El presidente de la República Luis Lacalle Pou recibió en la Torre Ejecutiva a una delegación del Frente Amplio (FA) integrada por su presidente Javier Miranda, el comunista Juan Castillo, el socialista ortodoxo, Daniel Olesker y el exministro de Economía Mario Bergara.
La situación de la emergencia sanitaria provocada por el coronavirus amerita que oficialismo y oposición estén en línea y en la misma página. No son momentos de perfilamientos sectoriales ni de revanchismos. Son todos los uruguayos juntos los que deben empujar el carro durante la crisis y son los políticos quienes deben dar ejemplo de civilidad, diálogo y templanza.
En ese sentido Lacalle Pou avanza al mando del timón por el medio de la tormenta y sin medir costos políticos adelantó la reunión con el principal partido de oposición, hoy atravesando una crisis de liderazgos. El encuentro revela un cambio radical en los estilos presidenciales a los que los uruguayos estaban acostumbrados.
El expresidente Tabaré Vázquez gobernaba aislado, con casi nulos contactos con la oposición. El actual presidente se cansó de pedirle entrevistas y enviarle propuestas para ayudar al país. Ni un solo mes de marzo de los últimos cuatro años dejó de presentarle propuestas pro activas para colaborar con el gobierno. En su derecho Vázquez nunca les prestó atención y de hecho nunca recibió a Luis Lacalle Pou.
Una nueva era se precipita a medida que se instala la batalla contra el virus. Una vez que pase, los uruguayos seremos los mismos, pero todo habrá cambiado. Una de las cosas que debería cambiar es la calidad de nuestro debate político. Cada día que pasa en la cruzada colectiva contra la crisis quedan más obsoletas y absurdas algunas decisiones adoptadas, como por ejemplo la del PIT-CNT de llamar a cacerolear o los insultos infames del sindicalista Gabriel Molina.
Hay una nueva generación al frente de los destinos del país y ello trae nuevas sensibilidades, solemnidades menos marmoleadas y agilidad y velocidad mucho más rápida para tomar decisiones. El presente determina cambios obligatorios para los cuales no habrá marcha atrás, llegaron para quedarse y hay que empezar a aceptarlo.
Los uruguayos como comunidad espiritual se enfrentan a su destino y debe apelar a lo mejor de su ADN, que incluye a todos los partidos políticos. Si el virus covid-19 nos zambulle a la fuerza en los desafíos del siglo XXI, hay que aprender a nadar rápido y bien para no ahogarnos. Resulta elemental asimilar que hubo un cambio político en el poder y que hay una nueva generación que manda.
Apelando a sus viejos reflejos el FA convocó en estas horas a Tabaré Vázquez para que convoque y “coordine un amplio equipo de ciudadanas y ciudadanos, de reconocida trayectoria académica, profesional y técnica, de manera de elaborar un Plan Nacional Estratégico”. Considera necesario hacerlo antes de que comiencen “las etapas más complejas de la propagación” del covid-19, según reza un comunicado de la colectividad de izquierda.
Resulta llamativo que Vázquez, que en el comienzo de la crisis pidió una cuarentena obligatoria, hoy lidere la formación de un Plan Nacional Estratégico. Parece ser que aun quedan sectores y exlíderes que no terminan de comprender que hay un plan responsable liderado por el Ejecutivo en funciones. Es allí donde deberían aportar. Dan la sensación de no haber entendido al presidente cuando dijo: “No estamos haciendo política, estamos gobernando”.