6 de mayo de 2014 18:10 hs

Causó sorpresa la cantidad de gente que se aceró hasta el Teatro Solís la noche del lunes para escuchar al Premio Nobel de Literatura sudafricano John Maxwell Coetzee. Allí cerca, frente al Hotel Radisson, había un grupo de jovencitas que gritaba aguda e histéricamente por los integrantes de One Direction. Pero la fila para escuchar a Coetzee era mucho mayor. Salía de una de las puertas laterales del teatro y daba la vuelta hasta la calle Bartolomé Mitre.

Hasta los propios organizadores se vieron desbordados por el público que, libro de Coetzee en mano, esperaba la conferencia y la oportunidad de un autógrafo del famoso escritor. Las 150 personas que entraron en la sala de conferencias eran solo una parte de la larga fila que todavía sobraba puertas afuera.

Coetzee y la intendenta Ana Olivera ya se habían sentado y estaba todo listo para empezar cuando se anunció por los parlantes que se cambiaba el sitio de la conferencia y que se pasaba para la sala principal del Solís.

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Allá se levantó el público que había entrado, bajó a la sala principal y luego entró el resto del público. Con la adaptación del equipo de sonido y los auriculares para la traducción simultánea (la conferencia de Coetzee era en inglés), el nombramiento de Visitante Ilustre de la ciudad y la medalla Delmira Agustini, la conferencia del laureado escritor empezó con más de una hora de retraso. Se improvisó una mesa, a la que se puso un mantel de apuro, unas sillas apretadas y unas jarras de agua. Demasiado provinciano todo para la estatura del visitante.

Lo que dijo
La conferencia de Coetzee versó sobre una colección de 12 libros, titulada “Biblioteca personal”, que está publicando la editorial argentina El Hilo de Ariadna y ya se encuentra en Montevideo.

Citó de forma ineludible a Jorge Luis Borges y sus dos proyectos de bibliotecas a lo largo de su vida: una “personal” y otra “de clásicos”. “La ‘personal’ de Borges tenía unos 100 volúmenes. Nosotros lo imitamos pero él era un gigante y yo no, por lo que la nuestra tiene 12 volúmenes”, dijo Coetzee al inicio de la conferencia en el Solís.

“No pretende ser un cánon de la literatura de Occidente, no es una biblioteca de las bases de la civilización ni de las mejores obras sino libros que están cerca de mi corazón, de mi infancia, de mis amigos”, agregó el sudafricano que desde años vive en Australia. También se refirió a los autores que ya han pasado al dominio público (o sea muertos antes de 1944) y sobre el valor de las traducciones (una de ellas la de José Donoso).

Destacó especialmente a tres autores que componen su antología: Danieol Defoe, Henrich von Kleis y el suizo Robert Walser, “un escritor a descubrir”.

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