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Coronavirus en China: del éxito en el control de la pandemia a la desconfianza y el fracaso en la vacunación

China parecía ser el referente mundial en prevención de contagios y vacunación contra el coronavirus; ahora, está más atrasado que Chile y otros 15 países, y sus datos sanitarios siguen sin ser claros

Personas con tapabocas en el Yangtze River de Wuhan

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25 de febrero de 2021 a las 20:13

A los pocos meses de que el coronavirus se había esparcido por el mundo y las grandes potencias mundiales experimentaban dificultades con sus primeros aumentos de contagios masivos, China era la luz de esperanza en medio de un gran caos.

Para setiembre, Europa estaba atravesando su segunda ola, imponía más y más restricciones, incluso algunos toques de queda, Estados Unidos sufría un repunte de positivos y alcanzaba los 200 mil casos confirmados, Brasil ya tenía más casos (por encima de 4 millones) que la población de Uruguay y Sudamérica vivía la primera arremetida de la pandemia. Pero en China había tranquilidad.

En Wuhan, más de 10 meses después de que se hallara el primer caso, las fiestas electrónicas sin tapabocas, más que sorprender, contrastaban lo que se vivía en el resto del mundo casi como un giro de tuerca. Aglomeraciones de personas sin tapabocas, jóvenes bailando unos al lado de los otros, abrazos. Todas señales que se repetían a menudo en las discotecas de una localidad que no registraba contagios desde mayo de 2020 y que poco a poco daba indicios de regreso a una vieja normalidad. En el resto del país, los escasos contagios que se reportaban eran siempre importados.

Con los planes de inmunización y el surgimiento de las vacunas contra el coronavirus parecía que iba a suceder algo similar en el avance chino. Fiel a sus costumbres, China salió a la carga con su propio fármaco pronto, tras la sorpresiva incursión de Rusia, a quien siguió Estados Unidos. Pese a llegar después y a que una de sus vacunas –la CoronaVac de Sinovac– estuvo un pelo por encima del umbral que exige la Organización Mundial de la Salud (50% de eficacia) para considerar que es efectiva, enseguida se posicionó como una de las más populares en el mundo sacando pecho de su utilidad para prevenir casos graves (80%).

Como la mayoría de las naciones más ricas habían solicitado las inyecciones de Pfizer/BioNTech (Estados Unidos y Alemania) y Moderna (Estados Unidos), el acceso a la vacuna china parecía abrir el camino. A diferencia de la complejidad que requieren sus competidores (que cuentan con 95%, 94%, 91% en el rango medio de casos), una de las dos que creó Sinopharm, la que desarrolló en conjunto con el Instituto de Productos Biológicos de Pekín, por ejemplo, fue demandada por diez países y destacó por su sencilla transportación, puesto que no necesita de temperaturas refrigeradas. La otra que desarrolló Sinopharm fue con el Instituto de Productos Biológicos de Wuhan.

El problema de Sinovac

La fórmula de Sinovac tampoco necesita temperaturas ultrabajas y tiene una disponibilidad casi perfecta, pero sufrió su primer sacudón cuando enfrentó problemas de entrega en Turquía y con los insumos para producirla en el Instituto Butantan de San Pablo.

El gobierno turco apostó inicialmente por 10 millones de dosis de Sinovac que arribarían en diciembre. Para principios de enero, de acuerdo al ministro de Salud, solo habían llegado tres millones. Brasil, con el mismo plan de apostar por vacunas que no tuviera las demoras de Pfizer o Moderna, empezó a vacunar con CoronaVac. Pero terminaron padecieron atrasos y el ministro de Salud de Brasil, Eduardo Pazuello, se expresó en consecuencia. El jerarca dijo que China no estaba actuando tan rápido con los documentos necesarios para exportar materias primas, según recogió The New York Times, y eso condicionaba el plan de vacunación.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Xi Jinping informó que desde entonces más de 40 países mostraron interés por incorporar alguna vacuna china. Sin embargo, la estadística indica que solo 18 naciones lo hicieron: 10 incorporaron la de Sinopharm de Pekín, seis la CoronaVac de Sinovac, que tendrá Uruguay este jueves, y apenas dos la Sinopharm de Wuhan.

Los otros inmunizadores, en cambio, han sido más requeridos: el de Pfizer/BioNTech se demandó en 61 países, el de Oxford/AstraZeneca (Reino Unido y Suecia) en 41, Moderna en 27, Sputnik V (Rusia) en nueve y Bharat Biotech (India) en uno solo.

Al analizar estos resultados, pese a que China permanece a la par de Estados Unidos en la cifra global de vacunas habilitadas para uso de emergencia o ensayos, los medios estatales comenzaron una campaña contra las vacunas de su enemigo comercial. Cuestionaron su seguridad, desinformaron con datos imprecisos y promocionaron a los fármacos chinos con mensajes que promovían la supremacía de sus alternativas sanitarias.

Sin embargo, los hallazgos irregulares e inestables sobre sus vacunas pronto generaron una fuerte percepción de desconfianza en algunos gobernantes, e incluso la población. En una encuesta de YouGov realizada a casi 19.000 personas de 17 países, por ejemplo, se consultó por lo positivo y negativo que observaban sobre las vacunas según su procedencia. Los encuestados situaron a las desarrolladas por China como la segunda peor posicionada, detrás de Irán, y en solo tres países (China, México e Indonesia) obtuvo un saldo positivo de aprobación.

Aunque Sinovac presuma que puede producir 2.000 millones de dosis para 2021 y algunas naciones hayan apostado por su vacuna pensando que les facilitaría la obtención de un nuevo instrumento contra el covid-19 más rápido, su retraso y baja efectividad en comparación al resto suponen que, tal vez, los que la adquirieron demoren más en alcanzar la inmunidad colectiva contra el coronavirus.

¿Por qué China está fracasando?

Si bien el interés por las vacunas chinas ha tenido sus altibajos con el paso del tiempo, sobre todo por las falencias de disponibilidad que experimentan algunos de sus rivales, los ciudadanos del país no son, precisamente, los que reciben el mayor beneficio de esta herramienta sanitaria.

De momento, China vacunó con al menos una dosis a 40,52 millones de personas y está solo por detrás de Estados Unidos (66,46 millones) en el conteo de los países que más vacunaron, de acuerdo al sitio Our World In Data. Pero en realidad, esa cifra abarca apenas al 3,49% de su población de 1.393 millones, lo que lo deja en el puesto 16 a nivel mundial, muy lejos de Israel (53%), Reino Unido (27%), Bahréin (16,8%), Chile (16,3%) y Estados Unidos (13,5%).

A fines de diciembre, cuando Reino Unido vacunó a la primera persona del país, una británica de 90 años, China podía presumir de haber vacunado a más de un millón de personas un mes antes. De hecho, según los datos que brindó ese país, le saca una distancia de más de 21 millones. El problema, claro está, es que los británicos avanzaron a tal punto que el 27% de sus habitantes ya están vacunados con una dosis, aunque solo el 1% completó las dos.

Hasta principios de enero, China no había publicado el resultado de sus ensayos, por lo que se desconocía si sus dosis funcionaban. Y a menos de una semana para que finalice febrero, lejos de cambiar esa política, tampoco especificaron cuántos vacunados recibieron una o dos inyecciones. Más allá de que su objetivo no será vacunar a toda su población, de seguir a este ritmo recién conseguirían la inmunidad de rebaño dentro de cinco años.

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