En aquel entonces, todo era amarillo. Chris Martin caminaba hacia la cámara, en plena penumbra, y su canción se preparaba lentamente para el gran estallido, mientras el sol comenzaban a alumbrar una playa desierta.
Con aquel Yellow (2000), Coldplay se distinguía como una novedad a seguir. Si bien su estilo no mostraba grandes rupturas con el britpop de las décadas de 1980 y 1990, se mostraba influenciado por congéneres como Travis, Oasis y Radiohead, y funcionaba.
No obstante, la banda que mañana presentará su séptimo disco, A head full of dreams, exhibe otros matices, así como un sonido alejado del rock-pop alternativo inglés. Más allá de los acentos de sus integrantes, ahora Coldplay termina de afianzarse con un sonido más global y variado, sin circunscribirse a la imagen de la estereotípica banda inglesa.
"Los colores que nos faltan dentro de la banda los intentamos lograr a través de otros artistas y productores", comentó Martin en una entrevista con el Wall Street Journal. Siguiendo esa premisa, el disco incluye colaboraciones de artistas como Beyoncé y Noel Gallagher (Oasis), pero también incorpora las voces de los hijos de Martin y de su actual novia, Annabelle Wallis.
Los invitados más inesperados, no obstante, fueron su exesposa, la actriz Gwyneth Paltrow, y el presidente estadounidense, Barack Obama. Mientras que Paltrow aparece en Everglow, una canción sobre la chispa que perdura en toda relación, Obama servirá como interludio del disco con su versión del himno cristiano Amazing Grace, cantado durante el funeral del senador demócrata Clementa Pinckney.
En su ritmo, A head full of dreams no sigue el camino de la sexta producción de la banda, Ghost Stories (2014), más apesadumbrado y melancólico. En cambio, retoma el espíritu edificante de Mylo Xyloto (2011), un álbum conceptual sobre una lucha contra el sonido y el color.
Con la producción del dúo noruego Stargate, responsable de muchos de los hits de Rihanna, A head full of dreams se alza por encima del decaimiento. Además, tendrá nada menos que el espectáculo del medio tiempo del multitudinario Super Bowl para mostrar su poder.
A head full of dreams refiere a pájaros en vuelo, corazones que laten y diamantes en bruto. La estética del disco acompaña el mismo espíritu, confirmando que el color y el sonido no solo ganaron la batalla, sino que ahora dominan.