6 de junio de 2015 5:00 hs

Si, como afirma el dicho popular, una imagen vale más que mil palabras, entonces qué decir sobre una foto junto al papa Francisco en medio de la campaña electoral argentina.

Cuando el debate en profundidad brilla por su ausencia y los candidatos se limitan a la repetición de eslóganes y a sumar apariciones en programas de alto rating, el solo hecho de poder ser visto por millones de argentinos junto al pontífice supone una vidriera política insuperable.

Todos los políticos lo saben, y por eso han buscado afanosamente la ansiada reunión con Francisco en el Vaticano. Y, por cierto, el propio papa lo sabe, y por eso se ha quejado sobre el uso político que se ha hecho de su figura.

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Un hecho destacado de esa utilización política fue la foto en la cual Cristina Fernández "coló" a su entonces aliado, Martín Insaurralde, en el encuentro que los mandatarios de la región tuvieron con el papa en Brasil, y que coincidía con la campaña para las legislativas de 2013. La foto fue inmediatamente convertida en afiche en las calles de la provincia de Buenos Aires.

Otro de esos momentos de uso de la imagen papal tuvo lugar en el Vaticano, en setiembre del año pasado. Entre los acompañantes de Cristina figuraba el diputado Andrés "Cuervo" Larroque, quien llevó a la entrevista con el papa una remera con el logo de la agrupación juvenil La Cámpora y la puso en manos de Francisco.

Enojados con el papa

Lo cierto es que tras la queja del papa en entrevistas periodísticas, parecía que tomaría un rol equidistante de las fuerzas políticas argentinas en el contexto de un año electoral.

Así lo entendieron los antikirchneristas que se mostraron decepcionados cuando, hace dos meses, se confirmó la realización de esta nueva reunión, la quinta entre Cristina y Francisco.

Era el punto de inflexión en el cual llegaban las primeras señales de que el kirchnerismo, después de haber asimilado el shock de la muerte de Alberto Nisman, comenzaba a recuperarse en la consideración de la opinión pública.

En ese momento hubo una ola de protestas por parte de un público simpatizante de la figura del papa, que se preguntaba cómo era posible que el pontífice le diera esa oportunidad a la presidenta, en un gesto que, por su "timing" electoral, casi parecía un favor político.

Quien llegó más lejos fue el periodista Alfredo Leuco, quien generó polémica al enviarle al pontífice una carta.

"Usted dijo que no iba a recibir a ningún político más hasta después de las elecciones y dijo que se había sentido usado por la política argentina", le recordó Leuco, para quien, Francisco estaba "faltando a su palabra".

"Permítame que le diga papa Francisco, usted reclama manos limpias, uñas cortas, y ética para la función pública y este gobierno es el más corrupto de la historia argentina", agregaba el periodista.

La sorpresa fue que el propio pontífice haya respondido públicamente a esa misiva. Y, si bien no dio explicaciones sobre por qué recibía a Cristina, pareció enviar algún mensaje político. Para empezar, agradeció a Leuco el "tono sereno" con el que expresó su discrepancia.

Y luego le recordó las virtudes de la mansedumbre: "Esa actitud tan ligada a la paciencia, a la escucha, a la ponderación y que –a veces– en el imaginario colectivo se la confunde con pusilanimidad. Pero no es así: en realidad es la virtud de los fuertes".

Para quienes saben leer entrelíneas, puede haber allí una justificación. A fin de cuentas, el papa es el jefe de un Estado que debe mantener relaciones diplomáticas con todos los países, más allá de las situaciones políticas internas.

"Decile que la quiero"

Por más que los opositores al kirchnerismo siguen disgustados con este nuevo encuentro, después de esa carta papal empezaron a interpretar la actitud de Francisco como la culminación de su deseo de que Argentina mantuviera la normalidad institucional durante el recambio presidencial.

La ya famosa consigna "cuiden a Cristina" había sido difundida entre dirigentes políticos, empresariales y sindicales. Y si bien la agenda nacional siguió agitada como siempre, se notó un cuidado en todos los sectores por no ganarse el mote de "desestabilizadores" que la presidenta suele endilgar a sus críticos.

Lo cual no significa que la Iglesia haya sido tibia a la hora de dar su visión sobre la realidad nacional. Los documentos respecto del avance del narcotráfico, así como la difusión de cifras de pobreza que difieren notablemente de las que difundía el Indec pusieron una nota de tensión.

Cristina recibió, sobre fin de año, a la comisión ejecutiva de la Conferencia Episcopal, luego de un duro documento en el cual se denunciaba "la corrupción y la falta de ejemplaridad que empobrece el nivel moral de la sociedad".

La presidenta, acaso bajo el influjo del estilo de Jorge Bergoglio –que nunca contestó agravios–, reprimió su natural tendencia a responder las críticas.

En este contexto de coincidencias y de críticas amables entre gobierno e Iglesia es que se inscribe el especial cuidado del papa para que Cristina llegue al final de su mandato sin sobresaltos.

"Decile que la quiero mucho", fue el cariñoso mensaje de Francisco a Cristina, a través de la periodista Alicia Barrios, a quien le anticipó que recibiría a la presidenta en el Vaticano.

Cristina ha demostrado, en ocasiones anteriores, inteligencia y habilidad para ligar su propio discurso político con los mensajes Urbi et orbi del papa.

Por caso, el comentado documento papal en el cual se critica el funcionamiento de la economía mundial y se pone en duda la efectividad de la llamada "teoría del derrame", esa que propugna que los gobiernos deben propiciar un crecimiento económico y disminuir las regulaciones, y que la riqueza de los sectores de altos ingresos se derramará al resto de la sociedad.

Para Cristina, cuya principal preocupación es que su "proyecto" continúe sin que se produzca un "retroceso noventista", esas opiniones del papa tienen el atractivo de coincidir con algunos puntos del "relato".

No en vano, en su anterior visita al Vaticano, Cristina aprovechó para decir "muchos deberían leerlo al papa, y no solamente venir a sacarse una foto con él".

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