿cómo se siente en el plano más emocional?

Estoy tratando de aflojar, soltar y disfrutar de lo que me da el momento, que es más tiempo libre. Por naturaleza no soy de deprimirme, soy muy resiliente. En la vida me han tocado situaciones mucho más difíciles que esta. Uno aprende y fabrica herramientas que después aplica, yo ahora estoy usando instrumentos que adquirí en otras experiencias que fueron mucho más jodidas que un despido. Uno sabe dónde están las cosas importantes y me estoy apoyando en ellas.  

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