La certificadora Verra informó que uno de los primeros proyectos en el mundo vendió millones de créditos por reducciones de carbono que no son reales.

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Crecen los problemas en los mercados de compensación mediante la colocación de “bonos verdes”

La solución favorita de las empresas contaminantes es objeto de creciente críticas por su falta de transparencia y escasa o nula efectividad
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10 de noviembre de 2023 a las 05:01

Cada vez día hay más evidencias de que el multimillonario negocio del mercado global del carbono tiene serios problemas, entre ellos poca transparencia, poca efectividad y muchos conflictos de intereses. El tema no es nuevo, pero las investigaciones periodísticas y los estudios de entidades independientes erosionado cada día más la credibilidad de la herramienta a la que recurre el mundo empresarial para compensar sus emisiones de efectos invernadero.

Las promesas, en general de las grandes multinacionales, de reparar los daños que provocan solventando proyectos propios o de terceros con fondos que recaudan mediante la emisión de los llamados “bonos verdes” en el mercado financiero está en declive. Por ejemplo, la posibilidad que industrias contaminantes, como la producción de cemento, se comprometan a financiar mediante el mecanismo la plantación de árboles para aumentar la captura de dióxido de carbono (CO2).

Un caso emblemático es el del proyecto de Kariba, desarrollado por Carbon Green Investments (CGI), que recaudó desde 2011 casi US$ 100 millones en “bonos verdes” para evitar la deforestación en Zimbaue, pero que no evitó tala ni la degradación del suelo. El 27 de octubre pasado, South Pole, la firma que promovió la colocación del activo financiero, anunció que se retiraba de la iniciativa, conocida como REDD+, por sus siglas en inglés de “reducción de las emisiones debidas a la deforestación y a la degradación de los bosques en los países en desarrollo”.

La desvinculación llegó luego que el organismo de certificación Verra, líder mundial en el establecimiento de normas de carbono para el mercado de compensaciones, anunciara que había iniciado una investigación sobre el proyecto Kariba. La notificación tuvo lugar después de que el 16 de octubre, la revista estadounidense New Yorker publicara un informe crítico en el que se sostiene que South Pole vendió millones de créditos por reducciones de carbono que no son reales.

Kariba REDD+ es uno de los primeros proyectos en el mundo de protección forestal a gran escala y fue diseñado para conservar 785.000 hectáreas de bosques en el norte de Zimbabue. Con el correr del tiempo, el proyecto se convirtió en la iniciativa estrella de South Pole, uno de los principales beneficiarios de los créditos, debido a que las grandes empresas como Nestlé y Volkswagen para compensar sus propias emisiones financiaron proyectos de REDD+ que pretenden eliminar carbono de la atmósfera en diversos lugares del planeta.

Investigadores y periodistas llevan años advirtiendo sobre una larga serie de problemas con muchos de esos proyectos de compensación, que pese a lo que postulan terminan perjudicando a las comunidades locales y no consiguen los beneficios prometidos; sin contar con los incendios forestales producto del cambio climático, que borran años de ganancias de carbono en apenas unos días.

Hoy, el peso y la contundencia de las objeciones parecen haber empezado a ser tenidos en cuenta por las empresas.

Una encuesta realizada a finales del año pasado en el mundo empresarial reveló que casi cuatro de  cada diez compañías que utilizan la herramienta afirmaron estar preocupadas por el "riesgo para su reputación" que plantean las críticas públicas a los proyectos de compensación de CO2. Por lo pronto, la petrolera Shell, la alimenticia Nestlé, la aerolínea EasyJet y la minera Fortescue Metals Group anunciaron que se retiran de los proyectos de compensación.

En un informe de Carbon Direct, una consultora con sede en Wall Street que promociona “pasar del objetivo climático a la acción climática” mediante la emisión de “bonos verdes”, informó de un marcado descenso de la demanda en los cuatro principales grupos que emiten créditos y gestionan mercados de carbono: American Carbon Registry, Climate Action Reserve, Verra y Gold Standard.

Carbon Direct calculó en octubre pasado que para finales de este año, las emisiones de “bonos verdes” se habrán reducido en torno a un 25% respecto a los niveles de 2021, y que los nuevos créditos también se reducirán, en este caso en torno a un 7% durante el periodo bajo análisis. El informe añade que “las empresas han ralentizado” sus actividades en el mercado de carbono “siendo más cuidadosas”, dinámica que la consultora califica como algo “bueno".

Según publicó en mayo pasado el periódico británico The Guardian, también la empresa diseñadora de moda Gucci puso punto final fin a su colaboración con South Pole y el bosque de Zimbabue. El artículo, ya en términos generales, recoge las conclusiones de un equipo de economistas dirigido por la Universidad de Cambridge y la Universidad Vrije de Ámsterdam, que descubrió que millones de créditos se basan en cálculos que procuran sobredimensionar el éxito de los proyectos, como el de REDD+.

Aunque algunos analistas adjudican la ralentización del negocio del mercado de carbono a los nuevos y más sofisticados métodos de medición, o incluso al boom que rápidamente se desvaneció de las criptomonedas en el mecanismo, Carbon Direct vincula el declive a una tendencia más amplia que residen en la percepción de un mayor riesgo, incluso cuando la herramienta ha recibido el apoyo de Naciones Unidas (ONU).

En este último caso se trataría del llamado “flight to quality”, una huida hacia la calidad por la poca transparencia y efectividad. En otras palabras: las compañías estarían buscan proyectos que eliminen de forma fiable el CO2 de la atmósfera mediante su captura y almacenamiento, técnica impulsada, entre otras, por las petroleras de cara a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de Dubái (COP28) y criticada por los ambientalistas porque ralentiza el paso a las energías limpias.

En paralelo a las crecientes presiones de sus accionistas para que las empresas adopten políticas de cero emisiones, el mercado voluntario de carbono está lejos de alcanzar las proyecciones. En 2021 el mercado rondaba los US$ 2.000 millones y se pronosticaba que en 2030 alcanzaría entre los US$ 10.000 y los US$ 40.000 millones. Hoy, la tendencia ha declinado por primera vez en siete años porque las compañías han detenido o moderado las compras de los créditos.

En lo inmediato, y mientras siguen las discusiones sobre qué enfoques adoptar para contrarrestar en forma eficaz el cambio climático desde la Cumbre de París de 2015, y pese a que los mercados financieros y los gobiernos estén dispuestos a pagar por esos esfuerzos, las grandes compañías siempre tendrán a mano la mejor y más creíble opción: reducir su huella climática a cero, según los expertos.

(Con información de agencias)

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