Una de las frases preferidas de Cristina Kirchner, cada vez que recibía críticas por el exceso de gasto público, era que "como los privados no quieren poner la plata para invertir, la tiene que poner el Estado". Una manera muy particular de interpretar el principio contracíclico del keynesianismo, pero que le permitió sostener el nivel de actividad relativamente estable hasta el final de su mandato.
Claro, para la mayoría de los economistas la causalidad era exactamente la opuesta: afirmaban que si los privados habían reducido la tasa de inversión a niveles del 17% del PIB (después de un pico de 24% en 2004) era, precisamente porque en su afán de invertir, el Estado ejercía una presión impositiva asfixiante y un intervencionismo intimidante.
Con el blanqueo, Macri quiere dar inicio a su fase "keynesiana"
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