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Corea del Sur lleva a cabo un experimento económico de relevancia mundial

El país ha elevado los impuestos y el salario mínimo en nombre del crecimiento económico pero, Hasta ahora, no ha funcionado como estaba planeado

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12 de enero de 2019 a las 14:01

Por Michael Schuman, New York TImes News Service

Ncheon,Corea del Sur — Mientras el presidente Donald Trump encabeza una ofensiva para recortar impuestos y reducir regulaciones, una economía importante está llevando a cabo una estrategia diferente.

Bajo el mandato del presidente Moon Jae-in, Corea del Sur ha elevado los impuestos y el salario mínimo en nombre del crecimiento económico. Hasta ahora, no ha funcionado como estaba planeado.

El crecimiento se ha ralentizado, el desempleo ha aumentado y los dueños de pequeñas empresas, como Moon Seung, se están quejando. Moon, fundador de una fábrica de autopartes llamada Dasung en Incheon, una ciudad industrial cerca de Seúl, asegura que el año pasado sus costos de mano de obra aumentaron un 3% después del incremento al salario mínimo a 7.530 wones (US$ 6,70) por hora. Puede no sonar a mucho, pero consumió su minúsculo margen de utilidades y lo obligó a dejar de contratar.

 

“No podemos soportarlo”, mencionó Moon Seung. “Es un problema no solo para los empleadores, sino también para los empleados”.

Con sus políticas progresistas, Moon Jae-in está intentando resolver algunos de los mismos problemas económicos que asuelan a Estados Unidos y a una gran parte de los países desarrollados. Entre estos se encuentran un ensanchamiento de la brecha de la riqueza, un crecimiento más lento y salarios estancados.

Los primeros resultados desalentadores no quieren decir que Moon Jae-in esté equivocado y que Trump esté en lo correcto. Aunque se ha fortalecido en meses recientes, por lo regular el crecimiento salarial en Estados Unidos se ha obstinado en permanecer a la baja a pesar de ser el mercado laboral más sólido en una generación, y se espera ampliamente que la economía estadounidense se desacelere en 2019 cuando desaparezca el empujón económico que provocaron los recortes tributarios de Trump. En Europa, donde las leyes laborales se han relajado, las políticas que favorecen a los negocios se han topado con protestas a gran escala.

No obstante, los problemas de Corea del Sur sugieren en dónde están los límites del Estado para resolver los problemas económicos, en especial si no se solucionan los problemas estructurales subyacentes. Los cambios rápidos, como los de Moon, también pueden tener consecuencias accidentales para los negocios pequeños y otros actores.

Para los surcoreanos, la nueva realidad económica ha sido especialmente estremecedora. A inicios de la década de 1960, el país salió de la pobreza y se convirtió en una potencia industrial, al tener un papel crítico en industrias globales como las de los semiconductores, los teléfonos inteligentes y las pantallas planas de televisión.

El ingreso per cápita de Corea del Sur (casi US$ 30.000 ) es más o menos equivalente al de Italia y España, y ahora su población de 51 millones de personas enfrenta condiciones comunes entre las naciones desarrolladas, como tasas más bajas de crecimiento, una población envejecida y el aumento de la competencia con China.

Después de haber sido elegido en mayo de 2017, Moon emprendió un giro drástico en la política económica. Apoyó salarios más altos, restricciones más duras a las horas laborales y un mayor gasto en beneficios sociales, que fueron financiados por el incremento de los impuestos a las empresas y a los asalariados con altos ingresos.

“Nuestra calidad de vida ha estado algo deteriorada y la disparidad de salarios se ha ampliado”, comentó Yoon Jong-won, el subsecretario de asuntos económicos de Moon. “No debemos seguir por este camino”.

En el pasado, los recortes tributarios no ayudaron mucho al crecimiento ni a la brecha salarial, agregó Yoon. En cambio, Moon busca mejorar los ingresos de la familia coreana promedio para que consuma más, y así se reduzca la dependencia que tiene la economía de las exportaciones y, por la tanto, se minimicen las afectaciones por los altibajos de la economía global (en 2017, las exportaciones representaron el 43% del producto interno bruto de Corea del Sur, en comparación con el 20% de China).

Sin embargo, en agosto, después de que el nuevo salario mínimo entró en vigor, el desempleo alcanzó su punto más alto en ocho años con 4,2%, aunque ha mejorado desde entonces. En el tercer trimestre, el crecimiento fue del 2 por ciento en comparación con el mismo periodo del año anterior, una cifra menor al 2,8% del segundo trimestre.

El problema más grande es la presión sobre los negocios pequeños, los cuales a menudo no pueden pasar los costos más altos a sus clientes. En 2017, Kbiz, una organización de pequeñas empresas, realizó una encuesta a sus miembros y el 42% afirmó que iba a tener que despedir empleados por el aumento al salario mínimo.

Otros aseguran que Moon va demasiado lento. Algunos líderes sindicales argumentan que el salario mínimo no está subiendo a la velocidad necesaria, y se oponen a una propuesta que les daría más flexibilidad a los negocios respecto a los límites a las horas laborales. El 21 de noviembre, un estimado de 160.000 trabajadores se fue a huelga general.

“Teníamos altas expectativas con este gobierno”, mencionó Lee Joo-ho, un director ejecutivo de la Confederación Coreana de Sindicatos. Sin embargo, ahora “cabe la posibilidad de que el gobierno recule o incluso vaya en sentido opuesto a la intención de sus políticas”.

Moon ha pagado un alto costo político por su agenda. Su índice de aprobación se ha desplomado de un 84 por ciento a mediados de 2017 a un 45 por ciento en la encuesta más reciente de Gallup. Casi la mitad de las personas que desaprueban su desempeño citó su incapacidad para arreglar la economía. En un intento por apaciguar las críticas en su contra, en noviembre Moon despidió a sus dos principales asesores de políticas económicas.

Los analistas conservadores apuntaron que los problemas que ha tenido Moon sirven de evidencia en contra de una estrategia económica más dependiente del Estado. No obstante, algunos economistas arguyen que es demasiado pronto para juzgar el programa de Moon.

“Es difícil matar dos pájaros —crecimiento económico y distribución equitativa— de un tiro”, mencionó Jung Yoo-shin, decano de la Escuela de Posgrado de Administración de la Tecnología de la Universidad Sogang en Seúl. “Necesita más tiempo”.

Frederic Neumann, codirector de investigación económica asiática para HSBC en Hong Kong, afirmó que la desaceleración del crecimiento mundial había perjudicado más a la economía dependiente de las exportaciones de Corea del Sur que el aumento al salario mínimo. Aunque pronostica un crecimiento más bajo para Corea del Sur en 2019, Neumann señaló que subir los sueldos de la gente con bajos ingresos era bueno para la economía.

“En principio, el gobierno de Moon ha atacado y hecho algo que pocos gobiernos han efectuado”, explicó. “Hasta cierto grado, los resultados en Corea tendrán relevancia a la hora de elegir políticas en otras partes del mundo en los años venideros”.

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