24 de febrero de 2015 13:25 hs

El jueves 12 de febrero el Grupo Gloria –de origen peruano– anunció el cierre de la fábrica Ecolat en Nueva Helvecia. La empresa enfrentaba dificultades para mantener su negocio y la consecuencia eran pérdidas que ascendían a US$ 1 millón por mes.

Por eso planificó una reestructura para quedarse con solo 110 trabajadores de los 400 que tenía en la plantilla, entre otras medidas, que no pudo ser aplicada por la baja en el precio de los lácteos y conflictos sindicales, según alegó la empresa a través de comunicados de prensa.

En el ámbito gubernamental existe preocupación por esta situación, teniendo en cuenta que era una de las fuentes de empleo más importantes en esa localidad del departamento de Colonia.

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En ese sentido, la directora en representación de los empresarios en el Banco de Previsión Social (BPS), Elvira Domínguez, señaló a Café & Negocios que el cierre de una empresa “de esas características” es algo “muy serio y preocupante”.

Ponerle fin a un negocio puede convertirse en una de las situaciones más traumáticas y estresantes tanto para empresarios como para trabajadores. Más allá de las distintas situaciones, para atenuar los impactos existe una serie de “buenas prácticas” que le permiten al empresario cerrar de una forma ordenada y responsable, junto con una comunicación que minimice los daños.

El primer paso, cuando se toma la decisión de cerrar, es identificar a los acreedores, según explicó Giovanna Lorenzi, gerenta sénior del departamento legal de KPMG. En el caso de los proveedores, cuando existe un contrato escrito el empresario debe ver si hay alguna cláusula de rescisión anticipada: “A veces los contratos prevén una indemnización especial”, señaló.

En otros casos –aunque no haya un contrato escrito y este sea de palabra–, muchas veces la Justicia también dictamina que se indemnice por romper el vínculo antes de tiempo.

“Si se tiene un contrato de palabra hace 20 años y se es el único cliente de esa empresa, la persona que cierra no puede abusar de su derecho y bajar la cortina de un día para el otro”, explicó la abogada.

Respecto a las obligaciones con los trabajadores, un cierre “tranquilo” viene de la mano del pago de todas las deudas, incluyendo una indemnización por despido.

Como recomendación, Lorenzi señaló que lo ideal es no cerrar de una forma “intempestiva” sino que es necesario “ponderar todos los riesgos” que tiene un cierre. “Además de los proveedores y trabajadores hay acreedores fiscales como el BPS, la Dirección General Impositiva; entonces hay que tratar de que la salida sea lo más prolija posible”, concluyó.

La opción del concurso
No existe a nivel normativo nada que establezca un punteo de lo que debe hacer un buen administrador en caso de cerrar, señaló a Café & Negocios la abogada del estudio Rueda, Abadi &Pereira, Paula Algorta. “En la medida en que tenemos libertad de comercio reconocida por la Constitución de la República cualquier empresa puede constituirse y cuando lo desee disolverse y liquidarse”, señaló la abogada.

En ese caso, una posibilidad es disolver y liquidar la empresa por voluntad de los socios. Siempre y cuando el “activo sea superior al pasivo” para poder pagar las deudas no es necesario que intervenga la Justicia. Pero cuando la empresa está en un estado de insolvencia y no puede afrontar el pasivo, Algorta recordó que se puede apelar a la Ley de Concurso.

En ese sentido, el gerente de la Liga de Defensa Comercial (Lideco), Bernardo Quesada, señaló que el proceso concursal puede ser solicitado por la propia empresa o por sus acreedores. La empresa tiene la posibilidad de demostrar que no es insolvente o en el caso contrario “puede hacer una plan de pagos para sus acreedores pidiendo quitas y plazos”.

Desde 2008 –fecha en que se creó la ley que modificó lo que antes se conocía como concordato– hasta 2014, son 286 las empresas que entraron en el proceso concursal. Al día de hoy, 68 que recurrieron a esa herramienta no lograron sobrevivir y por tanto están en proceso de liquidación.

Uno de los ejemplos donde intervino Lideco es el caso de la maderera Urupanel de Tacuarembó, que en agosto de 2011 pidió entrar a concurso. En ese momento la empresa pertenecía al fondo de inversión suizo Austin Park Capital y era gestionada por Leadgate.

En 2012 fue adquirida por el grupo ecuatoriano Aglomerados Cotopaxi, pero siguieron los problemas económicos. Finalmente, en agosto de 2014 la empresa paralizó sus actividades, envió al seguro de paro a sus 420 trabajadores y volvió a solicitar nuevamente la entrada a concurso. Hoy la chilena Frutifor está en negociaciones para adquirirla.

El golpe al empresario
“Aunque se cierre de forma perfecta es muy doloroso tanto para el industrial como para la sociedad. Es como si a uno le arrancaran el corazón”. Esa fue la frase que utilizó el presidente de la Cámara de Industrias (CIU), Washington Corallo, para explicar el sentir del empresario ante la realidad del fin de su negocio. Corallo señaló que vivió de cerca el caso de varias empresas que se fundieron y siempre “queda una huella”.

“No es que las empresas se instalan para joder al país como se comenta a veces por ahí sino que lo que buscan es darle trabajo al Uruguay y generarle al país una riqueza”, manifestó.
Asimismo señaló que “nadie cierra una empresa por placer”, sino simplemente porque “no le dan los costos” o por “mal relacionamiento con el sindicato”, concluyó.

Cómo comunicarlo
Mostrar cuáles son los motivos detrás de la decisión de darle fin a un emprendimiento es uno de los consejos de la agencia de comunicación Quatromanos para manejar esta situación.
Su director, Álvaro Amoretti, opinó que hay una cultura de los empresarios locales de “no decir nada y aguantar la pedrea sobre el techo”. Sin embargo, para él se debe tener en cuenta que los espacios de comunicación que no llene la empresa serán llenados por otros.

“Es saludable que se comuniquen bien los motivos de cierre”, recomendó Amoretti.Pero la comunicación debe ser cuidada tanto hacia el afuera (por ejemplo con los medios) como hacia adentro. Para ejemplificar esto, Amoretti señaló un caso donde una empresa no le permitió a los empleados volver a sus escritorios a levantar sus pertenencias.

“Esto genera una situación de violencia que es adicional a la de quedarse sin trabajo”, señaló. Por tanto, es importante que se busque el lugar y el momento adecuados para dar la noticia.

La agencia de comunicación Interacciona señaló que toda empresa debe contar con un “manual de crisis” que permita contemplar “situaciones y escenarios críticos”. Para su director, Alexis Jano, a nivel de la opinión pública se debe “actuar rápidamente” no solo incluyendo comunicados de prensa sino “comunicaciones claras a través de voceros calificados y bien preparados”. También es importante tener un mapa de todos los actores que serán afectados por esa decisión.

Sin marcha atrás
Valeria Fratocchi es docente de Gestión de Personal de la Escuela de Negocios de la Universidad de Montevideo (IEEM). En el pasado le tocó tener que comunicar la decisión del cierre de una empresa desde el departamento de recursos humanos.

“El cierre de la empresa es una cosa espantosa, lo importante es hacerlo de forma responsable”, manifestó. De su experiencia resaltó que se deber ser muy “duro y frío” a la hora de tratar el problema, y es importante dejarle claro a la persona que “no hay marcha atrás”. También aconsejó tomarse el tiempo para comunicarlo y facilitar el tema de trámites de despido, por ejemplo,dando un material escrito o una línea donde se puedan evacuar dudas.

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