Economía y Empresas > Domingo de angustia

Cómo combatir el Sunday Blues, padecimiento de los trabajadores infelices

Se trata de un malestar que afecta a quienes no están satisfechos con su empleo

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19 de septiembre de 2019 a las 12:01

¿Has sentido que al término del domingo sientes una gran angustia, tristeza, depresión y enojo porque en pocas horas comenzará una nueva semana de trabajo? Seguramente padeces Sunday Blues, un malestar que se presenta al terminar el fin de semana y que afecta principalmente a quienes no son felices en su trabajo.

Un trabajo es necesario para la vida, ya que de ahí se pagan las deudas, comida e incluso actividades de entretenimiento y diversión; sin embargo, no significa que la única motivación sea recibir dinero.

En palabras de Patrick Lencioni, autor estadounidense del libro Cómo motivar y comprometer a los empleados, la infelicidad laboral se puede dar en cualquier sector, no es cuestión de economía o profesión.

“En un comienzo creí que un mal trabajo era aquel no cualificado, que aburre, está mal pagado y en un entorno desagradable. Creí que la clave era encontrar un empleo con todo lo opuesto, pero mi teoría se cayó cuando conocí a gente con empleos maravillosos y envidiables como ingenieros, ejecutivos y profesores, todos cultos, que habían escogido cuidadosamente sus carreras en función de sus pasiones e intereses, pero que se sentían miserables y amargados”, manifiesta en su libro.

La teoría se destruyó al conocer a personas con trabajos menos glamorosos como jardineros, camareros y personal de limpieza, quienes estaban plenamente comprometidos y lo disfrutaban, entonces ¿qué hace de un simple empleo, uno amado?

Un trabajo miserable

Para comprender de qué se conforma el empleo ideal, hay que comenzar definiendo lo que es un trabajo miserable, que no es lo mismo a un mal trabajo.

La definición depende de cada persona. Por ejemplo, para algunos es aquel físicamente agotador y requiere largas horas bajo el sol, para otros es uno no bien pagado, y para otro tanto es el que está lejos de casa o exige muchas horas sentados frente a una computadora. Todo depende de cada visión, pero lo que todos sí saben es lo que es un mal trabajo.

“Es ése que nadie quiere tener y los que lo tienen no saben qué hacer para dejarlo. Te absorbe la energía cuando no te tiene ocupado y hace que regreses a tu casa con menos entusiasmo y más cinismo de lo que tenías al salir de casa por la mañana. Los trabajos miserables están por todas partes y existen desde el alto ejecutivo hasta el recepcionista”, afirma.

El costo

Cuando en una empresa de producción de alimentos, por ejemplo, una máquina procesadora no funciona correctamente, la productividad se afecta, se pierde dinero, el tiempo de entrega es tardado y puede reducir la cantidad de clientes. En las personas que son infelices en sus labores ocurre algo similar.

Puede parecer que soportar un trabajo por el dinero no genera mayores conflictos que no estar a gusto, pero realmente, los daños pueden ser de gravedad para la vida personal y especialmente para la salud, además de que la empresa también sufre.

En algunos casos, la infelicidad se transforma en estrés y tensiones familiares, incapacidad de valorar las cosas buenas de la vida, ansiedad, depresión e, incluso, abre las puertas a adicciones como drogas o alcohol y es detonante de violencia.

“Sería imposible cuantificar la cantidad de amargura en la fuerza de trabajo, pero en mi experiencia hay más gente amargada con sus empleos que feliz con ellos”, expone.

Entre las razones de la infelicidad, Lencioni enumera tres:

  • Anonimato, cuando la gente se siente invisible, genérica o anónima.
  • Irrelevancia al no sentir que lo que se hace importa a alguien más.
  • Falta de medición de los resultados obtenidos.
La solución

En caso de que se detecte infelicidad en el equipo de trabajo, lo primero a realizar, desde el papel de líder, es dar tres pasos. Primero, hay que hacer una documentación honesta respondiendo preguntas de las tres categorías de la infelicidad.

“Anonimato: ¿realmente conozco a mi equipo?, ¿conozco sus intereses?, ¿cómo pasa su tiempo libre?, ¿cómo se siente con sus vidas? En irrelevancia ¿sabe a quién impactan positivamente con su trabajo y cómo? Y en mediciones, ¿sabe cómo calcular sus propios progresos y éxitos?”, indica Lencioni.

En segundo paso, se debe asesorar al empleado, es decir, disponer de información para confirmar o negar la exactitud de sus respuestas en cada una de las tareas críticas. Finalmente, hay que desarrollar un plan que comience con entrevistas uno a uno, terapias de grupo, encuestas y, sobre todo, acercamiento con cada persona del equipo.

Si se es empleado o del departamento de recursos humanos, puedes comenzar hablando con tu líder sobre las causas de amargura y cómo pueden vencerlas. Explica que quieres hacerle saber quién eres, cuáles son tus intereses y pasiones, qué impacto tienes en los demás a través de tu trabajo y cómo pretendes medir tus logros.

“No te asuste hablar del tema. Muchas personas quieren ser buenos directivos, y si saben que pueden mejorar a un costo relativamente bajo, estarán dispuestos a cambiar de comportamiento. En caso de que no parezca interesado en el tema, sólo sonríe con amabilidad y di que no pasa nada y que un día entregarás un informe con tus ideas para estar comprometido con tu empleo”, finaliza.

Fuente: El Economista- RIPE

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