17 de diciembre 2020 - 5:00hs

El 2020 no fue un año sencillo. La llegada del coronavirus arrasó con todos los planes, sacudió economías, puso en jaque la salud, limitó los abrazos y afectó directamente los ánimos de buena parte de la población. El 2020 fue un año duro a nivel emocional. Por eso, muchas personas recurrieron a distintos mecanismos que las mantuvieron conectadas con sus seres queridos y a sí mismas. Y en el camino hacia el equilibrio introspectivo, hay quienes se apoyaron en la reconexión con la naturaleza para aliviar ansiedades, mermar las angustias y calmar el estrés.

En ese sentido, puede ser que más de una persona haya canalizado esa conexión con el ambiente, sin saber siquiera que se trataba de una práctica milenaria con evidencia científica, a través del grounding. Esta técnica, que también se conoce como earthing y se traduce como conexión con la tierra, refiere al fenómeno de conductividad eléctrica que se produce entre nuestro organismo y la superficie de la tierra cuando ambos entran en contacto.

Básicamente, esta técnica consiste en pisar descalzos el suelo al aire libre. En un estudio titulado Earthing: implicaciones para la salud de volver a conectar el cuerpo humano a los electrones de la superficie de la Tierra, se explica más específicamente que el grounding supone el “contacto con los electrones de la superficie de la Tierra al caminar descalzo al aire libre o al sentarse, trabajar o dormir en interiores conectados a sistemas conductores, algunos de ellos patentados, que transfieren la energía del suelo al cuerpo”. Según esta investigación, los electrones de la Tierra -que está cargada negativamente porque la ionósfera es ionizada por el sol- generan diversos beneficios a nivel fisiológico para las personas como la reducción de dolores, mejoras en el sueño y en el sistema nervioso autónomo. 

En efecto, la doctora argentina Florencia Raele describe en su libro Medicina ancestral y epigenética el por qué detrás del bienestar que genera el simple hecho de caminar descalzos por el pasto o por la playa. Según explica, al estar en contacto directo con la tierra (esto es, sin medias ni nada que interfiera entre el organismo y el suelo) las cargas negativas ingresan al organismo y actúan como antioxidantes, lo que neutraliza la carga positiva de radicales libres (moléculas muy reactivas) que tenemos presentes en el cuerpo y que pueden asociarse al aumento de las enfermedades crónicodegenerativas y al envejecimiento prematuro.

Lo que sucede cuando una persona está desconectada de la naturaleza -algo frecuente en tiempos de pandemia con teletrabajo y educación online como escenario de muchos- es que suele estar sobrecargada de electrones positivos y, por eso, más propensa a ciertas dolencias. 

“Por más que poseemos naturalmente mecanismos antioxidantes en nuestros organismos, las condiciones del mundo moderno en las cuales vivimos (expuestos al estrés, la radiación por la tecnología, los pesticidas y otros tóxicos ambientales) hacen que estos mecanismos colapsen y no sean suficientes para mantenernos en equilibrio”, sugiere Raele en sus redes sociales, donde divulga también conocimiento. A su vez, la profesional indica que la mayoría de las suelas de calzados son de goma o plástico y estos dos materiales son “dos de los mayores aisladores eléctricos que existen”.

En ese sentido, la experta en medicina ancestral recomienda practicar grounding pisando descalzos una superficie conductora, que puede ser el pasto -y si está húmedo, mejor porque el agua potencia la conducción eléctrica-, arena, tierra, ladrillo y concreto, cerámica y suelas de cuero. 

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Entre algunos de los beneficios que pueden generarse gracias al grounding, además del placer y bienestar que se produce instantáneamente al entrar en contacto con la tierra, se destacan la posibilidad de reducir de dolores, disminuir la inflamación, mejorar el sistema inmune y el sueño, regular los ritmos circadianos, reducir la viscosidad de la sangre, prevenir el envejecimiento prematuro y relajar y reducir síntomas de ansiedad.

Por supuesto que esta técnica no es milagrosa y para aprovechar sus beneficios es necesario que las prácticas alimenticias saludables y la realización de actividad física vayan de la mano.

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