23 de diciembre de 2011 17:54 hs

Ayuí fue el descubridor de algunos talentos locales interesantes. Jaime Roos, Jorge Drexler, Leo Maslíah, Cuarteto de Nos, Rumbo, Ruben Olivera y Malena Muyala –por citar a un puñado de ilustres– grabaron su primer disco con ese sello.

Son 40 años de trabajo arduo, para que el sueño de la disquera propia de los músicos uruguayos se mantenga vivo. Ayuí/Tacuabé fue eso, cuando la fundaron en 1971: un acto de “militancia cultural”, una resistencia a la lógica del mercado. Cuarenta años después es eso mismo, aunque los desafíos sean tan distintos.

Hoy están al frente Mauricio Ubal, Ruben Olivera y Elena Silveira y el sello sigue siendo una empresa sin fines de lucro, con el cometido de difundir a músicos nuevos de calidad y editar la música que forma parte del patrimonio cultural nacional y que no tienta a las disqueras comerciales.

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Ubal está en esto desde 1982 y recuerda esos inicios como muy difíciles: “Era complicado, porque nadie estaba preparado. Lo que había eran unas ganas bárbaras y mucha energía. Teníamos 20 años”, dice.

El desafío tenía que ver con la viabilidad de un proyecto cultural sin el incentivo económico, sin que estuviera guiado por el afán de enriquecerse, ese gran motor del sistema. Y no solo eso, sino que demandaba un tiempo que escaseaba.

Ubal, Olivera y Silveira recuerdan etapas clave en la supervivencia del sello. “En los ochenta hubo que profesionalizar la gestión, porque no era viable. Hacíamos todo: hablar, escuchar, vender, cobrar. Había veces en que si yo no estaba Ayuí estaba cerrado”, cuenta Ubal.

Hacia el final de esa década se hizo imperiosa la necesidad de un cambio. “Tomamos cursos de administración y empezamos a profesionalizar el funcionamiento, sin perder el espíritu”.
Funcionó. Se contrató personal (hoy son ocho en total, contando a Olivera, Ubal y Silveira; estos últimos cobran “cuando se puede”) y las cosas se encaminaron.

La desaparición del vinilo supuso otro gran desafío. “Los discos compactos eran muy caros de hacer, al principio, y los reproductores tampoco eran masivos. Fueron tiempos difíciles”.
Los mantuvo durante un buen tiempo la producción de casetes, antes de que estos también desaparecieran.

Hoy recuerdan con emoción el primer CD editado por el sello: Fines, de Fernando Cabrera, un artista que estuvo con Ayuí desde el principio de su carrera hasta los días que corren.

Satisfaction.

El secreto de la continuidad del sello es la satisfacción que produce editar, dicen. Si bien los que lo llevan adelante son músicos, cada uno con su carrera y con proyectos personales impostergables, la devolución que tiene editar a artistas que en el momento no tienen otra oportunidad y que después serán reconocidos por todos, o realizar un trabajo técnico minucioso para lograr escuchar, depurar y editar las sinfonías de Eduardo Fabini, no tiene precio.

También aparecían las sorpresas comerciales, como lo que sucedió con Otra Navidad en las trincheras, del Cuarteto de Nos.“El Cuarteto había debutado con nosotros y después había hecho cosas por fuera. Volvió con nosotros con este disco y se vendió como pan caliente. Fue una sorpresa absoluta”, recuerda Ubal.

Puestos a nombrar algo que les disguste, que hagan a desgano, en el sello, se refieren al hecho de tener que elegir a quién vale la pena editar y a quién no. “A veces es difícil dejar afuera a músicos que hubieran podido tener una oportunidad”, señala Silveira.

Lo que está claro es que el criterio nunca es comercial, por aquello de que no hay afán de lucro. Por eso mismo no existe tampoco el arrepentimiento de no haber dado cabida a un artista que luego fue muy exitoso con otra disquera.

Vuelta de tuerca
Parte del compromiso siempre fue el disco-objeto, el cuidado de la carátula, diseñada por artistas uruguayos y conversada hasta el último detalle. “Es algo que da una gran satisfacción”.

Ese aspecto empieza a verse cuestionado por tiempos en los que las obras se comercializan por internet y lo que se compra es un archivo digital, una pieza de información a ser decodificada por máquinas especializadas.

Todavía se estila comprar un conjunto de canciones, que todavía los músicos y el público llaman “disco” pero no se sabe hasta cuándo sobrevivirá ese concepto, más allá del disco-objeto, que está pronto a pasar a ser algo exótico, para una minoría de nostálgicos.
Ayuí/Tacuabé tampoco se quiere escapar de esta realidad y su música ya está en el sitio The Orchard.

La terquedad de Ayuí podría significar que desapareciera el disco y se mantuviera la disquera.Lo cierto es que en Ayuí-Tacuabé no hay vocación de mirar hacia atrás, ni de vivir cada etapa con conciencia histórica. No hay una fecha concreta para el aniversario, más allá del año de inicio, 1971; no hay fotos de grabaciones, no hay nostalgia por formatos que no existen o por la manera en que se escuchan los graves en un vinilo.Hay, sí, orgullo por lo hecho y ganas de seguir haciéndolo 40 años más.

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